Vida y Milagros

La otra cara

En 1970 en cada hectárea había 230 habitantes, hoy la densidad es de 66 habitantes por hectárea

“Gorda, ineficiente, distante, desconectada, chaparra, costosa, dispersa, desperdiciada, gritona, injusta....”. No estoy describiendo a una persona, sólo nombrando algunos de los atributos que nuestra también hermosa ciudad de Puebla tiene.
Puebla, de recién nacida y por casi cuatrocientos años, fue una ciudad con un entorno tan espléndido que aún ahora hay tardes que nos quitan el aliento si por un rincón abierto entre los edificios o espectaculares podemos ver a sus volcanes, o mirar a la luna meterse entre ellos a las diez y media de la noche. Su cielo y su luz, muchos lugares de su Centro Histórico o rincones inesperadamente bellos, nos recuerdan que fue una ciudad bien pensada.
Sin embargo, hace dos semana releí datos duros que describen los problemas que hoy aquejan a nuestra ciudad, así como algunas de las explicaciones que los técnicos encuentran para este despropósito en que la hemos convertido a partir de los años cincuenta del siglo pasado. Van los datos.
En los años cincuenta empieza el ataque frontal a la planeación original de la ciudad. La parte del río San Francisco que cruzaba la ciudad se encontraba altamente contaminada con el drenaje de la ciudad. En los años sesenta, los hermosos y emblemáticos puentes que unían el centro con la parte de San Francisco y el Alto, fueron derribados y el río, entubado.
Entre los años sesenta y setenta, el trazo originario de la ciudad se empieza a perder y muchos magníficos edificios son derribados para construir esperpentos como el edificio de Woolworth, el Sanborns, el Gilfer, el Banco de Puebla. Puebla se va volviendo fea e inarmónica.
El polígono de la ciudad de Puebla mide 56 mil hectáreas. En 1970 la ciudad ocupaba 2 mil 200 hectáreas. Hoy hemos ocupado de manera ineficiente 24 mil.
En 1970 habitaban el Centro Histórico cerca de 300 mil personas, hoy lo habitan cien mil.
En 1970 en cada hectárea había 230 habitantes, de manera que las calles y sus servicios estaban mejor aprovechados. A partir de entonces la ciudad se empieza a dispersar y hoy la densidad es de 66 habitantes por hectárea. Por eso es gorda e ineficiente.
En 1970 la ciudad tenía en promedio entre dos y tres pisos. Hoy es mayoritariamente de un piso, es decir, se volvió chaparra.
Se tienen contabilizados 10 mil terrenos baldíos además de cerca de 60 mil predios con construcciones abandonadas o subutilizadas.
Ocho mil hectáreas de la ciudad están en el norte, en la zona de la Malinche, cuyo uso de suelo original, bosque, ha sido totalmente trastocado. Nuestra fábrica de agua está agotada y el hipotético Parque Nacional de Coníferas, prácticamente ha sido arrasado.
En 1970 había un parque a 500 metros de cada colonia, hoy tenemos un déficit de seis metros cuadrados por habitante en las áreas urbanizadas.
En 1970 las colonias no se construían amuralladas y colindaban unas con otras, así que había un grado razonable de tejido social. Hoy se construye la ciudad aislando con bardas y trincheras los tamaños de la desconfianza y las diferencias sociales.
Hoy pocos tienen mucha agua y muchos tienen poquita o nada, antes el agua venía de la Malinche, hoy la arrancamos a otros municipios y desperdiciamos cerca del 40 por ciento en las redes mal mantenidas. La red de alumbrado público municipal pierde 30 por ciento de la energía debido a la fatiga de los cables y redes ineficientes.
Puebla genera anualmente 350 mil toneladas de basura en las casas y 100 mil en la industria. Reciclamos sólo lo que corresponde a cinco días al año. El resto lo mal enterramos. Por eso es una ciudad botarate e irracional.
Esa es la cara fea de la ciudad. Hay que verla de frente y reconocerla, para saber cómo es aquello que no es bueno ni deseable, para entender qué hicimos mal y por qué, de manera que se puedan generar soluciones para construir una nueva armonía. Por lo pronto, tanto el gobierno del estado como el actual ayuntamiento de Puebla así lo han entendido y con base a eso planifican: la palabra clave es REDESINFICAR, o sea, primero que nada, adelgazar para evitar un infarto masivo al corazón de la capital del estado.