DE NEBLINAS Y DON GOYO

Julio Cortázar, ¿El Cronopio Mayor?

A Marco Antonio Cerdio Roussell

A principios de 1952, Julio Cortázar asiste, en el Teatro de los Campos Elíseos en París, a un homenaje a Igor Stravinsky-uno de sus músicos preferidos-, donde estuvo presente su también admirado poeta Jean Cocteau para leer su texto de Edipo Rey dedicado al músico. En el intermedio, la gente vacío la sala para salir a  charlar y fumar. Cortázar se quedó sólo, en su asiento de galería, por barato y, mirando el local empezó a ver “como globitos verdes libres, juguetones, bailarines y divertidos que recorrían danzando el espacio teatral a los que llamó: Cronopios”.

En posterior entrevista con el periodista uruguayo Omar Priego Godea y después de haber publicado “Historia de Cronopios y de Famas” (1962), Cortázar aceptó que los Cronopios, las Famas y las Esperanzas, son seres que integran el mundo. Los Cronopios son seres, casi humanos, verdes y húmedos, criaturas ingenuas, poco convencionales, idealistas, sensibles en contraste con Las Famas que son formales, rígidas, pretensiosas, organizadas y vanidosas y Las Esperanzas que son simples, indolentes, aburridas y a veces ignorantes. Éstas, se ubican entre Los Cronopios y Las Famas y, pueden irse, a un grupo o al otro (estos datos los obtuvimos del trabajo de Diana Hidalgo publicado en la revista: “Poder”).

En España, el 26 de marzo de 1981, fui a conocer a Julio Cortázar y a escucharle en un acto celebrado en el Centro Cultural de la Villa de Madrid, convocado por la Comisión Argentina de Derechos Humanos, del que recuerdo muy bien partes de su discurso que, con el pretexto de los 100 años que estamos celebrando de su nacimiento, ocurrido el 26 de agosto de 1914 en Ixelle, Bélgica. Y de su muerte en París, Francia un 12 de febrero de 1984, me permito compartirles por lo solidario, humanista, literario y poético en su forma y contenido (Julio Florencio Cortázar Descotte, tuvo las nacionalidades argentina y francesa), van:

“Si algo sabemos los escritores es que las palabras pueden llegar a cansarse y a enfermarse, como se cansan los hombres o los caballos. Hay palabras que a fuerza de ser repetidas, y muchas veces mal empleadas, terminan por agotarse, por perder poco a poco su vitalidad. En vez de brotar de las bocas o de la escritura como lo que fueron alguna vez, flechas de la comunicación, pájaros del pensamiento y de la sensibilidad las vemos o las oímos caer como piedras opacas, empezamos a no recibir de lleno su mensaje o a percibir solamente una faceta de su contenido (…) Sin la palabra no habría historia y tampoco habría amor(…)El habla nos une como pareja, como sociedades, como pueblos. Hablamos porque somos, pero somos porque hablamos. Y es entonces que en las encrucijadas críticas, en los enfrentamientos de la luz contra la tiniebla, de la razón contra la brutalidad, de la democracia contra el fascismo, el habla asume un valor supremo del que no siempre nos damos plena cuenta”.

“(…) Hoy, en que tanto en España como en muchos otros países del mundo se juega una vez más el destino de los pueblos(…)Yo siento que no siempre hacemos el esfuerzo necesario para definirnos inequívocamente en el plano de la comunicación, para sentirnos seguros de las bases profundas de nuestras convicciones y de nuestras conductas sociales y políticas(…)Seguimos dejando que esas palabras que transmiten nuestras consignas y nuestras opciones se desgasten y se fatiguen a fuerza de repetirse en moldes avejentados, que no incitan a la reflexión creadora, al avance en profundidad de la inteligencia, a las tomas de posición que signifiquen un verdadero paso adelante en la búsqueda de nuestro futuro”.

(…) Todo esto sería acaso menos grave si frente a nosotros no estuvieran aquellos que, tanto en el plano del idioma como en el de los hechos, intentan todo lo posible por imponernos una concepción de la Vida, del Estado, de la Sociedad y del Individuo, basada en el desprecio elitista, en la discriminación por razones raciales y económicas, en la conquista de un poder omnímodo por todos los medios a su alcance, desde la destrucción física de pueblos enteros hasta el sojuzgamiento de aquellos grupos humanos que ellos destinan a la explotación económica y a la alienación individual”

(…) Detrás de cada palabra está presente el hombre como historia y como conciencia, y es en la naturaleza del ser humano donde se hace necesario ahondar a la hora de asumir, de exponer y de defender nuestra concepción de la democracia y de la justicia social (…) Sólo así, lograremos que el futuro responda a nuestras esperanzas y a nuestra acción, porque la historia es el ser humano y se hace a su imagen y a su palabra”.

Y al final, le saludamos y manifestamos nuestra admiración por su sencillez, estatura, solidaridad, alocución-poética y, sobre todo, por ser “El Cronopio Mayor”…