DE NEBLINAS Y DON GOYO

¿Y, el Chile democrático?

Guillermo Castillo Sánchez, mi compadre chileno, junto a Rafael Quilez Sánchez, mi compadre español, fueron mis dos mejores amigos y los compañeros más capaces y preparados durante mis estudios del Doctorado en la Facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid. Rafa ya falleció en España. Guillermo regresó a Santiago de Chile, con Cecilia; de quien se separó y tuvieron a Panchita, su bella e inteligentísima hija. Castillo Sánchez, en especial, fue generoso, afable y amable y, solidario. Siempre nos compartió sus conocimientos, alcances, aprendizajes y tips. En particular, fue el condiscípulo que mejor me apoyó, sugirió y proporcionó materiales y opiniones para enriquecer y perfilar mi investigación, tesis doctoral sobre el tema de la Alienación-junto con Concepción, mi entonces compañera y de mi otro amor, María José-, Información y Educación sobre la América Latina, que fue, finalmente el estudio realizado y defendido como trabajo doctoral, ante el tribunal de la Universidad Complutense en la Facultad de Ciencias de la Información.

Guillermo ha sido, en su amado País Austral, periodista, profesor en la Universidad de Chile y, creador y responsable de una agencia de exportación-importaciones. Por él, y con los demás compañeros del Isdiber, donde hicimos la Maestría, también en Madrid; reaprendimos a conocer y amar más a la región Iberoamericana: la propia España, Portugal y la América Latina. Por su carisma, nos motivó a saber y apreciar más a su patria: Chile. Era -y es- de talante democrático, tolerante, informado y promotor cultural para efectuar acciones y eventos en Latinoamérica.

También, recuerdo a sus hermanas: la Rosita, en el teatro y a Ximena, escritora y periodista. Hoy, Guillermo, al igual que cientos y miles de compatriotas de ese tan gran y amado país latinoamericano (tal vez uno de los que ha logrado mejor desarrollo regional económico, tecnológico, educativo, cultural, democrático pero con grandes inequidades sociales y grandes contrastes y desigualdades en, finalmente, el propio desarrollo humano de todos los chilenos), sufre y experimenta un momento histórico que puede definir, en mucho, su devenir y su propio futuro.

El aborto, destrucción y aniquilamiento del -también-, mejor intento democrático y pacífico que sociedad alguna latinoamericana (junto con Cuba, Nicaragua, Perú,  Venezuela y Bolivia, serían la otras experiencias fallidas) había logrado por la vía del cambio electoral y de la democracia, golpe efectuado a manos de los despiadados, traidores y asesinos militares chilenos encabezados por Augusto Pinochet, con la complicidad de la siempre decadente derecha local, de la DINA y de la ITT-ATT; de las empresas y financieras transnacionales del cobre y del dólar y del entonces gobierno gringo con sus aliados satélites militares sudacas sumados, en conjunto, con varios grupos financieros económicos europeos, como cómplices. Y así, en vergonzosa alianza, destruyeron, con violencia, sangre, asesinatos, desaparecidos y con el exilio, la propuesta pacífica de cambio y mejorías en educación, salud, trabajos y salarios; de avances y de utopías viables, que no dejaron avanzar y mejorar; de logros y transformaciones concretas, que iban por buen camino; de recuperación y nacionalización de las riquezas chilenas ancestrales del cobre y del guano y de la equidad y mejor justicia social para el pueblo, las clases medias y populares chilenas con el programa y gobierno electo, democráticamente, de Salvador Allende y de la Unidad Popular.

Actualmente, pese a la recuperación ejemplar, nuevamente, de la vida ya casi democrática de la sociedad chilena, la siempre atenta y entrometida derecha criolla en los destinos y vida de Chile -junto a los viejos militares golpistas- más, también se repiten, las divisiones y enconos internos de las fuerzas progresistas y democráticas. Y agréguenle la rapiña de las trasnacionales, del Imperio y finanzas “buitres”, que acosan y pretenden derribar a los vuelos independientes de los “cóndores libres sudamericanos” (¿Verdad Argentina?), hacen que sea un momento, un tanto difícil, definitorio y definitivo para el presente y futuro del país del choclo, de los mapuches, de Neruda y  Mistral, de los y las Allendes, de los Parra, de Víctor Jara, del Vino y del Colo-Colo. (También, hay que aceptar que ahí viene el Calbuco y, Dios no lo quiera, más temblores…).

Ante ello, dijo la presidenta de Chile, Michelle Bachelet: “me comprometo a que no descansaré hasta dejar fortalecidas las bases institucionales y éticas que hagan que nuestra convivencia cívica esté a la altura de la confianza y transparencia que Chile necesita para ser una sociedad más equitativa. Este proceso lo conduciré personalmente, y en ello emplearé toda mi fuerza personal y la de mi Gobierno”.

La unión y el fortalecimiento de su democracia en torno a su gobierno elegido, también democráticamente es, en mucho y trascendente, uno de los vectores y ejes de su actual y futura libertad, independencia, justicia y acierto de todos y para todos los chilenos.