Vida y Milagros

El rompecabezas de lindísimas amapolas

Se cuenta la anécdota de que el presidente de Estados Unidos James Carter le habría dicho al Presidente José López Portillo que el gran problema que tenían con México es que éramos el trampolín para que las drogas entraran a su país, y que López Portillo le habría dicho: “pues quiten su alberca”. Y pasados 30 años, la enorme e hipócrita alberca sigue ahí, aunque ahora lo que se demanda en enormes cantidades ya no es la ahora inofensiva mariguana, legalizado en algunos estados de la Unión americana. Tampoco la coca. Ahora, según nos lo explica Héctor de Mauleón en un extraordinario artículo aparecido el 23 de octubre en “El Universal”, el mercado gringo necesita heroína, cuya goma nace de las lindísimas amapolas rojas que se dan de manera perfecta en la zona geográfica intrincada y seca de Iguala y sus alrededores.

Desde el día 26 de septiembre el caso de Iguala ha sido un complicadísimo rompecabezas. Poco a poco han ido apareciendo piezas del mismo, unas obvias, simples, cuadradas y muy conocidas, como la debilidad e incapacidad de los tres niveles de gobierno para haber construido un sistema de impartición de justicia y policías de calidad a lo largo de los años, mientras se los iba comiendo el dinero de los narco-políticos y sus narco- policías y todos los negocios que han derivado de dicha alianza. Otras piezas tenían formas tan bizarras que a lo largo del mes me ha sido difícil hacerlas encajar para lograr armar en mi cabeza una versión lógica y entendible de los hechos.

Una me la dio el artículo de De Mauleón titulado “El Negocio detrás de Iguala”. En él nos dice que ya Obama, en septiembre de 2104, había señalado a nuestro país como el principal proveedor de derivados de opio a Estados Unidos. Estaba hablando en realidad de Iguala, la ciudad de 140 mil habitantes a donde va a parar la producción de Amapola de las montañas de Guerrero, el 98% de lo que produce el país. “En cuatro años- dice Obama- los decomisos de heroína negra mexicana o “mexican black tar”, han aumentado 324% en la frontera americano. ¡Pues sí que ha crecido su alberca, Mr. President! ¡Y ya no requieren de nuestra mariguana para llenarla! Heroína es el nombre del agua de la alberca en la que hoy chapotean. El trasiego de adormidera significa en dinero- nos dice de Mauleón - 17 mil millones de dólares al año. Con ese enfoque, los hechos de Iguala se empiezan a entender. Se entiende la capacidad de fuego de los narco-policías de un pequeño municipio en el que sin que les temblara el pulso se mando matar, detener y desaparecer a quien hiciera falta para que no se metieran en su zona. No se explica la salvajada del 26 de septiembre solo para evitar que fuera interrumpido el baile de la abusiva “primera narco-dama del municipio “. Casi todo encaja si metemos en el rompecabezas la pieza del negocio gigante que sale de las mustias y hermosas amapolas.

En nuestro rompecabezas de amapolas, es su goma negra lo que en realidad se ha estado peleando en esa zona desde hace tiempo, meses, años. Nada menos que el control de un mercado de 17 mil millones de dólares. Según la Sedena- dice de Mauleón, la siembra de amapola en las intrincadas montañas de Guerrero sustituyó en un 40% a la siembra de mariguana, a la que pronto veremos en exóticas tiendas, cajetillas y marcas en Estados Unidos. Es de la amapola de la que ahora escurren generosos los millones de dólares.

Los Abarca no eran una “parejita presidencial” con delirios de grandeza en un municipio chico. La megalómana y loca esposa, además de presidenta del DIF por locuras de nuestro sistema político, con sus oficinas decoradas en cursis colores rosados, incluida su boca, su escritorio y las plumas y libretas, eran las oficinas de una capo del narco, no de una presidentita del DIF municipal.

La segunda pieza de mi personal rompecabezas, una que no acaba de encajar, es la del papel que jugó el 27o. batallón del ejército, tan cerca y tan lejos en la noche de Iguala. No son entrenados para ser policías, ni ministerios públicos, ni investigadores. Los gobernadores andan sueltos y gastan a su gusto en una cantidad inmensa e irrelevante de babosadas, haciendo a un lado lo esencial, que es la seguridad de la ciudadanía y la correcta impartición de justicia. No es labor del ejército suplir esas funciones, ni las saben hacer. Esperar del ejército ese tipo de trabajo es un error. Pienso que quizás la federación está entre la espada y la pared. No hay policías fuertes en los estados, ni las habrá en mucho tiempo, y se tiene que echar mano del ejército para que hagan funciones para las que no están capacitados. El caso de Tlatlaya es el más reciente ejemplo de que esto es así. Por eso la 27ava zona militar de Guerrero y su actuación esa noche y en los días subsiguientes, es la otra pieza para la que no encuentro acomodo en mi triste rompecabezas de amapolas.

Y mientras, la hipocresía tradicional de los gobiernos americanos, señala la paja de nuestro trampolín fronterizo mientras cubre de rosas y amapolas su hermosa alberca. Las drogas debieran legalizarse en nuestro país ya. Pasémosles sus guerras santas para el otro lado de la frontera, a su territorio.

veronicamilenio@yahoo.com.mx