Vida y Milagros

Cinco arrepentimientos

Es útil saber que independientemente de en qué etapa de la vida nos encontremos, es inútil vivir con arrepentimientos.

Creí que no escribiría hoy. ¿Quién escribe y quién lee el primer día del año, ebrios aún de festejos y sobredosis de temporada navideña, deseando alargar el momento antes de hablar y lidiar con la amenaza de un mal año para nuestro país y el mundo? Eso pensaba cuando me topé con un envío que me animó a hacer el esfuerzo de sentarme ante el teclado para traducirlo y compartirlo con los raros ojos de un lector que se anima a leer el 2 de enero.

La revista "Collective Evolution" publicó una reseña escrita por Joe Martino acerca del libro de una enfermera de cuidados paliativos para enfermos terminales. "The five top regreats of the dying", Los cinco principales arrepentimientos de los moribundos".

Antes de entrar a la lista es bueno retomar el concepto de "arrepentimiento". Es útil saber que independientemente de en qué etapa de la vida nos encontremos, es inútil vivir con arrepentimientos. El arrepentimiento es un sentimiento innecesario, que sólo nos deja sufrimiento sin ganancia, pues al atarnos a él permitimos que sea el pasado el que dicte el cómo debemos sentirnos en el presente. En cambio, sí podemos usar el pasado como un punto de referencia para entender los ajustes que debemos hacer para seguir adelante con una vida razonablemente feliz. Los ajustes no tienen por qué surgir del dolor o un juicio permanente hacia nosotros mismos, pero sí de elegir hacer las cosas de manera distinta a las conductas del pasado que hoy nos disgustan. La vida es un aprendizaje permanente, pero detenemos ese proceso natural cuando nos aferramos al arrepentimiento. Cuando haya necesidad de cambios, lo mejor es hacer las paces con el pasado y recordar que cada momento de la vida nos ofrece una nueva elección. Hacerlo puede salvarnos de vivir y morir arrepentidos.

Los cinco arrepentimientos dominantes:

1. Desear haber tenido el valor de vivir la vida de acuerdo a lo que verdaderamente queríamos y no de acuerdo a lo que otros esperaban de nosotros.

Este es el más común de todos los arrepentimientos, tanto en hombres como en mujeres. Cuando la salud falta y el tiempo se acaba, se cae en la cuenta de que la salud otorga una libertad de la que pocas veces estamos conscientes. La mayoría de las personas no realizaron muchos de sus sueños debido a decisiones que se tomaron más en función de los demás que de lo que realmente deseaban.

2. Desear no haber trabajado tanto.

Este sentimiento fue mucho más frecuente en los hombres que en las mujeres. Más hombres que mujeres lamentaban haberse perdido la niñez y la juventud de sus hijos y muchas veces también la compañía de sus parejas. Algunas mujeres también hablaron de este sentimiento, pero las entrevistadas fueron mujeres de generaciones anteriores, en las que el trabajo fuera de casa no era tan demandante para las mujeres como lo es ahora. Cada día más mujeres se empezarán a arrepentir también de esto.

3. Desear haber tenido el valor para expresar con claridad los sentimientos y emociones.

Las personas suprimen a lo largo de su vida mucho de lo que sienten para llevar la fiesta en paz, confundiendo una sana prudencia con la represión de lo que se piensa y siente. Como resultado se instalaron en una mediocre existencia y nunca llegaron a desarrollar sus verdaderas capacidades. El artículo documenta que muchas personas que no se atrevieron a expresar sus sentimientos desarrollaron enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento.

4. Desear haber conservado a sus buenas amistades.

Muchas personas no se dan cuenta de la importancia de conservar a los buenos amigos hasta que están viviendo una enfermedad terminal, cuando ya es imposible recuperar a las amistades perdidas o abandonadas a lo largo de la existencia. Muchas personas manifiestan haberse centrado demasiado en sus vidas familiares y sus trabajos, olvidando a las amistades doradas, las que suelen iluminar y enriquecer la existencia. Hay un profundo arrepentimiento por no haber dado a las amistades el esfuerzo y el tiempo que se requiere para conservarlas. Casi todos los enfermos terminales extrañan profundamente a sus amigos, cuando ya no hay tiempo de recuperarlos y cuando ya han pasado una larga parte de la vida sin ellos.

5. Desear haberse permitido ser más felices.

Este es un sorprendente sentimiento compartido por hombres y mujeres. Muchas personas no se dan cuenta hasta casi el final de sus vidas que la felicidad puede ser una elección consciente. Se quedan atadas a viejos patrones y hábitos aprendidos, entre ellos el del amargue o la melancolía permanentes. La zona de confort o familiaridad con una forma de vivir y sentir arrasó con sus vidas, sin tomar consciencia de ello hasta que fue demasiado tarde. Muchas personas manifestaron que el miedo al cambio los mantuvo pretendiendo ante otros y ante sí mismos que estaban contentos, aunque en el fondo, muchas de estas personas deseaban que un milagro o un evento exterior trajera algo de locura, felicidad y emoción a sus vidas. La mayoría de las personas lamentaban esto cuando sabían que su tiempo de vivir había llegado irremediablemente a su fin.

Es bueno recitar para nosotros mismos o a quien quiera escucharnos lo que escribió el poeta Jaime Sabines:

"Si sobrevives,

si persistes, canta,

sueña, emborráchate.

Es el tiempo del frío: ama.

Apresúrate. El viento de las horas

barre las calles, los caminos.

Los árboles esperan: tú no esperes,

Este es el tiempo de vivir, el único".