Vida y Milagros

Vivir y beber

Hugo Hiriart ingresó en la Academia Mexicana de la Lengua el viernes pasado en una sencilla ceremonia en el recinto central del Museo de Antropología e Historia del DF, teniendo como marco espléndido el enorme y luminoso cuadro de Tamayo del jaguar y la serpiente emplumada. ¡Qué cuadro! Sólo por verlo vale la pena volver a pisar el museo. Hugo Hiriart es extraordinario por muchas razones. Estudió filosofía pero se dedicó a las letras, es escritor, pintor, crítico literario y un excelente dramaturgo. Es extraordinario también porque hace ya más de 24 años que dejó de beber y se asumió públicamente como alcohólico en un pequeño libro que se llama “Vivir y Beber”, publicado por primera vez en 1989.  

Este libro es una pequeña joya para aquellos que tienen problemas de alcohol y también para aquellos que conviven a diario con quienes padecen esta difícil y poco asumida enfermedad. Dice Hugo que mucha gente bebe porque cree que tiene problemas, pero eso no es cierto. Todo mundo tiene problemas, pequeños y grandes y no toda la gente bebe porque los tiene. La verdad es que el problema medular del alcohólico es dejar de beber, porque si no lo hace no podrá resolver los muchos problemas que tiene.  

Quienes llevan muchos años bebiendo o viviendo junto a quienes toman de manera compulsiva tienen muchas maneras erróneas de abordar el problema. El que bebe no puede imaginar un mundo sin su amada bebida, es decir, no puede imaginarse sin ser alcohólico, o por lo menos una vida en la que ya nunca exista el alcohol. Los que conviven con una persona alcohólica, ya sea padre, madre, hijo, pareja o amigo, creen que es a base de exhortos bien intencionados ,chantajes truculentamente conducidos, discursos elocuentes, enojos y reclamos o infinidad de estrategias más, como podrán librar de las garras del alcohol a quienes anhelan rescatar.  

Es difícil para cualquier persona entender que para una persona adicta, en este caso al alcohol, la botella es lo más importante para quien padece está común pero poco aceptada enfermedad. Suena crudo decirlo y sobre todo entenderlo, pero la botella es la prioridad del alcohólico. La botella es su pareja más querida, el amor de su vida. Es difícil también aceptar que la llave que abre o cierra las puertas del control del alcoholismo solo se usa desde adentro de quien es víctima del problema. Nadie de afuera tiene la llave ni puede abrir o cerrar esa puerta a patadas o empujones. Tampoco con una llave universal, mágica y maestra. Nada de eso existe. Nada. Entenderlo es un buen paso para los que conviven con una persona alcohólica.  

El libro de Hiriart, “Vivir y Beber”, es un manual inteligente y sencillo pero certero como bala de francotirador para entender y abordar de manera inteligente este problema de tan difícil solución. Puede ser, como él mismo lo dice, el punto del hilo que permite salir del obscuro laberinto del alcoholismo hacia la luz de una vida razonablemente normal y feliz en la que los problemas cotidianos si se pueden ir resolviendo.  

El libro ofrece de manera amable y coloquial una explicación a todos aquellos que no entienden el problema de beber compulsivamente. Y es, por supuesto, una guía para hallar la salida a la dependencia forzada del alcohol. Dice “forzada” y dice bien. Nadie elegiría ser alcohólico por gusto, y esto es algo que cuesta mucho trabajo entender y aceptar a los que están fuera del problema pero viviendo junto a él. Hugo enseña a entender con sencilla sabiduría los complicados mecanismos de la enfermedad. Sí, también dice ENFERMEDAD. No dice necedad, vicio, tontería, estupidez, maldad, travesura, pesadez o contumacia... dice enfermedad. Y también dice otra cosa que no por oída debe omitirse: esta enfermedad no se cura, solo se controla.  

¿Con qué autoridad escribió Hugo Hiriart este libro? Él mismo lo dice: -No tengo otra autoridad para hablar del alcoholismo que el haber sido yo mismo una persona que bebió durante muchos años con singular tesón, fervor inusitado y loco frenesí, como lo hace una persona que no bebe ya por gusto sino por necesidad, que bebe para estar menos triste, tenso, nervioso, angustiado o miedoso. Bebe sin control porque perder el control sobre la bebida sucede  

El libro tiene eso, nos ofrece la verdad amarga del alcoholismo como una flor abierta, y al final nos deja con una idea clara de la enfermedad y las formas posibles de actuar contra ella. Lo interesante es que el libro no surgió de médicos, curas, psicólogos o científicos; surgió de los mismos alcohólicos, de un aprendizaje colectivo que muchos se han atrevido a compartir. El libro es una luz en la obscuridad. Se puede salir del alcoholismo. Se puede aprender a acompañarlo. Se puede no siendo tan orgulloso ni tan cerrado. Se puede compartir lo que sucede, se puede salir de las idas y vueltas de la botella; se puede también dejar de intentar abrirlas y cerrarlas por otros. Se puede, viviendo en el presente y solo por hoy.   

*** Vivir y beber, Hugo Hiriart,Ediciones Cal y Arena, 1989