Vida y Milagros

“La eternidad derrotada”

Pues que ya acabó Enero. Y febrero va hecho la mocha. ¡Qué pesados los meses que les ha dado por volar! El calendario y los árboles dejan caer sus hojas de una manera que ya casi considero retadora. Cuando los días vuelan, y con ellos los años y la vida, sentimos lo rotundo que es el decreto condenatorio de nuestra mortandad y nuestra remotísima posibilidad de eternidad. Una vez visité una exposición en un museo en la que se exhibía lo encontrado en la tumba del rey maya Pakal. Todo lo que vi entonces me pareció una oda a la derrota de los sueños de eternidad, no solo de un gobernante, sino de los ilusos humanos.

La exposición presenta las máscaras, joyas, cerámica y otras piezas enigmáticas encontradas en la tumba de Pakal, nacido en Palenque en el año 603 D.C. y fallecido en 683. Pakal vivió 80 años y gobernó 68. Su tumba fue encontrada en l952 por el antropólogo mexicano Aberto Ruíz Lilher. Había permanecido oculta e inviolada durante 1269 años, ubicada debajo del Templo de las Inscripciones en Palenque. Se cree que el rey Pakal la empezó a construir unos años antes de morir, cuando se sintió viejo y el anhelo de eternidad empezó a rondarlo. La tumba es tan pesada y la maravillosa lápida que cubre al sarcófago tan ancha, que es imposible haberla metido cuando el templo ya existía, por lo que se supone que Pakal primero construyó la tumba y luego sobre de ella los ocho cuerpos de la pirámide que la cubren. Los mayas no levantaban templos en calidad de monumentos funerarios, ni criptas secretas.

El caso de Palenque es único. Y es que Pakal fue considerado un dios en la tierra mientras vivió. ¡Cualquiera se cree dios después de gobernar 68 años! Pakal bien que sabía que dios no era, pero imaginó que lo podría ser después de muerto. Y por eso los jeroglíficos de la loza que cubre su sarcófago explican e ilustran los pasos y la lucha que Pakal tendrá que librar para deificarse después de su muerte. ¡Cuántas cosas se nos ocurren a los humanos para querer librarnos de la muerte y su posible condición definitiva! Y digo posible, porque nada sabemos de la posible nada que nos espera con la muerte. De ahí nadie ha regresado a contarnos cómo le fue.

Imagínese el lector, si aquí o en China a cualquier político se le desgobierna el cerebro después de gobernar unos años, como sería la mente de Pakal después de 68 de reinado absoluto. Viendo llegar la muerte, planeó y describió en su lápida funeraria como regresaría al mundo convertido en el dios del maíz. La lápida describe el trance de Pakal antes de lograr su triunfo y regreso; su figura aparece suspendida en el centro de la lápida, a punto de entrar a las fauces de dos serpientes abajo de él, símbolos de las puertas del inframundo al que bajará a luchar para ganarse su derecho al retorno. Por la cabeza, su cuerpo aparece conectado al árbol de la vida simbolizado por la ceiba. El marco de la estela en esa zona era azul, símbolo de la luz del día; en la de abajo, el marco es obscuro, como los dominios de la muerte.

Todo sucede en la parte baja de la estela en medio de ríos de sangre. Pakal flota entre su muerte, su descenso al inframundo y su resurrección, simbolizada por una semilla de maíz que le sale de la boca, de la que él mismo germinará para convertirse en dios. Como buen político, Pakal planeó su permanencia infinita sin sufragio efectivo ni reelección, sino transmutado en dios. ¡Cuándo se iba a imaginar que aparecería con todo y sus cuentas de colores, su pectoral, su máscara maravillosa, y todo lo que le colocaron en la tumba, incluidos sus sueños rotos, en un museo, convertido en momia y expuesto a nuestra irreverente curiosidad! Me asomé morbosamente al cristal que lo cubre, y como José Alfredo Jiménez pensé: “Y tú que te creías el rey de todo el mundo, y tú que nunca fuiste capaz de perdonar...”. Bueno, eso no me consta de Pakal, pero si de por sí perdonar es difícil, la probabilidad de la generosidad del perdón en un gobernante poderosísimo es tan remota como una estrella. Ahí pues estaba Pakal, exhibido inmisericordemente en el museo.

Existen otras dos versiones sobre la tumba de Pakal. Una, que es la tumba de Votan, otro de los nombres míticos dados a Quetzalcóatl, un hombre de gran altura en comparación de las alturas promedio de los mayas. Y es que el esqueleto de Pakal es de un hombre alto. La otra versión, que se hizo popular en los años setentas, cuando se escribió el libro “La nave de los Dioses”, es que Pakal vino en una nave espacial y en ella se fue. Por eso en la estela- dicen a los que les gusta lo esotérico- aparece flotando, relajado, como dentro de una nave en la que no hay gravedad. Que cada quien crea lo que le guste y convenga.

Pakal ordenó que su tumba fuera tapiada para evitar la profanación, llenando el conducto que conduce al sarcófago con conchas, cerámica, piedras, y los cadáveres de cinco hombres y una mujer sacrificados en su honor. Al final de nada valieron sus esfuerzos: todo apareció. La tumba escupió su secreto, así que eso de que uno guardará el secreto de otro como una tumba no hay que creérselo y no debe uno contar lo que no quiera que se sepan, ya que los secretos, como los de las tumbas profanadas, acabarán trasegados en el museo del anecdotario popular, igual que Pakal. Todo eso pensé mientras me asomaba a la réplica del sarcófago con todo y su cadáver de a mentiras y las joyas de verdad de quien en vida fuera Pakal, el rey y dios que vino al mundo, se fue y quiso regresar como un dios. ¡Ay Pakal, me diste ternura! Gracias por dejarnos tus ilusiones y tus máscaras. Al final acabaste siendo de carne y hueso.

Creo que todo político de altos vuelos y tentado a diario por la vanidad, debería de traer en su bolsa una estampita de Pakal, nada más para recordar que nadie saldrá vivo de aquí. ¿Para qué regodearse tanto en las caravanas y cortejos propios del poder? ¿para qué avasallar y para qué guardar tantos secretos? Ni conchas, ni caracoles, ni corazones destrozados impedirán que se conozcan. Al morir alguien revolverá nuestras cosas, pocas o muchas, vaciará nuestros bolsillos, y a rey muerto, rey puesto, por mucho que nos hayamos creído envida ser reyes, dioses o por lo menos especiales. Mejor viajar ligeros de equipaje, con una buena y servicial actitud como tarjeta de presentación, que al final de nuestras vidas nuestra imaginaria eternidad terrenal definitivamente será derrotada.