Vida y Milagros

“La cofradía del santo reproche”

La Cofradía del Santo Reproche ha entrado en sesión. ¡Es hermosa esa cofradía! ¿Qué sería de un pleito de enamorados sin un rosario de quejas que quizás lleven a ajustes y reconciliación?

En esta ocasión, la Cofradía quiere cosechar y dar algún valor a los votos nulos de las boleta electorales. ¿Anular un voto no es un mudo y enérgico reproche materializado en una cruz que abarca toda la boleta? Si lo es, pero no abunda, no da en el clavo, no tiene consecuencias. Los voto nulos de la elección de junio traerán dedicatoria para las diez franquicias que nos han vapuleado con sus comerciales babosos, pero no conducirán a ningún cambio, ni creará un vínculo entre los que marquen la gran cruz, porque cada quien trae en mente las causas de su particular descontento, pero son desconocidas para los demás. 

Los que fuimos educados en la cultura del valor del voto y el derecho a ejercerlo y hacerlo respetar, nos encontramos ante el dilema de ir o no ir a votar o de ejercer el voto nulo. Los que creímos en la construcción de mejores gobiernos por medio de un sistema electoral que funcionara con equidad, certeza, legalidad y demás adornos, tuvimos una corta luna de miel en el año 2000, y luego muchas amargas decepciones.

Dos presidencias panistas, muchas gubernaturas de alternancia provenientes de PRD, PAN o Verde, el regreso del PRI, las nulas diferencias de fondo entre los “franquiciatarios” y sus modos de gobernar tan parecidos, la división de las izquierdas en cuatro grupos casi idénticos, y el surgimiento de nuevos partidos con más boquitas voraces que alimentar y de ajuarear con casita, casota, yate o palacete, han acabado por hartar a gran parte de los electores. 

¿Qué oportunidad tenemos para decirles a los partidos que no nos gustan? En este matrimonio mal avenido no hay mesas de mediación y la única oportunidad civilizada de manifestar el descontento va por dos vías: el abstencionismo o el voto nulo. ¿Tanto gastar en el INE y los partidos y ni siquiera podemos decirles nada? El derecho a una sola cruz tachadora en ese papel no compensa el viacrucis ciudadano de mantener a los partidos, aguantar sus pleitos y divisiones internas y externas, contemplar sus traiciones y escuchar sus falsas promesas que el futuro se encargará de desmentir la mayoría de las veces.

Quisiéramos voz, quisiéramos más que una X roja en la boleta. ¡Existe la opción de institucionalizar a la Cofradía del Santo Reproche! Esa gran institución  de la queja fue nombrada así por Joaquín Sabina, mi poeta, cantautor y filósofo entronizado en mi más íntimo altar personal junto con José Alfredo Jiménez. 

Con una sola crucecita no podemos aquietar ni expresar nuestras altas y bajas pasiones ciudadanas ¡NO! Hay que poner nombre y apellido a nuestras quejas y peticiones. Que el INE abra un buzón con las siglas CSR, a donde podamos enviar el listado de nuestros reproches más amargos hacia los partidos y el sistema electoral, así como nuestras solicitudes de modificación de las conductas más odiadas. 

Que cada voto nulo sume para gestionar una pauta en medios en donde se divulguen las quejas más sonadas, pertinentes y sentidas. Cada diez mil votos nulos se juntan para publicitar una queja. Las quejas de la cofradía podrían recibirse en el INE por mail o en las delegaciones estatales durante todo mayo. Cada quien mande las quejas que tenga, y las siglas CSR englobarán a todas las quejas.

Anular el voto no es suficiente, pero el que haya un listado oficial de reproches simbolizados por el tache, puede darle contenido a la frágil X de nuestro descontento. No quiero dejar de ir a votar. No votar nos vuelve aún más anónimos y silenciosos. Es como sufrir calladamente maltrato emocional y físico sin hacer nada. El puro voto nulo a secas no me convence, pero el ejercer el voto nulo sabiendo que nuestra X respalda una lista, no sólo de quejas, sino de propuestas de cambio en el sistema electoral, quizás nos conduzca a algo interesante. Que por cada número de votos nulos, el INE divulgue “Los mejores reproches enviados al INE”

Mis reproches favoritos:

1) Odio los anuncios y espectaculares políticos colocados en espacios públicos y equipamiento urbano. Que se respeten los árboles, las playas, los parques, los postes, todo lo que es espacio público. Que queden prohibidos para siempre en todo el país, sin excepciones.

2) No quiero dar dinero de mis impuestos para mantener estructuras partidistas. Que los partidos se mantengan solos y de manera austera. 

3) El candidato que haga trampas debidamente probadas no debe de llegar al cargo que busca, aunque haya ganado, aunque hayan sido trampitas chiquitas. Que el castigo sea la pérdida del cargo o del registro, no el pago de multas con dinero.

4) Que el partido que haga cualquier irregularidad grave contemplada en la ley, pierda el registro, sin excusas, sin pretextos.

5) Que los spots de radio y TV sean sustituidos por debates obligatorios y propuestas puntuales de los candidatos sobre cosas específicas. No nos interesa el tamaño de sus corazones sino de sus cerebros.

6) Que quien esté ejerciendo un cargo de elección popular no puedan abandonarlo para irse a otro cargo de elección popular. No a los chapulines.

6) Si pagué por entrar al cine, no quiero ver anuncios políticos.

7) Que los partidos no llamen nunca a teléfonos personales para hacer propaganda.

8) Que el Verde deje de mandar regalos a las casas y de afiliar a personas sin la autorización de las mismas.

9) Que los partidos como el Panal, ligados a un sindicato que recibe dinero público, desaparezcan.

10) Que en los anuncios no nos digan cuántos hijos tienen, ni si son felizmente casados, ni que son muy lindos. 

Queremos conocer sus agendas públicas, no sus sueños. Que sueñen en su casa.

Escribamos al INE de Leonardo, el corazón de alcachofa, y llenemos nuestro buzón de quejas con copia a los partidos peor comportados, hagamos oír nuestra petición de divulgarlas. Démosle voz al voto nulo. Queremos queja, reproche, chipote con sangre, queremos respuestas, algo que les haga ver a los partidos que del otro lado de la mesa hay una ciudadanía viva, pendiente y sesionando...