DE NEBLINAS Y DON GOYO

Efraín Huerta

A Arturo Amauri Sarmiento

Dice un texto de Claude Lévi-Strauss rescatado de la antología Lengua y poesía: “El lenguaje se me manifiesta como el hecho cultural por excelencia (…), el lenguaje es la más perfecta de todas las manifestaciones de orden cultural que forman, de alguna manera, sistemas (…) ¿Permite esto pensar que la poesía nació antes que las demás formas de arte o que por lo contrario nació después? ¿Esta poesía, que es poesía de lenguaje más particularmente que las demás formas de arte? (…) La utilización del lenguaje con fines poéticos podría ser inclusive más difícil y más compleja que otras formas estéticas, puestos que éstas utilizan y combinan, a la manera del lenguaje, materiales brutos, mientras que la poesía lo hace en segundo grado, con materiales proporcionados por el lenguaje mismo”.

Lo dicho por Claude fue muy bien entendido y aplicado por “La Generación del Taller”, Octavio Paz, Efraín Huerta, José Revueltas, Rafael Solana, Neftalí Beltrán y Alberto Quintero. Al hablar de su amigo y compañero tallerista, Octavio Paz mencionó: “Huerta es un escritor que sin perder su nacionalidad, plasmó una especie de crónica más exaltada, desenfadada, erótica; una poesía de caballito de tequila para elevar el espíritu” (citado por F. J. E., PRI-Cultura).

Efraín Huerta es conocido como “El Gran Cocodrilo” y como “El Poeta de la Ciudad y del Amor”. De 1935 a 1988, publicó más de 21 libros e infinidad de artículos, ensayos, crónicas y poemas en diversos periódicos y diferentes revistas. También se señala que fue crítico literario, comentarista de cine y teatro, creador de reportajes de fondo, cuentista y, por supuesto, un gran poeta.

También nuestro Alfonso Reyes, sostiene: “El poeta -he escrito alguna vez-no debe de confiarse demasiado en la poesía como estado de alma y en cambio debe insistir mucho en la poesía como efecto de palabras. Lo primero se le da de presente, los dioses se lo otorgan de balde. Lo segundo tiene que sacarlo de sí mismo (…) La emoción poética no es ya la poesía: la emoción precede a la poesía como estímulo, la sigue como resultado”.

Guillermo Sheridan, al hacerles un pequeño-gran homenaje periodístico, refiere la gran amistad de Efraín Huerta y Octavio Paz: “Su amistad juvenil fue intensa”. Más tarde-escribirá Paz “las pasiones políticas nos separaron y nos opusieron, pero no lograron enemistarnos”. Es comprensible: habían pactado camaradería y amistad en tiempos que eso era un ritual sagrado. Con todo, Paz no estaba de acuerdo con la militancia de su amigo en la LEAR; no creía en la poesía “comprometida” (…) Reñían y se criticaban abiertamente, siempre sobre el perdurable pacto de su amistad juvenil” (“Confabulario”, El Universal, 2014).

Efraín Huerta nació en Silao, Guanajuato, el 18 de junio de 1914 y falleció en la Ciudad de México, en febrero de 1982. Efectúo estudios en León y Querétaro. Llegó joven al Distrito Federal donde realizó estudios de derecho que no concluyó. Se dedicó al periodismo y a la literatura. Particularmente a la poesía. Fundó el movimiento neovanguardista al que llamó “El cocodrilismo”. Participó-como ya lo mencionamos-en la fundación del taller y revista llamada así, “El Taller” junto a Octavio Paz. José Revueltas, Neftalí Beltrán, Alberto Quintero, Rafael Solana. Se considera, dentro de sus grandes obras, a Los hombres del alba como una de las más importantes de la literatura iberoamericana

A su primer poemario lo intituló Absoluto amor. Luego, Estampida de poemínimos. Mantuvo estrecha relación con Alí Chumacero e influencias de Xavier Villaurrutia, Carlos Pellicer y Salvador Novo. Parte de su biblioteca se entregó en comodato a “La Casa del Poeta Ramón López Velarde” sita en la calle Álvaro Obregón de la colonia Roma.

Carlos Ulises Mata Lucio, paisano de Huerta, señala en entrevista que le concedió a Verónica Espinosa, con motivo de haber hecho una selección y la edición de la obra prosística “El otro Efraín”, para el Fondo de Cultura Económica: “Pronto me di cuenta de dos cosas. Una es que la mejor antología de la poesía de Huerta ya existe y es insuperable porque la hicieron juntos el tiempo, la memoria colectiva, en su momento Carlos Montemayor y el propio autor. Y la otra, que su prosa, con todo y que es abundante y de gran calidad, sigue siendo desconocida” (El otro Efraín, V. Espinosa, Proceso, 2014).

Con el recuerdo vivo y presente de Efraín Huerta Romo, unos poemínimos:

LECCIÓN/El que escribe el último/Escribe mejor/Yo apenas empiezo.

PLAGIO XVII/La que/Quiera/Azul/Celeste/Que/Se/Acueste. AMENAZA/Bienaventurados/

Los poetas/Pobres/Porque/De ellos/Será/El reino/De los/Suelos.(Y, además, con el buen sabor de boca y de espíritu del empate futbolístico entre Brasil y México).