Vida y Milagros

El desorden territorial y sus consecuencias

Siempre que he visto siameses, seres humanos con dos cabezas y un solo cuerpo, me conmueve y admira cómo es que se ponen de acuerdo para caminar, comer, andar en bicicleta o simplemente vivir. La metrópoli poblana es al revés, como un cuerpo pero con muchísimas cabezas. Puebla ha sido diagnosticada y estudiada bien y suficiente. De nada sirve si eso no se ve reflejado en un programa de desarrollo urbano moderno, audaz y con esquemas económicos que cierren el paso a la brutal especulación con el inmenso territorio, no sólo de la capital del estado sino de los territorios de otros 38 municipios con los que estamos conurbados, aunque igual o más desarmados están el resto de los municipios del estado.

La ciudad de Puebla, fundada en 1531, generó un centro histórico excepcional y hasta los años setentas del siglo XX fue una ciudad razonablemente habitable y armoniosa en su trazo, con 230 habitantes por hectárea, es decir, concentrada, lo que la hacía más fácil de comunicar y atender con servicios. Luego vendría el impacto de la explosión demográfica, la ausencia total de planeación, los ejidos rodeando las ciudades regidos por leyes obsoletas y el priismo clientelar de entonces aprovechando el vacío que permitía invasiones y luego regularizaba a cambio de incorporaciones a su partido u organizaciones satélites.

De las 56 mil hectáreas que forman nuestro municipio, hoy hay más de 22 mil urbanizadas con sólo 70 habitantes por hectárea; es decir, la ciudad se extendió y dispersó sin orden ni ley; generó colonias sin servicios, sin áreas de donación para deporte y recreación y sin transporte accesible. No hubo talento colectivo para reformar las leyes a tiempo y crear instrumentos de planeación modernos, al servicio de la sociedad y no de los especuladores de la tierra, que siempre saben encontrar el hueco en las autoridades para dar sus tiros de precisión a tiempo para hacer grandes fortunas a costa del orden de la ciudad. Los servicios de mediana calidad fueron abandonados y sustituidos por una mancha urbana plana, de un piso, voraz, desordenada y caótica.

No sólo pasó en Puebla, el país todo creció así. Ha habido varios intentos de poner orden, uno en tiempos de Colosio en Sedesol, con una propuesta del “Plan para Cien Ciudades”, pero nadie ha retomado esa idea. Por el contrario, la última expropiación importante que se hizo en la metrópoli poblana para crear la reserva de supuesto ordenamiento urbano “Atlixcáyotl-Quetzalcóatl”, despojó a campesinos y pequeños propietarios de sus parcelas sin hacerlos partícipes del negocio inmobiliario de esa zona en la que solo se beneficiaron políticos y empresarios. 

Los municipios que forman parte de las muchas cabezas de la metrópoli no cuentan con programas de desarrollo modernos y armoniosos; son obsoletos, incongruentes entre sí o de plano inexistentes. Consecuencias: especulación con la tierra a costa del subsidio público, extensión desordenada del transporte y el colocar desarrollos inmobiliarios a gusto de los desarrolladores.

La falta de ordenamientos claros y precisos y el desbordamiento de la ciudad han traído como consecuencia que un número altísimo de habitantes gasten un porcentaje alto de sus salarios en transporte.

La administración de Eduardo Rivera no priorizó y no logró sacar a tiempo la actualización del programa de desarrollo que nos rige; no se lograron los consensos con las autoridades estatales para emitir el nuevo ordenamiento. Sí se logró que por lo menos los límites entre Puebla y San Andrés de definieran, teniendo que materialmente arrear al Congreso para que después de 20 largos años emitieran los límites definitivos.

Es un gran logro de gestión gubernamental el que Audi decidiera instalarse en Puebla, pero ese logro debe obligadamente de ir acompañado de un plan de ordenamiento.

La Secretaría de Desarrollo Rural, Sustentabilidad y Ordenamiento Territorial y el Congreso del estado tienen la obligación de concertar un ordenamiento de todo el territorio poblano. Los municipios ya no pudieron solos. Necesitan ayuda inmediata y profesional en planeación y ordenamiento. Necesitan de una coordinación que sólo puede emanar del gobierno del estado. ¿Qué espera el Congreso para verlo? ¿Qué la SDRSOT? ¿Qué esperan los alcaldes para unirse y generar esos ordenamientos indispensables para una sana convivencia intermunicipal? ¿Qué esperan los cuerpos intermedios, cámaras y universidades para pedir al poder ejecutivo y legislativo que cumpla con esta obligación básica de esos dos poderes? 

verónicamilenio@yahoo.com.mx