DE NEBLINAS Y DON GOYO

Monseñor Óscar Romero

Hidalgo y Morelos en México; José Matías Delgado, en El Salvador (antecedente de Óscar Romero); Camilo Enríquez y Antonio Orihuela, en Chile; Ignacio Mariño, Pablo Lobatón, José Joaquín Escobar y Andrés Rosillo, en Colombia; José Antonio Medina e Ildefonso de las Muñecas, en Bolivia; Sulpica Haya y Phillipe, en Haití; Francisco Javier Luna Pizarro, en Perú;  y José Pérez Castellanos, Juan José Ortíz y Benito Lamas, en Uruguay, fueron de los principales sacerdotes y curas que participaron en las luchas de independencia y libertad en varios de los países latinoamericanos.

Hoy, en la América Latina, el salvadoreño Monseñor Óscar Romero, beatificado por el Papa Francisco I, ante una plaza rebosante y emocionada con la presencia de más de 300 mil connacionales, recibió el homenaje y las oraciones de un pueblo que ha sido desangrado por dictaduras militares rapaces, burguesías locales explotadoras, transnacionales y empresas saqueadoras, así como por  gobiernos criollos y extranjeros (principalmente estadounidenses) vende patrias y grupos financieros intervencionistas,  y que con este filial y catecuménico acto del Papa de “una Iglesia pobre y para los Pobres”, el jesuita argentino Jorge Mario Bergoglioha devuelto a los salvadoreños la fe, la esperanza, el consuelo y confianza de que, con la nueva intermediación y guía del ahora beato y, pronto en aras de santidad, su obispo Óscar Romero, les motive a dejar las luchas sangrientas y sangrantes que han victimado a más de 100 mil de ellos. Y que, la Paz, la Justicia,  la Libertad, el Diálogo, los Derechos Humanos, la Democracia y el Desarrollo Humano, alcance a todos los salvadoreños. Que Dios, Francisco I y el beato Monseñor Óscar Romero, los ilumine…

Nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, departamento de San Miguel. En 1930, a la edad de 13 años, ingresó al seminario menor de la misma ciudad. (…)Posteriormente, en 1937 ingresó al Seminario de San José de la Montaña. Ese mismo año, viajó a Roma donde continuó sus estudios de teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Vivió en el Colegio Pío Latinoamericano, hasta que llegó a ser ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 a la edad de 24 años. En Roma fue alumno de monseñor Giovanni Batista Montini (futuro Papa Pablo VI).

Regresó a El Salvador en 1943. Nombrado párroco de la ciudad de Anamorós.(…)El 3 de febrero de 1977, fue nombrado por el Papa Pablo VI como Arzobispo de San Salvador, para suceder a monseñor Luis Chávez y González(…)El 22 de febrero, Mons. Romero tomó posesión del cargo de Arzobispo de San Salvador(…)Durante los tres años siguientes, sus homilías, transmitidas por la radio YSAX, denunciaban la violencia tanto del gobierno militar como de los grupos armados. Señaló varios hechos violentos como los asesinatos cometidos por escuadrones de la muerte y la desaparición forzada de personas, cometida por los cuerpos de seguridad(…)El 2 de febrero de 1980, la Universidad Católica de Lovaina distinguió a Romero con el doctorado honoris causa como reconocimiento en su lucha en defensa de los derechos humanos. Romero pronunció un discurso considerado como su testamento profético:

[...] Las mayorías pobres de nuestro país son oprimidas y reprimidas cotidianamente por las estructuras económicas y políticas de nuestro país(…)Existen entre nosotros los que venden el justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil[...]Es, pues, un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años(…)No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado a cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres. De nuevo son los pobres lo que nos hacen comprender lo que realmente ha ocurrido. Y por ello la Iglesia ha entendido la persecución desde los pobres. La persecución ha sido ocasionada por la defensa de los pobres y no es otra cosa que cargar con el destino de los pobres. [...]El mundo de los pobres con características sociales y políticas bien concretas, nos enseña dónde debe encarnarse la Iglesia para evitar la falsa universalización que termina siempre en convivencia con los poderosos. El mundo de los pobres nos enseña cómo ha de ser el amor cristiano, que busca ciertamente la paz, pero desenmascara el falso pacifismo, la resignación y la inactividad; que debe ser ciertamente gratuito pero debe buscar la eficacia histórica. El mundo de los pobres nos enseña que la sublimidad del amor cristiano debe pasar por la imperante necesidad de la justicia para las mayorías y no debe rehuir la lucha honrada. El mundo de los pobres nos enseña que la liberación llegará no sólo cuando los pobres no sean puros destinatarios de los beneficios de gobiernos o de la misma Iglesia, sino actores y protagonistas ellos mismos de su lucha y de su liberación desenmascarando así la raíz última de falsos paternalismos aun eclesiales. Y también el mundo real de los pobres nos enseña de qué se trata la esperanza cristiana”.