DE NEBLINAS Y DON GOYO

Con padre poblano: Joan Baez y Bob Dylan

En 1963, Joan Báez subió a Bob Dylan al escenario. Ambos formaron una de las parejas más reconocidas de la época.

Nuestra cultura individual y de grupo, tienen como cimentación principal la “educación para toda la vida”. El aprender a aprender, a hacer, a convivir y, finalmente el aprender a ser, son el tesoro que encierra el proceso educativo para el género humano, en términos de la Unesco y de Jacques Delorsque, nos permite la libertad, la justicia, la fraternidad y la democracia.

Cuando estamos en las diversas etapas de esos aprendizajes, algunos toman preponderancia: junto al aprender a aprender, el aprender a convivir se presentan y perfilan, simultáneamente, en nuestra vida cotidiana. Esto es, desde niños, adolescentes y jóvenes nos relacionamos con los otros: familia, amistades, vecinos, profesores, condiscípulos e inclusive con el entorno, la naturaleza, las costumbres, las normas, y los líderes-un largo etc.-e inclusive a un progresivo encuentro con nosotros mismos. Así, en mi caso al llegar al DF a continuar mis estudios, cambió totalmente mi contexto en ese proceso educativo-formativo.

Los aprendizajes fueron múltiples y, se fueron dando en todos las expresiones de mi devenir. Entre ellas, la convivencia con mis compañeros de la carrera de comunicación y profesores. Desde la historia de la cultura, la literatura, la lingüística y la filosofía  nos subrayaron especialmente a la poesía y a la novela. Los gustos musicales, vinieron de gente como Chagoya, Gamboa, Del Olmo, Charlie, Ramón, “Archie”, Leopoldo, Constantiner, Jorge Valdés, César, Castañón y Jorge Castañeda.

En particular, Jorge Castañeda nos invitaba a Ma. Emilia, a Alvarado y a mí a oír en buen aparato -junto a su piano-, a Pink Floyd y a Chicago. Un día, sólo me invitó a Mí a escuchar a Joan Baez y a Bob Dylan, asegurándome él que me iban a agradar mucho.

Me hizo apreciar la calidad poética de sus letras. La originalidad de sus arreglos musicales y la singular interpretación de ambos poetas-músicos. Y, de ahí Bob Dylan y Joan Baez, se entrometieron, para siempre, en mis aprendizajes y en mi vida.

“Albert Vinicio Báez (Puebla, México, 1912 - Redwood City, California, USA, 20 de marzo de 2007) fue un científico mexicano nacionalizado estadounidense con doctorado en filosofía. Es además, el padre de la artista y cantante Joan Baez(…)el doctor Baez decidió promover la mejora en la calidad de vida de los países en vías de desarrollo, dedicándose específicamente a México y dirigiendo la ONG Vivamos Mejor mediante la cual se realizaban acciones para el desarrollo científico de América Latina(…)Entre los reconocimientos por su humanismo, figuran los de su hija Joan en su libro autobiográfico And a voice to sing with: Nunca tuvimos las cosas bonitas e inútiles que todas las niñas quieren. Pero en su lugar tuvimos un padre con la conciencia limpia: la decencia fue su legado para nosotras, escribió Joan” (Wikipedia:2016).

La relación y los aprendizajes de Joan Baez y Bob Dylan. Nos dice Ángela Bernardo:

“(…)Dylan no habría llegado donde está hoy sino fuera por alguien que le descubrió cuando aún era un diamante en bruto. Un diamante que el paso del tiempo y sus composiciones se encargaron de pulir. En los años sesenta, cuando el hoy Premio Nobel de Literatura era un completo desconocido, una cantante adivinó su potencial y le mostró el camino al estrellato. Esa mujer era Joan Báez, una de las intérpretes folk más destacadas de la época, que le abrió las puertas de sus primeros conciertos en Nueva York y Nueva Inglaterra.

En 1963, Joan Báez aupó a Bob Dylan al escenario. Ambos formaron una de las parejas más reconocidas de la época. El dúo Báez-Dylan, más allá de la relación personal que mantuvieron, simbolizó a la perfección la canción protesta. Eran los tiempos de las marchas por los derechos civiles que reclamaba Martin Luther King. De los conciertos organizados por Amnistía Internacional. De la lucha contra la guerra de Vietnam. Las imágenes en blanco y negro de aquellas manifestaciones nos devuelven a unos jovencísimos Joan Báez y Bob Dylan. Ella, con su voz portentosa que aún conserva. Él, con la timidez de quien acaba de echar a volar.

(…)Y es que tras el salto a los escenarios, Bob Dylan compuso temas como Blowing in the Wind (1963) o Mr. Tambourine Man (1964), canciones que, sin ningún género de dudas, marcaron una época.

(…)Ni Joan Báez podría entenderse sin Dylan, ni el músico se explicaría sin su descubridora. Dos historias paralelas, complejas y poliédricas, como tantas en la vida, de las que surgieron algunas de las mejores canciones de la historia” (Hipertextual. Bernardo, A.; 13 de octubre de 2016).

Por su parte, Arturo Souto, afirma: “La poesía más que idea, es ritmo e imagen. Se piensa inclusive que la obra poética es en realidad un ritmo interior sobre el cual, al exteriorizarse, van cristalizando las palabras. Estas no serían sino agregados, escarcha”.