DE NEBLINAS Y DON GOYO

Ernesto Rodríguez Rodríguez

Se afirma que la detención de Joaquín A. Guzmán Loera, a) “El Chapo”, debe ser vista sin triunfalismos ni importamadrismos. Qué ha sido un éxito mediático y político, pues ni dudarlo. Ahora, esperar lo que sigue, considerando con esperanza y credibilidad, que serán acciones republicanas pendientes, encaminadas a crear un verdadero Estado de Derecho: combate a la corrupción, mejoras sustanciales en las áreas de procuración e impartición de justicia, cambios nodalesen las políticas públicas: económicas, ecológicas, sociales, educativas y culturales. La reconstrucción y legitimación de las Instituciones mexicanas. El impedir que los líderes políticos no violenten los procesos electorales y, en unas cuantas palabras, que el Estado y gobierno, recuperen la confianza ciudadana.

¡Qué no es el “Chapo”: qué sí es el “Chepo”! ¡Qué al ser el “Chepo”: cuidar su “Chipo”! ¡Pa´ ver su “Chipo”: hay que ir al “Chopo”! ¡Mirando el “Chopo”: sí me la “Chupo”! Y, luego entonces, sisí la” Chupo” que ya sea: ¡Chale! Junto con: ¡Chele!comiendo: ¡Chile! dándole a: ¡Chole! que está bien: ¡Chule!: y va de nuevo: ¡qué si es el “Chapo”: que no es el “Chepo”! ¡Qué al ser el “Chapo”: cuidar su “Chipo…! (Y así, sucesivamente)…

Por el contrario, el suceso chapista hace resaltar a los ciudadanos ejemplares. A los héroes anónimos de nuestras comunidades que, sin importarles filiación partidista, clase social o creencias, realizan su servicio al género humano de su localidad o entidad, de forma honesta y generosapara tratar de hacerlas mejores, en un sentido armónico e integral. Tal es el caso del profesor Ernesto Rodríguez Rodríguez. Él nació en Teziutlán. Formó matrimonio con Iris Fernández de Lara. Laboró como prefecto en el Centro Escolar Presidente Manuel Ávila Camacho, fundado el 1º de febrero de 1953 en Teziutlán, por más de tres años. Posteriormente, se le trasladó al Centro EscolarPresidente Francisco I. Madero, de Ciudad Serdán, y luego a Puebla.

En su estancia en el Centro Escolar de Teziutlán y de acuerdo al paradigma que el propio Rafael Ávila Camacho, Rolando Kleen Melo, Enrique Martínez Márquez (primer director general del CEPMAC), y Raúl Velasco de Santiago, establecieron desde su fundación y que serviría de modelo para los subsecuentes centros escolares de la entidad-en el hoy, más de 30-, el profesor Ernesto interiorizó la propuesta, planteada por ellos: 1º. Educación Física 2º. Educación Moral 3º. Educación Intelectual y 4º. Educación Artística.

Congruente con ello, Rodríguez y Rodríguez,  participaba en las diversas actividades de aprendizaje-enseñanza, de educación física y deporte (principalmente en basquetbol-donde llegó a ser un destacado jugador y canastero-, en natación y  gimnasia-tumbling, adelantada para la época); asistía a las sesiones de artísticas. Le gustaba estar bien informado y practicaba una conducta moral ejemplar e intachable.

Además, en las Ferias Nacionales Agropecuarias, Comerciales, Industriales, de Equitación, Charrería, Polo y Cívico-Cuturales-Artísticas que el avilacamachismo impulsó en Teziutlán, desde la primera siendo Presidente de la República D. Manuel, en las que en las inauguraciones participaba todo el sistema educativo de la ciudad, alumnos, maestras y profesores así como los mismos trabajadores, me tocó integrarme a una de ellas: “La Leyenda del Chignautla”, compilada por la teziuteca Elena Molina Pérez que fue contextualizada por otras expresiones artísticas nacionales, como la Jarana Yucateca,la Canción Mixteca de Oaxaca, la Danza de los Viejitos de Michoacán y la Danza del Venado de Sonora-Sinaloa.

Considero que, la calidad de su actuación, la trascendencia de su impacto, la valía y sencillez de su entrega y el profesionalismo en la ejecución que, el profesor Ernesto Rodríguez Rodríguez hizo del personaje central de la referida Danza del Venado aún perdura, trasciende y se guarda en los corazones, la mente y el espíritu de quienes la presenciamos y recibimos en esa tan importante etapa discente de nuestra formación y proceso de aprendizaje, para toda nuestra vida.

Por ello, al recordar a Ernesto hacemos homenaje, también, a una de las más hermosas expresiones culturales de los Yaquis-Mayos de Sonora-Sinaloa que, según Arturo Warman, en su música, danza y letra nos viene como un gran legado histórico desde la época prehispánica hasta la actualidad. La Baa-Wehai o Bueja (tambor de agua); las jícaras, la BaaJiponia (cordón de ixtle); los Hirukiam (frotadores); dos músicos que cantan en lengua yaqui y tocan flautas de carrizos. Los instrumentos del danzante que producen sonidos con sabor a tierra, agua y aire. La cabeza disecada de venado, amarrada con un paño blanco al danzante. Los rosarios y collares de chaquira blanca con medallas; que de la cintura a la rodilla va un rebozo azul.

Con Tenabaris en los tobillos. Cascabeles y grijuutiam en la cintura. Y el torso desnudo. Igualmente, y así caracterizado, Ernesto, danzó, con sus cualidades física y espirituales, casi a la perfección y, nos enseñó-entre otras cosas- que la fuerza, el liderazgo y el ritual y símbolo del Venado, nos sacará adelante, tarde que temprano, pese a todos los sacrificios y a las aparentes derrotas…