Vida y Milagros

Reforma política: de nuevo nos vieron la cara

Dicen que los pueblos tienen los gobiernos que se merecen, pero creo más bien que tenemos los gobiernos que se nos parecen. La materia prima de la que emanan los gobiernos es la misma, por eso en cada partido tienen sus buenos, sus regulares, sus malos, sus pésimos y los que de plano pertenecen a la tierra absoluta del mal. Todos son mexicanos, no marcianos, ni importados de otros países.
El patrimonio de lo bueno y lo malo no es de ningún partido en particular ni las mañas tampoco porque finalmente las formas de hacer política nos vienen de muy lejos, de la explosiva mezcla de hacer política de la madre patria española de hace quinientos años y la muy brusca manera de relacionarse de los pueblos originarios que habitaban lo que hoy es México.
En el siglo XX postrevolucionario, se consolidó la marca PRI de hacer política, marca que de una u otra manera todos los partidos conocen, imitan, componen o descomponen de acuerdo al menú de la semana. Por eso el trasiego de cuadros va de un lado a otro y el himno de todos los partidos podría coincidir con la canción de Parchís: "hoy soy la ficha roja, hoy soy la ficha azul, hoy yo soy la amarilla, ahora dime ¿qué eres tú?".
Se esperaba que la reforma política le diera aire a la ciudadanía fuera de los partidos políticos, es decir, que se rompiera el monopolio de los partidos sobre los procesos electorales vía candidaturas ciudadanas viables y se acotara el enorme subsidio que se da a los partidos, de manera que las candidaturas ciudadanas tuvieran capacidad para competir en condiciones equitativas. ¡Poco de eso pasó!
La reforma política no les quitó ni un centavo a los partidos, ni tampoco volvió más riguroso el método mediante el cual se crea un nuevo partido político, es decir, una nueva sanguijuela.
En nuestra constitución política vigente desde 1917 quedaban claras las reglas para poder aspirar a un cargo de elección popular, y en ningún lado se marcaba la obligatoriedad de pertenecer a un partido político. Fueron las leyes secundarias las que tramposamente ponían el candado de tener que competir siempre por medio de un partido.
Jorge Castañeda tuvo muy claro este abuso y desatino anticonstitucional cuando en 2005-2006 se le impidió competir de manera independiente por la Presidencia de la República. Todo el sistema electoral, consejo, partidos y tribunales, cerraron filas para impedir que hubiera extraños en el paraíso. Castañeda se amparó, combatió el fallo adverso en cortes internacionales en donde finalmente se le dio la razón jurídica; los partidos y diputados nos prometieron escuchar las voces de muchas personas que han trabajado a favor de un sistema electoral más moderno y menos atado a las franquicias partidistas. Nos dijeron que en la reforma habría modificaciones de fondo, pues en la reforma política aparentemente se quita el candado y se dice a los ciudadanos: "anda, mi pobre angelito, ve, compite por tu cuenta". ¡Sí, cómo no! Pero a los partidos se les siguen otorgando las participaciones, muchísimo dinero contante y sonante para mantener sus estructuras y pagar las horrendas movilizaciones.
La inequidad es tan grande como lo sería una final de futbol en el estadio Azteca entre un equipo llanero, sin uniformes, sin preparación suficiente y sin director técnico, contra el América. Ni saliendo dos horas antes a la cancha ganaría el equipo llanero. Así quedó el nuevo código reformado, lo cambiaron y aprobaron los partidos con toda maña para seguir igual.
Seguirá la desvinculación y compromiso de los diputados con sus electores, su reelección no dependerá de su buen desempeño en el cargo sino de su complacencia y disciplina hacia los controladores de sus partidos. Por eso ahora las elecciones internas partidistas seguirán siendo encarnizadas.
El espectáculo de lucha libre que hoy están dando los panistas en su elección interna sólo se entiende pensando en el dinero de subsidio partidista que hay de por medio. El PAN era otro cuando no recibía subsidios. Era un partido con dignidad y con principios. También lo fue el PRD que fundara Cárdenas, aunque muy poco les duró la civilidad antes de volverse caníbales.
Mientras los partidos sigan de mantenidos con el dinero de nuestro IVA, nuestro ISR y demás hierbas, las candidaturas ciudadanas serán sólo un primer paso para cruzar un enorme y ardiente desierto, descalzos y sin cantimplora. ¡Bien por su reforma, señores diputados de todos los partidos. ¡Sus "institutos políticos" están a salvo por otro rato!