DE NEBLINAS Y DON GOYO

Los Héroes de Tlapacoyan

Este pasado 28 de marzo del año en curso, falleció mi hermano Jorge Ramón, en Martínez de la Torre. Y fue sepultado en San Rafael, donde vivió toda su vida. El nació en Tlapacoyan, Veracruz, un 15 de febrero de 1946 y el 20 de julio de 1969 tuvo un accidente automovilístico que le dejó parapléjico y con invalidez. Fueron casi 45 años de operaciones, rehabilitaciones, batallas y derrotas-triunfos en las que el temple, carácter, espíritu y oraciones de Él y de su madre, hijo, hermanas y hermanos, primas y primos, amigos, demás familia y organizaciones caritativas del lugar y de la iglesia y de acciones solidarias del IMSS, de médicos, enfermeras, y de quienes le cuidaron y sirvieron, material y espiritualmente, por muchos años, hicieron posible ese milagro de supervivencia y trascendencia.
En el hoy, ante su descanso y la ausencia física, su ejemplo y cariño se extiende ante las creencias, la fe y los rezos permanentes de quienes le amamos, queremos y le tenemos presente, y, por ello, traemos a colación los fragmentos de otro querido pariente, José Lanzagorta Croche, escritor, historiador, agricultor, genio, ecologista y hombre de bien y tlapacoyense, al igual que el hermano, quién nos narra algo de ese temple y carácter inquebrantable de los luchadores de:
"(...)LA BATALLA DE TLAPACOYAN.- Aunque el ejército imperialista tenía sitiada la población desde hacía varios días y contaba con fuerzas de las tres armas que sumaban más de 2,500 soldados entre austriacos y simpatizantes de la causa del emperador, esa madrugada recibió de Teziutlán un refuerzo de 500 infantes, por lo que contaron con 3,000 soldados contra sólo 500 republicanos, lo que los indujo a pensar que era el momento de asaltar la plaza, pues no sería fácil que se presentara una mejor oportunidad."
Las trincheras fueron reforzadas con los voluntarios de Tlapacoyan, quedando los defensores distribuidos como sigue: -La trinchera de Itzapa, con 60 hombres, estuvo a cargo del capitán Bernabé Valdez y 20 voluntarios de Tlapacoyan. -La trinchera de El Peñascal, con 20 voluntarios y 50 hombres de la fuerza regular, a cargo del capitán Pascual Arriaga. -En la trinchera de Texcal, el coronel Manuel Alberto Ferrer, y el comandante Cenobio Rojano, con 80 hombres de la fuerza regular y 40 voluntarios, con 2 obuses que estaban asistidos por el comandante Vicente Acuña, el capitán López Limón y los subtenientes Rodríguez, y Jiménez. -La trinchera de El Arenal, a cargo del comandante Antonio Amaro, con 100 hombres y 30 voluntarios. -La trinchera de Salto del Conejo, a cargo del coronel Manuel Andrade y del subteniente Antonio Oltela, con 30 voluntarios, 30 Regulares y el resto de la fuerza. -La trinchera de El Zapote, a cargo del capitán Juan Mejía, con 50 hombres y 20 voluntarios. -La trinchera de La Horqueta, (donde aún hoy existe una ermita), a cargo del general Ignacio R. Alatorre, con 130 hombres, y que era donde tenía establecido su puesto de mando, con el resto de la gente.
El enemigo cargó simultáneamente y con gran vigorcontra todos los puestos, obligando a ceder ante su acometida primero a la trinchera del Peñascal, donde el enemigo se parapetó y emplazó la artillería para bombardear el puesto de Texcal, haciendo lo mismo después sobre la trinchera de Itzapa, mientras los soldados que habían descendido por Gentiles, arreciaban su ataque sobre los puestos de El Arenal y de El Zapote.
"(...) Así, ocho piezas de artillería inician esa mañana su ataque sobre Texcal, con tan mala suerte, para las armas republicanas, que uno de sus dos obuses quedó destruido. El coronel Ferrer, junto con los hombres que estaban en la trinchera de Texcal soportaban el bombardeo que recibían de los austriacos, pero al caer la trinchera de El Peñascal, arreció y con más precisión el cañoneo a la trinchera de Texcal y de esta manera les fueron derribando las improvisadas barricadas que habían construido con trozos de madera y peñascos, por lo que envió a Rafael Ortiz como correo al puesto de mando de Alatorre, pidiéndole auxilio (...) Alatorre se había puesto en marcha hacia El Jobo, cuando fue interceptado por Ortiz, envió al coronel Ferrer esta respuesta:
"dígale a Ferrer que se defienda como pueda, y que si muere en esta lucha, yo me encargaré de decirle al mundo que murió como un héroe".
El sitio de Tlapacoyan vivía sus últimos momentos, Ferrer y los pocos sobrevivientes que quedaban, algunos de ellos heridos, seguían batiéndose con gran brío, pero sin poder contener ya el avance del enemigo quien al llegar a una distancia de veinte metros cargó resueltamente sobre el parapeto al arma blanca. Ferrer, animando a sus hombres al grito de: "a ellos, ¡Viva México!", hizo que sus compañeros de armas, con bayoneta calada recibieran bravamente a los atacantes, en una lucha cuerpo a cuerpo y sin cuartel aunque perdida de antemano para el bando republicano. Pero, al iniciarse el asalto, en una descarga que hicieran los austriacos, Ferrer, que había brincado sobre los restos del parapeto y disparaba su pistola, recibió un tiro en la frente que segó su vida (...)".