DE NEBLINAS Y DON GOYO

El tren mexicano-poblano, ¿Volverá a pasar…?

“Lo que no soy ni seré jamás, es ser traidor a mis convicciones, a mi clase, a mi pueblo y a mi patria, cualquiera que sean las circunstancias que la vida me depare”. - Demetrio Vallejo (“YO ACUSO”)”

A Trinidad Pineda Chiñas/

Demetrio Vallejo

A105 años de haber nacido: 6 de noviembre de 1910 y, a 30 años de haber fallecido, el 24 de diciembre de 1985, a celebrarse en este 2015, la figura y el ejemplo de Vallejo que, la Poniatowska inmortalizó con el nombre de Trinidad Pineda Chiñas, en una de sus novelas más recientes “El Tren Pasa Primero”; al narrarnos la vida, luchas y cuitas de Demetrio; hacen que este luchador social y político, siga siendo el referente principal y el ejemplo vigente para los ferrocarrileros en activo, pensionados o jubilados.

Por ello, Edmundo Traconis Sánchez, ferrocarrilero poblano, demócrata y ahora jubilado, recuerda la lucha que encabezó el oaxaqueño entre 1958 y 1959 en la que le acompañaron y aprendieron a combatir por sus derechos y por sus obligaciones. Traconis Sánchez, recuerda que ingresó a los Ferrocarriles Nacionales, a los 18 años el 10 de agosto de 1953 a la rama de talleres en la especialidad de albañiles auxiliares y limpiadores. “Al recién ingresado le hacía el famoso “caballo” como bautizo. Cuatro compañeros lo cargaban y otro se le montaba y lo “espueleaba” dándole con los talones ya sea en la espalda o en las nalgas. Todo se hacía con camaradería y sin abusos. La estación del interoceánico estaba ubicada entre las calles de la 11 y 19 Norte hasta la 2 y 6 Poniente. Dentro del área entraba la vía principal que era de entrada y salida. De manera adyacente, existían otras 5 vías más. Habían también jacalones para la reparación de góndolas plataformas, ‘cabooses’ y otras unidades”.

Los padres de Edmundo fueron Edmundo Traconis Luna y Evangelina Sánchez. Su padre tuvo una sastrería de gran fama llamada “La Tijera de Oro”, ubicada en Reforma entre las calles 5 y 7 Sur. Y su madre se dedicó a las labores del hogar. Él, se casó con Julieta y tuvieron tres hijos: Edmundo, Ma. Evangelina y Miguel Ángel.

“Dilaté como 15 años como “Extra”-recuerda Traconis-. Luego fui “Truquero”, arreglando ruedas con mancuernas. Laboré en la “Cobrería” y en la “Herrería”; en “Pintura” y “Pailería”. Finalmente, me quedé en la fundición. Después de más de 15 años me asignaron la planta como “Ayudante Moldeador”. Posteriormente, ascendí a “Moldeador B”. Trabajo laborioso pero muy agradable”. “Carecíamos de equipos de protección por lo que sufríamos de quemaduras y lastimaduras. Por el ejemplo de Vallejo, cuando fui representante de la especialidad y por la comprensión que tuve de la Sección 20 de Orizaba, durante mi gestión, logré que la empresa nos diera polainas, guantes, cascos, gafas y lentes oscuros. Todos estos logros fueron en beneficio de mis compañeros y de mi sección”.

“Según mi suegro y otros viejos ferrocarrileros, el conductor siempre andaba pulcramente vestido de azul; igualmente el fogonero y el maquinista siempre andaban con su pantalón de peto, yompa y gorra azul; paliacate rojo bien almidonado; zapatos de una pieza y el reloj reglamentario al punto, orgullo del ferrocarrilero”.

“También por las conversaciones con los viejos ferrocarrileros”, vuelve a recordar Edmundo Traconis, “Puebla quedó enlazada a la ruta principal con un tramo que, se abrió al tránsito el 21 de enero de 1867 y se concluyó hasta Veracruz el 20 de diciembre de 1872, fue inaugurada, oficialmente el 1º de enero de 1873”.

“También, en esta era de inicio del transporte ferroviario Edmundo ha compilado las cifras y datos de Gresman, de 1975, “Según Ortiz Hernán, en 1872, existían 26 locomotoras de las que 17 eran inglesas, 4 estadounidenses, 3 francesas y 2 Belgas”.

Apoyando lo anterior, la SEP-Culturas Populares menciona: “El ferrocarril apareció, por tanto, como la expresión más acabada del progreso, se le atribuyó, inclusive, una virtud casi mágica pues “en el penacho de humo de las locomotoras de vapor, los indígenas veían la sorprendente bandera de sus dioses pregonando la combustión de su poderío cosmogónico” (Gómez: 1979). “Fue fuerte el impacto emocional y el cambio económico local y en las diversas esferas de la actividad social; de alguna manera u otra, la población quedó ligada al ferrocarril; es Puebla, por tanto, con añeja tradición ferrocarrilera” (“Yo soy rielero…”, SEP, Dirección General de Culturas Populares, Unidad Regional Puebla, Noviembre 1988).

Y, recordando a Vallejo, Edmundo Traconis Sánchez, nos recuerda lo que Demetrio decía: “Tuve hambre y frío, sentí que ningún fuego, ningún abrazo me calentarían pero si sé que sí un solo hombre lucha y no se deja morir, la vida vale la pena…”