Mimeógrafo

Política de muletillas

Espero no arruinar la fantasía de ningún patriota trasnochado al decir que el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, no es un genio. Acepto la carga prejuiciosa que acompaña una declaración de semejante calado. A nadie, más que a alguien sin escrúpulos, se le ocurriría imponer un techo de cristal a las posibilidades intelectuales de nuestro representante del Ejecutivo nacional. Pero insisto: Enrique Peña Nieto no es un genio. Retiemble en sus centros la tierra.

Como parte de los eventos conmemorativos por los ochenta años del Fondo de Cultura Económica, una de las editoriales de mayor prestigio en el mundo de habla hispana, Televisa realizará una serie de programas de entrevistas con personajes de relevancia para la vida pública mexicana. El programa inaugural, con la fastuosa presencia del presidente, seis periodistas (lejanos, pero cercanos), el director del FCE, José Carreño Carlón y su carpeta y un gigantesco candelabro, fue una demostración del triunfo de la forma por encima del lenguaje.

A quienes les dio por criticar el "pobre" desempeño de los seis entrevistadores (León Krauze, Ciro Gómez Leyva, Pablo Hiriart, Denisse Maerker, Pascal Beltrán del Río y una parte de Lily Téllez), una apabullante realidad debería obligarles a recapacitar: a pesar de la poca audacia de las preguntas, el Presidente se hizo bolas.

Incluso ante la ausencia de preguntas, cuando Peña se encontró solo ante el silencio de los demás, con el encuadre televisivo para sí y para nadie más, la cercanía del abismo fue demasiado imponente. Peña Nieto habla con el lenguaje ruinoso e inhumano de una novela distópica. Los "límites de su lenguaje", a la manera de Wittgenstein, son los límites de su universo. Muletillas, formas y protocolos.

Todavía hoy, aquellos seis participantes dedican parte de su tiempo en redes sociales y entrevistas para reivindicar el "ejercicio" (palabra que Beltrán del Río hace bien en cuestionar). ¿Pero exactamente por qué habrían que hacerlo? Y los críticos intransigentes, ¿qué estaban esperando?.