DE NEBLINAS Y DON GOYO

Rafael Martínez de la Torre

A Alfieri Gómez Parra y familia

La unidad del Totonacapan se manifiesta, principalmente en lo histórico, cultural, geográfico, económico, educativo y social. En parte de sus jirones de Puebla y de Veracruz se comprueba esta afirmación al referirnos a Teziutlán-Mexcalcuautla, como uno de sus ejes; pasando por Tlapacoyan-Filobobos, Martínez de la Torre, San Rafael-El Pital, Tecolutla-Gutiérrez Zamora; y Papantla-El Tajín-Poza Rica como el otro eje que circunscribe esta subregión.

Ejemplifica, en detalle, un hecho histórico-cultural como lo es la figura de Rafael Martínez de la Torre. Nace en Teziutlán, tiene propiedades en Tlapacoyan, en los ahora Martínez y San Rafael y, estudia en Puebla y el Distrito Federal donde terminando la abogacía, ejerce su profesión, la política y los bienes raíces. Pero su génesis: con su misma existencia su formación básica familiar y de principios y valores, los efectúa en el Totonacapan.

Dice Luis Audirac: “nació en la ciudad de Teziutlán, Puebla en abril de 1828, y fue hijo de Francisco Martínez y de María Ignacia de la Torre. En 1838 comenzó sus estudios en el Seminario Conciliar, los continúa en el Colegio de San Ildefonso, hizo su práctica al lado del distinguido jurisconsulto don José María Cuevas y fue graduado de licenciado en 1849”.

“La delicadeza de sus prendas morales, la excelencia de sus dotes intelectuales, la elegancia de sus cualidades físicas y la variedad de sus profundos conocimientos que adquirió hicieron de él un orador eximio. En 1867, en unión del ilustre ciudadano Mariano Riva Palacio, hizo la defensa de Maximiliano. En 1869 fue elegido por primera vez diputado al Congreso de la Unión. Y debido a su actuación honesta, acertada y benéfica, mereció ser reelegido para los periodos posteriores, hasta su muerte”.

“Fue miembro de todas las asociaciones científicas, literarias, de beneficencia y de mejoras materiales, y en todas ellas promovió y procuró el mayor bien y el mayor progreso. Prestó servicios eminentes al Conservatorio Nacional, y ayudó con palabras de aliento y a las veces pecuniariamente a los estudiantes que lo necesitaron. La muerte lo sorprendió en noviembre de 1876”. (Audirac, L. Teziutlán Apuntes Geográficos-Históricos, México, 1959).

En los asentamientos totonacas de 1567, los españoles establecieron una comunidad a la que llamaron “Los Llanos de Almería”. Posteriormente 1880, varias poblaciones la fragmentaron. Rafael Martínez de la Torre, recibió en donación, por María de la Serna heredera de Guadalupe Victoria, la hacienda de “El Jobo” en Tlapacoyan, misma que de tener más de 5 mil hectáreas fue, progresivamente, fragmentada y vendida a varios propietarios, españoles, criollos y mestizos hasta quedar sólo el caso de la hacienda y pocas áreas.

Paralelamente, junto al Vado del río “Bobos”, Martínez de la Torre, estableció otra hacienda llamada “Paso de Novillos”. Por visión futurista y el de que sus principales actividades las tenía en la ciudad de México, decidió donar (no sabemos si recibió algunas retribuciones monetarias por ello) las extensiones de terrenos para establecer y construir las poblaciones, llamadas en su honor, Martínez de la Torre (el ingeniero Pedro Belli, diseño el trazo urbano como colaborador de Martínez de la Torre), y San Rafael, ambas focalizadas en el Totonacapan del estado de Veracruz, donde actualmente se encuentran y son dos de los más pujantes, dinámicos e importantes municipios de la entidad-por extensión-jarocha (de los municipios veracruzanos, San Rafael fue, hace pocos años, el último en constituirse). Puebla y Veracruz (corazones del Totonacapan) están hermanadas.

Rafael Martínez de la Torre adquirió terrenos en el centro y norte de la ciudad de México donde, con el recuerdo presente y vivo de Martínez de la Torre y San Rafael, construyó Buenavista y la Colonia Guerrero en el Distrito Federal. Fue regidor de la ciudad de México y diputado al Congreso de la Unión, por cerca de 20 años. De 1955 a 1974. Conservador, pero abierto a las ideas y acontecimientos. Honesto, de donde se comprende su permanente reelección. Visionario, generoso y humanista.

En mucho, y sin pecar de trastornado chouvinismo, Rafael Martínez de la Torre, sintetiza al mexicano participativo y comprometido, así como al representante histórico, cultural, geográfico, económico y social del Totonacapan poblano-veracruzano por antonomasia y, para satisfacción del propio enclave regional.