DE NEBLINAS Y DON GOYO

Los Elotes de Xilotzingo…

A mi compadre, Epifanio García

López

Gonzalo Alarcón Flores, el que surte a los fraccionamientos y colonias con familias y amas de casa de los alrededores del Colegio Prometeo y del Mercado de Xilotzingo con elotes selectos, nació en Cruz Blanca, Ver., cobijado por su familia de origen campesino. Sus padres Gonzalo Alarcón y Leonor Flores le animaron a aprender el oficio de carpintero y trasladarse a Puebla. Encontró trabajó en una fábrica de muebles rústicos que los exportaba a los Estado Unidos. Como consecuencia del atentado a las Torres Gemelas el mercado gringo cerró y la fábrica poblana quebró. Por ello, los trabajadores tuvieron que buscar trabajos de albañiles, mecánicos, meseros y chachareros.

Gonzalo, compró con sacrificios, un vehículo en buen estado y, adquiriendo elotes en la Central de Abasto poblana se puso a venderlos junto al mercado, en la calle Av. Del Jardín. Entrega, martes, jueves y sábado de 9.00 a 16.00 hrs. Entre 600 y 800 elotes selectos, son consumidos cada día. Nos dice que son la base para elaborar cremas, mole de olla, sopas, chilpozo, esquites, chileatole, masa, elopozole, pastel, pan de elote, y otros guisos muy variados.

Gonzalo Alarcón Flores, se casó con Mariana. Tienen dos hijos: Eduardo y Karen. Tiene cuatro hermanas y un hermano. El trabajo es familiar y se apoyan en todo. Lunes, miércoles y viernes ayuda al trabajo de su esposa en un fraccionamiento haciendo labores de jardinería. Pero su oficio principal son el maíz y los elotes. Las hojas, olotes y totomoxtles los ocupan para cubrir los tamales; para hacer juguetes y artesanías. Y, forraje para ganado, conejos y aves.

Según Aldegundo González Álvarez, Elote en español deriva del Náhuatl: Elot o Elotl; Maíz, en castellano, del Náhuatl: Taol o Tlaol. Xilotzingo, significa en ese mismo mexicano: “Lugar de las flores del Maíz”. La influencia del Náhuatl en Mesoamérica, hace que hasta Panamá el fruto de la Milpa se llame Elote. Los nombres y productos del elote en México son, entre varios: mazorca, olote, hojas, jilote, el hongo Cuitlacoche (excelso); granos, totomoxtle, tamales, tetesquite, trolelote, tortillas, gorditas, picadas, memelas, huaraches, quesadillas, pellizcadas, tlayoyos, chalupas, tostadas, chaskas, chuales, chacales, enchiladas, enfrijoladas, enmoladas, chilaquiles, totopos, buñuelos y atoles. Pero de Panáma, hasta Argentina y Chile, la influencia del Quechua-Aymara-Mapuche hace que al Elote se le conozca, en casi toda Sudamérica,  por Choclo. Y, sus derivados: quicos, marlo, chachapa, jojotos, corozo, chala, arepas, humitas y otros. Pero, sin maíz, no hay país ni Latinoamérica.

Mientras Gonzalo nos entrega sus selectos elotes, un grupo de humanistas y defensores del alimento básico de nuestras repúblicas, nos comparten:

“Ramón López Velarde, en su Suave Patria, a nuestro territorio lo definió en profética metáfora: “México, tu territorio es el maíz”. En nuestros aciagos días, mientras el mandatario federal y su numerosa familia viven su sueño de vestir como príncipes, viajar en carrozas, mejores que las de Maximiliano y más fastuosas que las de las princesas de Disneylandia, aquí todo está a punto del colapso y nuestro territorio-maíz se encuentra en riesgo (…) Maíz y territorio están amenazados. Empresas trasnacionales deshumanizadas, encabezadas por el gigante Monsanto, lograron de autoridades miopes o interesadas permiso para sembrar en México maíz transgénico; con ello nuestro maíz o, mejor dicho, nuestros innumerables maíces (en cada región hay una especie peculiar adaptada a clima y suelo) estarían en peligro de desaparecer y ser devorados por la codicia de los que negocian con todo (…) Pero sucedió algo que revive la esperanza de regeneración, de salvación. Un grupo de destacados mexicanos –menciono algunos de los más entusiastas, Adelita San Vicente, el padre Miguel Concha, Laura Itzel Castillo, Jesusa Rodríguez, Víctor Suárez, Raúl Hernández Garciadiego y el artista Francisco Toledo– se acercó al doctor Antonio Turrent, científico experto en esta materia, y consultaron con un joven abogado poblano, René Sánchez Galindo, y con el también jurista Romualdo Hernández, y se lanzaron por la vía legal, mediante una acción colectiva, novedosa figura jurídica, a cerrar el paso al gigante trasnacional (…) El doctor Turrent y otros sabios dieron los argumentos técnicos y los abogados formularon la demanda en nombre de un colectivo incansable. Y sucedió lo increíble: resulta que dieron, ¡los hay!, con jueces competentes, valientes, patriotas, que ordenaron “suspender” –es el término jurídico, que se traduce como detener– el atropello al derecho de nuestra comunidad nacional sobre su territorio, a producir sus alimentos y preservar el medio ambiente. Difícil parecía, pero se dictó la medida precautoria para detener el desaguisado monumental y la lucha quijotesca tuvo eficacia y justificación” (Batiz, V.B., “Maíz, país y esperanza”, “La Jornada”, 9 de marzo de 2015).

Por el momento, Gonzalo Alarcón y los que consumimos sus selectos elotes, podemos estar un tanto y un tiempo…tranquilos y, ¡saboreándolos...!