DE NEBLINAS Y DON GOYO

Miguel Ramos Arizpe

A Raymundo García García

El llamado “Padre del Federalismo Mexicano”, murió en la ciudad de Puebla, a los 68 años, el 28 de abril de 1843. Fue sepultado en su Catedral, a la que sirvió unos años como Dean y Chantre (eran dignatarios eclesiásticos con funciones administrativas y ceremoniales; también, cantores y dirigentes en las liturgias y actos ceremoniales relevantes y llevaban la batuta cantoral y ritual, como complemento).
En estos tiempos de ausencias federalistas y de carencias de conductas republicanas en las mayorías de los cuerpos legislativos, empezando por el Congreso de la Unión, el cual ha sido cooptado por los nuevos conservadores-centralistas, del partido en el poder utilizándose, mutuamente, con la derecha históricamente manifiesta, heredera de los Miramones, Hasburgos, Mejías, Lorenzos, Santa Anas, Porfirios y ahora abrazados por los yunques, fuas, y calderonistas-maderistas.
Ambas dirigencias de esas fuerzas reaccionarias y entreguistas que han vuelto a asumir su papel de servidores al extranjeros y sus transnacionales, a sus grupos financieros; a vender,entregar y ofrecer a un nuevo imperio, disfrazado de inversiones y capitales (que vendrán envueltos en papeles de pobreza, explotación, destrucción ambiental y ecológica-léase minería y aguas-, como lo han sido los 20 años de TLC; en paquetes navideños y de año nuevo arreglados y disfrazados con propaganda y publicidad, machacona, mentirosa y demagógica, orquestados por estos nuevos conservadores, viejos salinistas y siempre apátridas).
En este triste panorama, donde muchos de los Congresos Estatales remedan y observan conductas y funcionamientos parecidos, la ausencia de una figura de los tamaños y significancia como la de José Miguel Ramos Arizpe, prócer del federalismo, toma cabal relevancia. Nació en San Nicolás de la Capellanía, hoy Ramos Arizpe, Coah. El 15 de febrero de 1775. Fueron sus padres, Ignacio Ramos de Aguillón y Dña. María de Arizpe. Fue diputado constituyente por Puebla, en 1842.
Según el diputado de la LIV Legislatura del Congreso de la Unión,  José Trinidad Lanz Cárdenas, “Su  trascendente paso por la vida política puede señalarse en tres etapas, importante cada una de ellas, aunque hubiera bastado una sola para marcar su relevancia personal en nuestra historia. La primera, su principal papel parlamentario en las Cortes de Cádiz y la expedición de la Constitución Política de la Monarquía Española de 1812, La segunda, su destacada intervención en el Segundo Congreso Constituyente Mexicano de 1823-1824 y la expedición de importantes documentos tales como el Acta Constitutiva de la Nación Mexicana, aprobada el 31 de enero de 1824; y la Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos del 5 de octubre de 1824. Y la tercera, su integración como Ministro de Justicia, de Negocios Eclesiásticos y de Hacienda en los gabinetes de los primeros presidentes de la República Mexicana, Guadalupe Victoria y Manuel Gómez Pedraza, entre 1825-1828 y 1832-1833, respectivamente” (Lanz, C.J.T. Prócer del Federalismo Miguel Ramos Arizpe, H. Cámara de Diputados, LIV Legislatura, 1990).
En esa misma línea de reflexión, pensamiento y de acción, tan urgente en estos tiempos y momentos donde la mayoría de legisladores, diputados y senadores no sólo le han dado la espalda al pueblo de México, a sus instituciones, y posibilidades de crecimiento, de desarrollo, de progreso, de empleos, de equidad, de justicia social, de avances democráticos y de reafirmar su independencia, libertad y razón de ser, republicano y liberal; sino se negaron a ser los salvaguardas y guías de su destino como País y Nación, al haber aprobado las contra-reformas que lo destruirán.
 Luis Villoro, enriquece y actualiza  la visión de Ramos Arizpe: “El republicanismo moderno aparece en un contexto del todo diferente al de las comunidades premodernas (…) La virtud republicana es, antes que nada, el patriotismo (…) En México, es la ideología de la patria restaurada. En todos los casos el bien común que debe prevalecer sobre los intereses privados es el de una entidad por construir: el Estado que coincide con una nación unificada (…) Las virtudes que se ensalzan en el ciudadano republicano, la frugalidad, el amor a la igualdad y a la justicia, el compromiso con la suerte de los demás, el desinterés personal, son los que deberían ser propias de cualquier miembro de la patria común, son las virtudes por antonomasia del ciudadano(…) es el sujeto que comparte con todos los demás una cualidad común: ser un miembro, igual a cualquier otro, de un Estado-Nación. Las obligaciones que condicionan sus derechos son deberes ante la patria común, a ellas deben plegarse sus obligaciones ante las diferentes comunidades a las que pertenezca” (Villoro, L. Perspectivas de la democracia en México, El Colegio Nacional, México, 2001).
Y, para cerrar estos apuntes de reclamo histórico, Villoro apunta: “México ha dado un gran paso para desterrar prácticas autoritarias y corruptas(…) Porque la democracia es mucho más (…) Significa poder real del pueblo, del que nadie puede ser excluido. Participación equitativa en el poder, no exclusión de ninguna persona o grupo son los únicos fines que justifican la democracia…” (Ibid).