Vida y Milagros

Una gota de miel para los griegos

En la página del maestro Juan Ramón Jiménez leo una pequeña síntesis de algo que escribió uno de los más grandes filósofos de todos los tiempos, Platón, acerca de las formas de gobierno. Dice así: “Platón escribió que la mejor forma de gobierno es la República, y que ésta debe regular las condiciones que generan la extrema pobreza y la extrema riqueza, porque son dañinas; deben de regularlas para evitar que la forma de gobierno derive en una Oligarquía Plutocrática, que es la extrema concentración de riqueza y poder en manos de unos cuantos, -como la que según los indicadores recientes tenemos en México-. Este tipo de gobiernos suelen devenir en dictaduras militares o en gobiernos formados por la Kakistocracia, el gobierno de los peores, emanados de las diferentes corrientes políticas”.

Busco la definición de la antigua palabra griega Kakistocracia y encuentro que el antiguo término fue tomado en 1944 por Michelangelo Bovero, profesor de filosofía política en Turín, para definirla aplicada a un gobierno: “Estado de degeneración de las relaciones humanas, en que el gobierno está controlado y dirigido por gobernantes que ofrecen toda la gama, desde ignorantes y matones electoreros, hasta bandas de camarillas sagaces pero sin escrúpulos”. Ya sabemos a dónde conducen a los países estos gobiernos: al desorden, la injusticia y el caos.

¡Ay Dios mío, todo esto me suena a un vals que en México y el mundo estamos danzando y que hemos danzado antes!

Me quedo pensando en la anécdota del señor que no puede dormir porque le debe a un prestamista un dinero que le es impagable, porque está en un trabajo que apenas le da para vivir, porque sus padres dependen de él y tiene varios hijos menores que mantener, porque vive en casa alquilada y debe la renta y porque ya no tiene nada más que vender que su limitada fuerza de trabajo. Da vueltas y vueltas en su cama, hasta que toma el teléfono, le marca a su acreedor y le dice que no le va a pagar porque no tiene con qué. El deudor ha entendido que la mejor defensa es la insolvencia, así que dicho eso, se vuelve a acostar y por fin se duerme. En ese momento el que se quedará despierto y desvelado es el prestamista.

¿Quién se quedará despierto esta noche, Grecia o los acreedores? Qué habrán resuelto los griegos en su referéndum, en esa dudosa y tardía consulta al pueblo acerca de las decisiones que un gobierno debe tomar cuando ya de plano no sabe para dónde hacerse. Traslada la responsabilidad de la decisión a la monja, el obrero, el burócrata, el médico, el estudiante o el empleado de almacén, que con la confusa información que tienen a la mano, habrán votado, como por volado, un SI o un NO que acarreará consecuencias duras e ineludibles para todos. ¿Habrán decidido salirse de la euro zona, para asumir por su cuenta la quiebra del país o permanecerán en la Unión Europea, atados a las condiciones de la tríada formada por el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Económica Europea y el Banco Central?

Hoy están insolventes, sin excedentes y sin control sobre su moneda deben 360 mil millones de euros, cerca de 30 mil euros por persona, incluidos niños y ancianos. Parte de ese dinero lo invirtieron en las instalaciones deportivas, donde se celebró la Olimpiada y que hoy están abandonadas y no producen nada.

Para poder medio entender, me imagino que la quiebra de un país es igual a la quiebra de una familia, nada más que en enormes dimensiones. Las familias y los países pueden quebrar de mil maneras, Balzac pone muchos ejemplos en sus historias de “La Comedia Humana”  y no hay una sola ruta a la desgracia, ni tampoco un solo responsable. La ruta hacia la debacle es lenta y por eso a veces invisible, pero las caídas son vertiginosas e imparables. Las causas pueden ser externas, internas o una combinación de ambas. Siempre traen aparejadas la ruptura, la tensión, mucho dolor y la posible destrucción de una forma de vida que no regresará.

La libertad no es hacer lo que uno quiere, sino lo que uno debe cuando se requiere. El problema surge cuando el correcto proceder se vuelve muy difícil de identificar. Grecia ha transitado en el siglo XX y principios del XXI por toda clase de gobiernos y situaciones políticas y sociales. Fue el pequeño valiente que se negó a aliarse al nazismo, pero también el pueblo dominado por dictaduras violentas y oligarcas ambiciosos que lo dejaron disminuido y baldado, como suelen serlo los hijos de padres dominantes y golpeadores. Ha sido desde luego víctima, pero también generador de la kakistocracia. 

¿Qué tuvo que pasar para que Grecia cerrara los bancos desde hace una semana, para que estén quebrando más de 50 negocios cada día y para que más del 24% de la gente en edad de trabajar esté sin empleo ni posibilidad alguna de obtenerlo? He escuchado decir cosas tales como que los griegos se dedicaron a malgastar y a tirar el dinero, a engañar a los inocentes banqueros de Europa y a los fondos de inversión internacionales. Eso es demasiado simplista. Es como decir que un papá quebró porque sus hijos adolescentes se gastaron su dinero.

Hay responsabilidad de ambos lados. También hay malicia y abuso. Veo una gráfica que dice que solo el 11% del dinero que entró a Grecia se quedó ahí, y que el resto ya regresó silenciosamente al sistema bancario privado francés y alemán desde hace mucho tiempo, ya que los banqueros europeos también organizaron, ayudados por los altos jerarcas de la Unión Europea, un rescate bancario parecido al Fobaproa mexicano de 1995, que trasladó el costo del irresponsables manejo del crédito que los bancos otorgaron a algunos usuarios, al gobierno, este por la vía de impuestos y recortes a la mayoría de los mexicanos.

Los bancos privados alemanes y franceses que le prestaron a Grecia, a tiempo trasladaron gran parte de su deuda al Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera, a quien Grecia le debe hoy 130 mil millones de euros. Los griegos le deben dinero no sólo a los bancos, sino a cada uno de los habitantes de la Unión Europea. El costo de los errores ha sido trasladado a las mayorías.

Sea cual sea la decisión que tomen los griegos, sus socios europeos y el FMI, habrá consecuencias que pagar para ambos lados.