DE NEBLINAS Y DON GOYO

Nicolás Reyes Alegre

A Humberto León, “La Yegüa”

Ayer, martes 11 de junio del 2014, Ana Victoria Fireléis Reyes Ruiz, médica egresada de la UAP y, actualmente responsable de los servicios médicos del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec, de la capital poblana y, uno de los amores consentidos de su padre, Nicolás Reyes Alegre, recordó lo que le dijo el profe Nico -como casi todos le decíamos-, durante las muchas etapas de su vida: “Nunca te fíes del todo de las amigas y de los amigos. Cuando quieras un consejo u opinión o el aprender algo; los únicos que no te van a defraudar o a engañar y que siempre te van a decir la verdad, son los libros. Ellos, siempre serán tus mejores amigos”.

Sus otros amores más cercanos: sus padres y hermanos; su esposa Rosaura Ruiz Sierra, nacida en el DF, con quien contrae nupcias en Santa Clara de Puebla capital. Y sus otros hijos: Zaira Reyes Ruiz, Cosme César Reyes Ruiz y Nicolás Reyes Ruiz. Sus otros grandes amores lo fueron la poesía, la música y el componer, interpretar y escribir canciones. Fabiola Méndez, fue una de sus mejores intérpretes. Tocaba varios instrumentos: guitarra, mandolina, acordeón, marimba, piano, salterio, flauta, contrabajo y violín. No tenía mala voz.

Cuando nos dio clases de literatura e historia en la Escuela Secundaria Federal “Antonio Audirac”, al llegar el primer día de clases nos hacía escribir las estrofas principales, las que cantábamos, de nuestro Himno Nacional y, como deducirán, casi nadie o nadie lo lograba hacer bien. Sus asignaturas, eran el abasto espiritual y la motivación intelectual sobre el mundo, obras y autores literarios y sobre los hechos históricos con una nueva actitud crítica y a cuestionar que, nos fomentó -lo recuerdas bien ¿Juan Bustillos?-.

Nicolás Reyes Alegre, nació en Perote, Veracruz, el 8 de septiembre de 1921. Falleció en Puebla, Puebla, el 19 de septiembre de 1990. Estudió la carrera de profesor normalista en el Benemérito Instituto Normal del estado de Puebla. En la especialidad de Literatura Española, Mexicana y Universal. Fue director del Centro Escolar presidente Manuel Ávila Camacho, CEPMAC. Catedrático en la ESFAA y EPFAA de Teziutlán, Puebla. Profesor en la Escuela Secundaria “Lázaro Cárdenas” de Puebla, Pue., Supervisor de Escuelas Secundarias Oficiales y por Cooperación de la Zona 001. A los 15 años compone “El soneto al Mayate”. Primer lugar en Juegos Florales de la BUAP. Primer lugar en los Juegos Florales de Cholula, Pue., Primer lugar en los Juegos Florales de Saltillo, Coah., Primer lugar Flor Natural en los Juegos Florales de Sabinas, Nuevo León, Premio “Quetzalcóatl” de la Universidad de las Américas. Carta Constitutiva y Llaves de la ciudad de Perote, Ver., Medalla y Carta de “Honor al Mérito Civil”, ayuntamiento de Puebla. El Ateneo de Puebla, le entrega “Tiempo y Espacio”. Trofeo y distinción entregados por Alfredo Toxqui Fernández de Lara por su canción “Soy Poblano ¿y Qué?”.

Compuso Himnos 7 Centros Escolares e Himnos a Escuelas Secundarias (entre ellas, a la ESFAA). Escribió más de 30 canciones. Presidente municipal de Teziutlán, Pue., Inspector de Segunda Enseñanza Zona 001 en la ciudad de Puebla. Presidente del Ateneo en Puebla. Y asesor cultural y educativo de la XEFJ de Teziutlán, Pue.

Y, Ana Victoria Fireléis Reyes Ruiz, vivifica el recuerdo de su padre Nicolás Reyes Alegre al traer a colación otra de sus máximas que le compartió: “Recuerda siempre que la vida se vive, luchando; y que, la muerte y la trascendencia se conquistan, viviendo”.

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Mañana, jueves 12 de junio de 2014, es el Día Mundial del Futbol. Hace 44 años, se efectúo el noveno campeonato mundial de futbol México 1970. “Participaron 16 países: 9 europeos, 5 americanos e Israel y Marruecos(…) Imágenes de la Copa del 70: la estampa de Beckenbauer, con un brazo atado, batiéndose hasta el último minuto; fervor de Tostao, recién operado de un ojo y aguantándose todos los partidos; las volanderías de Pelé en su último mundial: “Saltamos juntos”, contó Burgnich, el defensa italiano que lo marcaba, “pero cuando volví a tierra, ví que Pelé se mantenía suspendido en la altura”(…)En la final, Brasil apabulló a Italia 4 a 1. La prensa inglesa comentó: “Debería estar prohibido un futbol tan bello”. El último gol se recuerda de pié: la pelota pasó por todo Brasil, la tocaron los once, y por fin Pelé la puso en bandeja, sin mirar, para que rematara Carlos Alberto, que venía en tromba (…) Campeón invicto por tercera vez, Brasil se quedó con la Copa Rimet en propiedad” (Galeano, E. El futbol a sol y sombra, Red P/L@, Córdoba, junio, 2002).