DE NEBLINAS Y DON GOYO

Vicente Leñero

Ahora, Julio Scherer, nos preocupa, por su estado delicado de salud. Enrique Maza, nos duele, por su gravedad física. Y Vicente Leñero, nos entristece, con su muerte.  Con respeto y firmeza, considero que ellos han sido los tres últimos mosqueteros y los tres grandes adalides del periodismo iberoamericano: Excélsior, Revista de Revistas y Proceso los unió, los hermanó y los probó, cotidianamente, en el oficio periodístico crítico, veraz, independiente y comprometido con las mejores causas, banderas, luchas y afanes de todas y de todos los mexicanos.

Días antes del 30 de mayo de 1994, fecha en que recibiría la décima y última edición del Premio Nacional de Periodismo a la Trayectoria Periodística “Manuel Buendía”,  Vicente Leñero, teniendo como sede a la Universidad de Guadalajara,  estuve a informarle y a conversar con él. Llegué a la casa de Leñero en San Pedro De Los Pinos, Vicente me obsequió un café y, hablamos un poco de todo, principalmente de Proceso, de D. Julio, del padre Maza, de Froylán, de Rafael y de Carlos (junto con Elenita Guerra y Ángeles Morales) y de otros colaboradores, insustituibles, según Él en la vida y desarrollo de la Casa Periodística a la que entregaban su vida y pasión: Excélsior-Revista de Revista-Proceso. Nos fuimos en el mismo vuelo al evento, por coincidencia y gran gusto.(Ello, me recordó la suerte que he tenido: cuando Poniatowska fue premiada en Culiacán, Sin., en 1987-junto con Miguel Ángel Granados Chapa-, estuvimos, Elena y yo,  “varados” más de cinco horas en el aeropuerto de la ciudad de México antes de que saliera nuestro vuelo a Sinaloa. Fue una experiencia inolvidable el estar con ella disfrutando de su plática, risas, atenciones y de su generosidad y de su ternura).

Estos son, algunos fragmentos del Texto que Vicente Leñero, el periodista, cerró con broche de oro la existencia, trayectoria y trascendencia del premio “Manuel Buendía” con sede en la UdeG, quien conjuntamente con otras universidades y diversos organismos han creado e impulsado el actual Premio Nacional de Periodismo de la Sociedad Civil. Gracias, entre otros periodistas, a Vicente Leñero.

Dijo Leñero: “El periodismo es trabajo sinfónico de equipo, es la búsqueda necia, emprendida entre todos los que forman un grupo, por desatar los nudos del mundo que vivimos. No es tarea individual, ni jamás el desplante inspirado que produce de pronto una obra redonda –como sucede a veces en el arte– para ponerse luego a dormir en laureles. Tampoco es cosa de sentarse a afinar durante meses un trabajo reporteril: a pulirlo y acabarlo hasta el punto final que nos entrega a la satisfacción o al sueño de que ahí quedó fijado para siempre. ¡Qué va!

El quehacer periodístico es talacha de urgencias, neurosis de presente, pasión por el instante que nos parece eterno a la hora de dar con la noticia y atrapar el secreto de un gran descubrimiento, pero que se diluye pronto, apenas lo entregamos a la voracidad de esa vida que nunca se detiene y que se traga todo: los hechos, las palabras de un hombre entrevistado, el llanto por un grande que se muere, la situación insólita de ahorita que mañana ya a nadie le sorprende” (…).

“(…) , el periodismo es trabajo sinfónico de equipo, es causa colectiva de quienes juntos intentan escarbar más a fondo, más a fondo, las entrañas hondísimas, sensacionales siempre, de nuestra oscura realidad.
Eso quiero decir, entre obviedades y reiteraciones, hoy que me fuerzo a recibir en mi Guadalajara un distintivo que me rebasa en todo lo que soy. La vida me obligó a ser periodista, y el periodismo me entregó una vida que comparto entre todos los que hacen más vida esta vida que vivo: mi mujer y mis hijas, mis compañeros amigos de trabajo y mi jefe: más hermano que jefe, pero ni modo: corazón de mi pequeña historia periodística” (Texto completo en Proceso 1988, pág. 18). 

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