Mimeógrafo

Elenita o nada

Cuando una figura pública es de suficiente tamaño, digamos en el caso de un escritor, una presentación de libro nunca es solamente una presentación de libro. Cada nueva aparición se convierte en una nueva oportunidad para homenajearle, hacerle sentir la admiración (a veces demasiado ciega y desaforada) de un público que acumula a un par de generaciones y, para sus lectores, de escuchar la voz de alguien cuya experiencia siempre es enriquecedora.

Uno pensaría que hacer presentaciones en decenas de ciudades, pronunciar conferencias y otorgar entrevistas hace tender hacia el aburrimiento y la repetición. Pero si lo pensamos con detenimiento, cuando el personaje en cuestión es auténtico, nunca faltarán anécdotas, frases y expresiones que permanezcan frescas a pesar de la iteración itinerante de los compromisos editoriales.

Elena Poniatowska, periodista, escritora y archiconocida figura pública (algunos de nosotros no lo recordamos, pero incluso presentó su propio programa de televisión), hace de cada una de sus presentaciones una gigantesca demostración de cariño colectivo. En el penúltimo día de actividades de la Feria Nacional del Libro Infantil y Juvenil de Xalapa, en contra de apresurados pronósticos, el Salón de Actos de la Preparatoria Juárez en el centro de la capital veracruzana presentó, horas antes de iniciar la charla con la escritora, una inmensa fila de lectores entusiastas.

Lo que resulta sorprendente, y en algunos casos chocante, es que el entusiasmo de algunos suele confundirse y diluir a escritores, artistas, políticos o científicos en extraños personajes divinos. Aunque a Elena no le hacen falta méritos, y ciertamente tampoco lectores, el cariño que le ofrecen los admiradores es desbordante, así como la sala que no pudo convocar a todos aquellos que quisieron estar cerca de ella.

Uno se pregunta, en este tipo de eventos, lo que los escritores sienten en estos momentos. Cuando las preguntas no son preguntas sino elogios, y la atención a un libro de reciente publicación resulta secundaria, el trabajo de un creador tiene que conformarse con saber que, haga lo que haga, y diga lo que diga, la barrera impenetrable de admiración persistirá más allá de sus últimas demostraciones de oficio y talento. En última instancia, la búsqueda de cada uno, artista o no artista, siempre será recibir todo el tiempo el cariño de quienes nos quieren. Felicidades, Elena.