DE NEBLINAS Y DON GOYO

Marcia Elena Gutiérrez Cárdenas

A Raúl Álvarez Garín

Conocí a Marcia, cerca del 68. Ella estudiaba Odontología en la UNAM.

Hace un par de días, le hablé para saludarle. Igual de afectuosa y sencilla, además de lo generosa y carismática que era, continúa en su labor cercana a los jóvenes: es docente, actualmente, en la UAM-Xochimilco. Marcia fue integrante del CNH en el Movimiento Estudiantil del 68, representando a los estamentos de su Escuela de Estomatología de la UNAM, en el principal Directorio Estudiantil que encabezó al  Movimiento: el Consejo Nacional de Huelga, CNH.

Participábamos, en aquellos días Marcia y yo, en dos organizaciones estudiantiles creadas por jesuitas. David Mayagoitia, era el asesor principal a nivel nacional. Entre los otros asesores estuvieron Hernández Chávez, Gómez Fregoso, Rodríguez Lapuente, Guillermo Villaseñor, Paco Ornelas(todos jesuitas) y Luis Lizardi. Los grupos con más presencia y militancia fueron el del Distrito Federal, Monterrey, Guadalajara, Xalapa, Mérida, Guanajuato, Chihuahua, Querétaro, Culiacán, Hermosillo, Saltillo, Veracruz, Aguascalientes, San Luis Potosí, Veracruz y Teziutlán.

De los militantes, recuerdo a Hugo Gutiérrez Vega, Laura Murphy, Salvador Villapando, Víctor Mahbub; Emma y Lourdes Prieto, Lara Villareal, Guillermo Carrión, Olga González, Emiliano Orozco, Milagros Camarena, Rebeca Bolok, Eduardo Herrera, Víctor de Alba; Olivia y Adriana Carrión, Alberto de Jesús Zamora, Eloísa Valdivia, Sergio Martínez, Guadalupe González, José L. Guevara, Celia Ruiz de Chávez, Miguel Á. Muñoz; Irma y Juan Cháia, Conchita Sánchez, Alejandro Graff, Guillermo Garduño, Gerardo Zamora, Enrique Gómez, Abelardo Rodríguez, Armando Carballar, Humberto  Mosconi, Roberto Arizmendi, Ana Ma. Salazar, Federico Martínez, Ricardo Torres, Gregorio Barcalay otros-otras.

Todas y todos, directa o indirectamente, por acción u omisión, tuvimos que ver con el movimiento estudiantil del 68.

Después de muchas vicisitudes y travesuras de los duendes tecnológicos en los correos electrónicos, venciéndolas y haciéndonos sus amigos, pudimos establecer una comunicación fluida, con nuestra querida Marcia. Quién, amable y solidariamente nos envío, en exclusiva, unas reflexiones para compartirlas con ustedes con el pretexto de que, mañana, 2 de octubre se celebra el triste 46 aniversario de la matanza de Tlatelolco del 68, por la fuerzas represivas, autoritarias y criminales, encabezadas por el poblano Gustavo Díaz Ordaz y secundadas por Luis Echeverría Álvarez, Marcelino García Barragán y el Batallón “Olimpia”. Esta fecha, por decisión del Congreso de la Unión, el 8 de noviembre del 2011-como ya lo hemos mencionado, en esta misma columna-, fue declarada “Día de Duelo Nacional” y se propuso también, inscribir en el muro de honor de la Cámara de Diputados, el reconocimiento a las víctimas de ese 2 de octubre, como: “Mártires de la Democracia”

Nos comparte Marcia Elena Gutiérrez Cárdenas, universitaria líder del 68, los siguientes apuntes personales:

“Algo para no olvidar: No se puede repetir demasiado que los reclamos de 68 todavía están vigentes. La muerte de Raúl Álvarez Garín, incansable luchador para mantener la memoria y las demandas de aquella época: vivas y relevantes, nos obliga a reflexionar una vez más sobre lo que pasó”.

“Como mujer, voy a retomar la situación de mis compañeras y amigas de aquellos momentos. Para nosotras, participar en la lucha involucraba más dificultades que para los hombres. . Hubo una confrontación con la familia. A veces, las actitudes machistas de los compañeros varones  no ayudaban mucho: me gustaría pensar que el movimiento contribuyó, a lo largo y a lo ancho de su accionar, a su reeducación frente a la mujer, al mirar y valorar el cómo íbamos participando en las brigadas y en todos los aspectos de la lucha. Por supuesto, era principalmente  la valentía de los hombres que enfrentaba a la fuerza física de y con la policía. 

Sin embargo, para nosotras, luchando con nuestras familias por nuestra independencia, intentando a formar pareja (cuando apenas existía la píldora contraceptiva-anticonceptiva), tratando ser aceptadas por los compañeros varones como algo más que cocineras ornamentales, arriesgamos hasta sobrevivir el abuso físico a manos de soldados o policías, y luchábamos al lado de los compañeros”.

“Fue en las brigadas que las compañeras y compañeros nos encontramos en condiciones de  igualdad. Sería justo decir que las semillas de actitudes nuevas y de una nueva y mejor confianza de la mujer en sí misma, empezaron a brotar. No obstante, aunque la sociedad mexicana ha cambiado de muchas maneras en los años, desde 68 (y consideramos que, en mucho, como resultado y consecuencia del propio movimiento). Sin embargo, la posición de la mujer mexicana, como de los pueblos indígenas y muchos otros grupos sociales,  está tan mal como siempre. De esta situación viene la continuada relevancia del movimiento de 1968. La lucha y los reclamos de justicia y libertad para toda la población tienen que, deben que, y son los motivos que, para el seguir luchando. Raúl Álvarez Garín, reconoció de la misma manera esta situación cultural, educativa, social, económica y política en México y, por ello, nunca dejo de luchar”.