DE NEBLINAS Y DON GOYO

Francisco Javier Clavijero

A Cecilia Teresa Miloslavich

Montes

Deseaba establecer con ustedes, estimados lectores, una relación informativa sobre los acontecimientos que se vivieron en Santiago Yancuatlilpan, del municipio de Cuetzalan, este fin de semana con la visita de un grupo de Indígenas Yaquis que, con motivo de su lucha por el agua que les está siendo arrebatada por el grupo minoritario que encabeza el gobernador de su estado de Sonora, Guillermo Padrés Elías, quien (considerado, por los sonorenses como uno de los políticos panistas más corruptos e ineptos en la historia de Sonora), además, le ha autorizado al grupo Carso y a mineras canadienses la contaminación y mal uso de sus aguas y ríos y el saqueo de sus recursos mineros de oro y plata, con la correspondiente destrucción total de sus recursos naturales y de su hasta ahora cuidado y preservado medio ambiente, que les ha pertenecido siempre -mismo al que también “de siempre” lo han tratado de saquear y robar particulares, extranjeros y gobernantes-, a los grupos indígenas locales: Yaquis -principalmente-, Mayos, Ópatas y Seris.

Solo que el completo reportaje de Martín Hernández Alcantara en la “Jornada de Oriente”, que dio cuenta cabal el día de ayer, de los referidos sucesos, me convenció de seguir con el tema, ya casi elaborado, del historiador, lingüista, escritor y humanista Francisco Javier Clavijero (y, además, aunque desperté muy temprano, en Ciudad Obregón, Son., por vía telefónica a uno de los seres humanos más completos y que más he amado en mi vida -y a la cual sigo queriendo-; por no haberle advertido de mi solicitud sobre el caso de los Yaquis con más tiempo,  me ofreció entregárnoslo en breve, y así, podérselos compartir y hablar también de la sierra Nororiental con la visita de los Yaquis). Entonces, seguiremos con Clavijero quien, nacido en Veracruz, vivió y estudió en la ciudad de Puebla y, con su familia, estuvo un buen tiempo en Teziutlán, enriqueciendo su historia local. Y, como bien nos decía ayer, Marco Antonio Rojas Flores  a José Antonio Quintana Fernández, a Francisco Emelhainz Naveda y a mí, al recordar cuando el gobernador Alfredo Toxqui distinguió a Hans Barskis, Director General de la Volkswagen, como “Forjador de Puebla”, señaló el empresario alemán: “Muchas gracias por esta inmerecida distinción… Yo no nací en Puebla. Pero yo nací para Puebla…”

Y así, un veracruzano-universal que también “nació para Puebla y para Teziutlán”, y para México -y- el Mundo y que fuese uno de los más grandes defensores de los Pueblos Originarios de nuestro país y de las expresiones culturales de los pueblos indígenas, se nos hace presente:(…)Los jesuitas constituyeron el mayor organismo cultural no solo de la Nueva España, sino de América en el siglo XVIII. Fueron dueños y directores de numerosos Colegios y Misiones. Abanderaron las ideas progresistas de la época “(…)El humanismo se asoció con el Renacimiento(…)En ese siglo, los jesuitas novohispanos le dieron un nuevo impulso. Clavijero, Alegre, Landivar, Abad y Cavo son algunos humanistas mexicanos que pusieron su pluma al servicio de la literatura, la historia, las lenguas y el arte. Según el estudioso Gabriel Méndez Plancarte, en sus obras es posible distinguir las siguientes características: Las civilizaciones prehispánicas son muy admiradas. Clavijero, estudia la cultura de los antiguos mexicanos; Cavo, exalta la figura de Cuahutémoc y acorta la de Cortés; Márquez, lamenta la pérdida de documentos y edificaciones prehispánicas.
Se crea un sitio profundo de la mexicanidad. Desde el destierro, los jesuitas proclamaron las maravillas de la tierra donde nacieron que, a través de sus obras, dieron a conocer al mundo.
En el mestizaje racial y cultural fundamentaron el nacionalismo mexicano. Todos son criollos; ya no se sienten ni españoles ni indígenas, sentimientos que proclamaron con orgullo”. (…) Francisco Javier Clavijero (1731 - 1787), nació en el puerto de Veracruz y murió en Bolonia, Italia. Destaca entre los autores que revelaron la grandeza del pasado indígena. Aprendió el náhuatl, mixteco y totonaco; pues su
padre fue alcalde y cobrador de impuestos de los pueblos de Teziutlán, en Puebla, y de Xicayán en Oaxaca. Llegó a dominar veinte lenguas indígenas, además de latín, griego, francés y portugués.
Cultivó la música, las matemáticas, las ciencias físicas. Su obra principal es Historia antigua de México, defiende otras culturas prehispánicas, a las que considera tan perfectas que “bastarían por si solas para confundir el orgulloso desprecio de los que creían limitado a las regiones europeas el imperio de la razón”…