DE NEBLINAS Y DON GOYO

El 5 de mayo o el orgullo de ser poblanos…

En toda la república mexicana, nos sentimos orgullosos de ser bajacalifornianos, nuevoleoneses, yucatecos, oaxaqueños, sonorenses, chiapanecos, jaliscienses, guerrerenses, chihuahuenses, tamaulipecos, veracruzanos o coahuilenses y así, de y por todas las demás entidades y regiones del país. Algunos, por haber tenido malos gobiernos, dictatoriales o de vergüenza, es que nos hemos sentido a veces, en la orfandad o aplastados, manipulados, sumidos en la ignorancia o en el pan y circo. Y, también en las guerras civiles nacionales el haber sido coptados, por los grupos liberales o conservadores, federales o del pueblo, cristeros o gobiernistas nos hemos alejado de la unión en una sola patria y de sentirnos cabalmente mexicanos, en toda la extensión de esta bellísima, categórica y vivificante palabra.

Por ello, nosotros los poblanos y ciudadanos de otros estados, hemos padecido momentos históricos difíciles en más de una ocasión. E igualmente, ante ellos, el haber protagonizado gestas. batallas y momentos heroicos y victoriosos, nos da a los poblanos y a las poblanas -y lo mismo a los connacionales de otras zonas geográficas- el orgullo de tener esa condición, a mucha honra y con el contexto de humildad (sin adoptar posiciones y espíritus fascistas-nazistas y de regionalismos y nacionalismos trasnochados) y así,  se nos concede el de aceptar, de una manera ordinaria y con sencillez nuestro destino manifiesto: el de poder ser, orgullosamente, poblanas y poblanos, y por ende, mexicanas y mexicanos.

Esta reflexión y posición se sustenta en las luchas y acciones ordinarias en la vida cotidiana de nuestros habitantes. De sus culturas, tradiciones, aportaciones, creaciones y el de compartir con los demás ciudadanos esos avances que nos han permitido ser mejores, felices y solidarios. Pero junto a este accionar diario y cotidiano, también existen los hechos históricos que, los poblanos unidos en mayoría, hemos podido vencer a las fuerzas extranjeras, imperialistas e intervencionistas que nos han pretendido sojuzgar y esclavizar Y, el estar al servicio y agachamiento de otras banderas y con otros suelos. Y en esas realidades de la historia, se inscriben la Batalla del 5 de mayo de 1862 y el Sitio de Puebla de 1863.

Escribí: “Las armas nacionales, C. Ministro, se han cubierto de gloria y por ello felicito al primer magistrado de la república por el digno conducto de ud., en el concepto de que puedo afirmar con orgullo que ni un solo momento volvió la espalda al enemigo, el ejército mexicano, durante la larga lucha que sostuvo(…) indicaré a ud., por último, que al mismo tiempo de estar preparando la defensa del honor nacional, tuve la necesidad de mandar a las brigadas O`Horán y Carbajal a batir a los facciosos que en número considerable se hallaban en Atlixco y en Izúcar de Matamoros, cuya circunstancia acaso libró al enemigo extranjero de una derrota completa, y al pequeño cuerpo del ejército de Oriente de una victoria que habría inmortalizado su nombre”.

“Al rendir el parte de la gloriosa jornada del día 5 de este mes, adjunto el expediente respectivo en que constan los pormenores y detalles expresados por los jefes que a ella concurrieron.

Libertad y Reforma. Cuartel General en Puebla, a 9 de mayo de 1862. –I. Zaragoza- C. Ministro de la Guerra-México” (Bacre, P.V. “La vigencia de los Tres Juanes de la Sierra”, Milenio-Puebla, 3 de mayo de 2011).

La soberbia y petulancia de los invasores, hizo que Fernando Latrille, general jefe de los franceses, en comunicado enviado a Francia, expresara: “Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidad que le ruego anunciarle a su majestad imperial, Napoleón III que a partir de este momento y al mando de nuestros 6 mil valientes soldados, ya soy dueño de México”.

La respuesta estuvo en la actitud, valor, patriotismo, entrega y solidaridad del ejército de Oriente al mando del general Ignacio Zaragoza y de los poblanos Miguel Negrete, Tomás Segura, Juan N. Méndez, Juan Crisóstomo Bonilla, Juan Francisco Lucas y Agustín Dieguillo.

A 153 años de la victoria del 5 de mayo y de, 152 años del H. Sitio de Puebla, la interiorización y aprendizaje que hemos hecho de ellas los mexicanos en general, hacen que en los aniversarios de ambas se hayan vuelto una de las fiestas y celebraciones más sonadas, festejadas y aclamadas tanto en territorio nacional como más allá de nuestras fronteras, sobre todo en los migrantes y nacidos en los Estados Unidos. Y en mucho se debe, ya,  al orgullo de ser poblanos…