DE NEBLINAS Y DON GOYO

Josefina Marín

A Regina Murgas y a Víctor Ruiz, Jr.

Giuseppe Tomasi di Lampedusa, con su novela “El Gatopardo” aportó, en boca de uno de sus personajes Tancredi Falconeri: “Si queremos que todo siga como está, necesitamos que todo cambie”, una de las máximas vigentes en la ciencia política contemporánea. En México, desde Plutarco Elías Calles, hasta Peña Nieto pasando por Fox y Calderón; en esos 85 años de gobierno, ésta ha sido una de las estrategias principales que todos ellos han usado para afianzar su gobernabilidad. En lo relativo de esos cambios, muchos han tenido carácter regresivo y de control. Otros-“los más pocos”-han servido para sentar las bases de ciertos adelantos y mejoras. En los que se observan hoy en el gabinete peñanietista pareciera que más que buscar paliar y mejorar la crisis de confianza, credibilidad, seguridad y buen gobierno pretenden afianzar y fortalecer a un grupo económico, político e ideológico que posee, en su mayor parte, el monopolio mediático más importante del país, de Iberoamérica y del mundo.

En ese principal contexto que ahora padecemos, personajes como Josefina Marín nos asemejan una ínsula y manantial de tranquilidad, paz, y frescura espiritual con sus acciones y afanes por pretender rescatar, reeditar y entregarnos la obra literaria y poética de su padre Rubén Marín como un gran bálsamo y medicamento.

Como ya reseñamos aquí, el médico Rubén Marín, nacido en el Distrito Federal y que hiciera su servicio médico en Pahuatlán y Teziutlán, ambas localidades de la entidad poblana. Y, en otras comunidades y estados de la república, nos entregó parte de sus vivencias y experiencias tenidas en esos lugares por medio de uno de los libros más bellos y trascendentes escritos en el pasado siglo (gracias, Grazietta) “Los Otros Días Apuntes de un Médico de Pueblo”.

Por orientaciones que me dio mi amigo y maestro, Paco Prieto y, por la presencia de un medio como “Milenio-Puebla”, Josefina, la hija de Rubén Marín, conoció mi artículo sobre su padre y, entró en contacto conmigo. De inmediato, la simpatía, confianza y empatía (es teziuteca de nacimiento) estableció los ejes de una amistad y relación. Pronto nos visitará. Vendrá a entrevistarse con la muy diligente, capaz y sensible directora de Fomento Editorial de la UAP para conversar sobre una posible coedición con las obras de su padre y, de la presentación de uno de sus libros en la próxima Feria del Libro de la UAP, del 20 al 29 de marzo.

Mientras tanto y, siguiendo en la Internet y por el teléfono los intercambios y pláticas con Josefina Marín, nos entregó, un perfil actualizado de lo que fue la figura y expresiones de ese gran ser humano, médico, escritor, padre y esposo, amigo, asegurador, poeta y empresario: Rubén Marín:

“Se titula a los 23 años como Médico de la Universidad Nacional de México.

Participa en el movimiento de 1929 que trajo consigo la autonomía de la Universidad. Simultáneamente es practicante en la Cruz Roja Mexicana, donde se le confirió el título de jefe de practicantes del  Hospital Central de Instrucción. Buscando mejores oportunidades de trabajo se traslada a la Sierra de Puebla para ejercer su profesión. Inicia su servicio como Médico independiente en Pahuatlán, Pue., en 1934.

Fue contratado por la Compañía Minera Norteamericana American Smeltingand Refining Co., como Subdirector Médico, asignándole la contratación en el mineral  de Angangueo, Mich., en donde permanece 2 años. Posteriormente, la residencia es en Aire Libre-Teziutlán, Pue., en donde ejerce un año.

En Huicicila, Nayarit trabaja 2 años para finalmente terminar su experiencia como Médico de Minas en Contraestaca-Culiacán, Sin. En 1939 conoce en un festejo en El Mineral de la Aurora en Teziutlán, Pue. a Mercedes Benito Zorrilla con quien contrae matrimonio, se establece allí como médico independiente.

En 1944, regresa a la capital para afincarse, en una casa en Tacubaya. En Teziutlán, nacieron  3 hijos, Rubén, quien murió pequeño, Lucía y Josefina. Posteriormente tuvieron 5 hijos más, ya en el DF. Le ofrecen una plaza en “Seguros La Comercial”.  Ahí, presta sus servicios durante 30 años como subdirector y finalmente como director médico. Al mismo tiempo, fue médico de fábrica durante 25 años para el IMSS.

En 1945, con otros médicos, forma la Oficina Informadora de Impedimentos para Instituciones de Seguros que en el plano de la actividad aseguradora internacional es oficina única en su género.

En 1973 es nombrado vicepresidente del XI Congreso Internacional de Medicina del Seguro de Vida. En 1974, junto con otros colegas, funda la Asociación de Médicos Escritores de México. En 1971, se jubila tanto de la Aseguradora como del IMSS.

Fue por voluntad propia para escribir y dedicarse a la jardinería, como el mismo lo expresa: “El último sol se está poniendo. Mi piel es pellejo de la historia que se acaba, la carne está cansada y el pensamiento remuerde mucho menos. Ya no hay sangre en mis venas, bebidas todas por vampiros. Soy acerico de cicatrices. De la crucifixión me he levantado a la jardinería…”.

Con cariños para todas y todos: Josefina Marín.