DE NEBLINAS Y DON GOYO

María Joaquina Armenta Urbano

Ante las críticas que, de manera pública le hiciera el Obispo de Puebla, Manuel Fernández de Santa Cruz, (diciendo que “dejara de dedicarse a las humanas letras y se dedicase en cambio a las divinas”) a principios de la década de 1690, bajo el pseudónimo de Sor Filotea y bajo el título de Carta Atenagórica a Sor Juana Inés de la Cruz (Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana), por los comentarios también críticos que la religiosa de San Miguel Nepantla había realizado-de manera privada-, sobre un sermón del jesuita Antonio Vieira, hizo que la monja las respondiera y  le contestara a Fernández de Santa Cruz. Respuesta a Sor Filotea, fue su enérgico escrito. En él, la llamada Décima Musa Mexicana, hace una sólida y argumentada defensa del trabajo intelectual y humano de la mujer y una exigencia de respetar y de aceptar los derechos de las mujeres a la educación y a la cultura. Como vemos, el machismo, autoritarismo y la violencia ante las mujeres en México ha sido endémico, histórico y permanente, por parte de muchos hombres sin importar su condición, estatus o profesión.

Y, ante esta triste realidad histórica  y cultural en nuestro país y en Puebla, igualmente Doña María Joaquina Armenta Urbano -como Sor Juana- la padeció y, al mismo tiempo, la tuvo como acicate, reto y como puya para combatirla y vencerla y, en el ahora, “el poder dar gracias a Dios y a la Vida”.

María Joaquina nació en el antiguo poblado de San Juan de los Llanos, hoy Libres, Pue. (Hueytlalli=Tierra grande). Tuvo 10 hijos. Los primeros 8: Araceli, Alfonso, Arminda, Arturo, Armando, Alicia, Abelardo y Adolfo; los tuvo con un mal hombre que superó a Fernández de Santa Cruz y quien la secuestró a los 16 años. Él tenía 34 años y varias mujeres. La golpeaba y violentaba, permanentemente, así como a los hijos mayores (todos y todas, la cuidaban, defendían y le daban el cariño y los apoyos al alcance de sus circunstancias). El hombre malo, llegó a decir de manera cínica: “Yo siempre tengo la escopeta cargada detrás de la puerta”, recuerda Doña María para así, tenerla esclavizada y atendiendo a los hijos y él, poder seguir sus francachelas. María trató de encontrar el cobijo de sus padres pero, éstos le dijeron que era la cruz que ella se había labrado y que tenía que cargarla hasta el final. Pero también aprendió que no hay gobernador, ni mal, ni presidentes que duren más de 8 años y ¡por fin! Un día toda la familia se decidió y se alejó de la maldad de ese hombre. Al tiempo, los amores y desamores le permitieron conocer a Mauro García, un buen hombre que le hizo muy feliz en la etapa que su corta vida se lo permitió. Dos hijos más, aumentaron la familia: Alfredo y Marisela García.

Recuerda también la señora Armenta Urbano, que desde los 8 años empezó a cocinar y a guisar. Primero con sus hermanos que se habían venido a alcanzar el sueño poblano. Luego, con su Mamá Ángela Urbano y con sus hermanos pusieron una tiendita en el Barrio del Calvario que se llamó “Las 15 letras”. Ella, empezó a ir a los terrenos donde se estaba construyendo el Centro Escolar “Niños Héroes de Chapultepec” a vender comida. Fue todo un éxito. La sazón y calidad de los alimentos que expendían eran muy solicitados. Enchiladas, molotes, chalupas y tostadas no alcanzaban a cubrir la demanda. Lamenta mucho que, por el trabajar en la cocina y en los guisos desde muy pequeña: NUNCA TUVO NIÑEZ.

Tepeaca, Acatzingo, Tecamachalco y Tlacotepec se convirtieron en las plazas  para entregar la producción de sus alimentos. “El cansancio, el crecimiento y requerimientos de las muchachas y de los muchachos demandaron que me viniera, junto con una hermana, a vivir a Puebla. Iba a la Central de Abastos de Analco y, muy pronto, “La Güera de los Tacos” se hizo muy famosa. De las 7 a las 11 de la mañana, se acababa todo. Pero un día, no los acabé y me vine al zócalo a ofrecerlos. Al atravesarlo, Conchita, una amable afanadora me dijo: “Que llevas”, ”Tacos”, le dije, y ahí empezó todo. Al ponerme de una esquina a otra, llegó a mi lado Don Arnaldo Fernández y, gracias a él, me llevó al Pasaje del Ayuntamiento donde me instalé desde hace ya, cerca de 40 años. Todos los presidentes y ayuntamientos han sido muy amables conmigo. Recuerdo mucho a Don Pacheco Pulido, a Marco Rojas, a Blanca Alcalá y a Tony Gali”.

“El menú principal de mis tacos preparados de guisados que, toda la gente llama   “Los Tacos de Canasta del Pasaje del Ayuntamiento”, son tacos de pollo en adobo, pata capeada, Chiles rellenos de queso o chilpocle o jalapeños; riñones en escabeche; de chicharrón, papa con pechuga; de milanesa, bistec encebollado, rajas poblanas con huevo, nopales con pechuga, de huevos a la mexicana, de carnitas y de otros guisos”.

Como bien dice María Joaquina Armenta Urbano: “con mi trabajo y el de mi familia, con los permisos y apoyos que me dan los Ayuntamientos y, principalmente con el cariño y amor de mis hijas e hijos (de los que fui padre y madre), de mis nietos y sobrinos; hoy, estoy muy agradecida, soy muy dichosa, y, soy muy feliz…”