Vida y Milagros

Génesis Carmona: un silbato y una bandera

No creo en los dictadores, no me importa cuál sea la causa social que defiendan. Los movimientos sociales y la construcción de mejores condiciones para las mayorías de un país están en cada uno de nosotros, no encarnados en una sola persona. Mal asunto cuando el bienestar de todo un pueblo o de una nación queda en manos de un iluminado y su siempre corto, pero bien armado grupo de seguidores.

Buena era la causa de Fidel Castro contra la dictadura de Batista, mala cuando él se volvió la única persona calificada para gobernar Cuba a lo largo de 50 años. Y ahí sigue, con su hermano, manejando la isla a perpetuidad como si en ella no hubiera más talento que el de su cerebro, como si la muerte no fuera a llegar a cosecharlo como lo hará con todo ser viviente. Y ahora ahí está el caso de Venezuela. Chávez creyéndose el iluminado que le daría el bienestar a la mayoría de los venezolanos, negándose a aceptar que también la muerte había llegado a tocar a su puerta, planeó con su grupo y la asesoría del eterno Fidel, cómo seguir gobernando después de muerto.

Maduro se erigió en heredero diciendo que "recibió" un mensaje del más allá de parte de Chávez, cuya imagen, no contentos con que estuviera hasta en el último rincón de pueblos y ciudades, ya se encuentra también entronizado en categoría de beato adentro de varias iglesias. Ahora miles de personas en Venezuela han decidido que la participación en el manejo de los asuntos públicos no puede seguir estando en las manos de un grupo de militares, por mucho que aleguen hacerlo en favor de las mayorías. Las mayorías deben de estar representadas de la mejor manera, de la más amplia posible, de la manera más laica y civil posible. Que en su casa cada quién crea en lo que más le convenga; el quehacer público no debe de estar en manos de milicias ni de élites religiosas. Sus lugares y sus tareas están en otra parte.

En esta era en que el mundo se comunica de manera tan fácil por las redes sociales, es ya insostenible que el ganador de las últimas elecciones de Venezuela, Nicolás Maduro, pretenda mantenerse en el poder al más puro estilo de los tiempos de Chávez, tan cerca y tan lejos ya de la realidad de hoy. Miles de personas pueden estar contentos con las políticas del actual gobierno, pero otras miles que no lo están decidieron empezar a hablar y manifestarse de manera pacífica exigiendo cambios. Y es en las universidades donde la decisión de salir a las calles se hizo más patente.

Hace apenas unos días, la muerte escogió para hacerse notar aún más, a Génesis Carmona, estudiante universitaria de 22 años, exreina de belleza de Turismo de Carabobo, quien saliera a marchar junto con otras tres mil personas, en apoyo al movimiento "Voluntad Popular". Cincuenta miembros de las milicias del Colectivo Chavista manejando motocicletas rodearon la manifestación y abrieron fuego de manera indiscriminada contra la multitud. En medio del pánico y el desorden, una de las balas alcanzó a la joven en la cabeza. Ha habido otros muertos, pero ha sido la muerte de esta bella muchacha la que ha movido más el resbaladizo tapete del grupo de Maduro, quien ayer por la mañana invitó a la población a iniciar un diálogo que ni siquiera se le hubiera ocurrido hace unos meses, cuando por una nariz y con toda la fuerza del aparato del estado detrás de él, ganó las elecciones.

Los disturbios y las manifestaciones han dejado ya varios muertos y numerosos heridos. Lo primero que intentó el grupo de Maduro fue culpar al contrario, así que ordenaron la detención del joven líder Leopoldo López, deseando en el fondo no encontrarlo, pues ya preso se les vuelve una papa caliente. El mismo López declaró que el gobierno de Maduro le sugirió, antes de entregarse acompañado por una multitud en una plaza pública, que pidiera asilo en una embajada. "No soy culpable de nada, no tengo porqué esconderme", dijo López, y prefirió entregarse.

Se le culpaba, entre otras cosas, de haber provocado indirectamente la muerte de Génesis Carmona y otras tres personas. Los amigos de Génesis cuentan que salió a la calle llevando en las manos un silbato y una bandera. Iban también con ella su belleza y sus ideales de un mejor gobierno para su país, similar a los de otros jóvenes en el mundo, que salieron a las calles sin saber que no regresarían con vida a sus casas.

Sucedió en la Plaza de Tlatelolco en México, en Checoeslovaquia y en París en 1968, en la Plaza China de Tiananmen en 1989, sucedió en la Cuba de Batista en 1959, sucedió en la Cuba de Castro, sucede en Siria, sucede en Venezuela y seguirá sucediendo cuando la gente busque cambios que solo se logran entre todos y no por los designios de dictadores y minorías.