Vida y Milagros

Corazones y árboles  cerrados  por derribo

No sé si para ustedes los árboles sean referentes para guiarse dentro de la ciudad. Para mí lo son. Cuando los edificios y casas que llenan  las calles  se tiran, cambian o modifican, a veces el único referente en ese espacio que nos fue familiar pueden ser sus árboles. En Puebla hay una larga avenida que antes se llamó “de La Paz”- hermoso nombre- que le cambiaron por el repetidísimo de Avenida Juárez , en honor al belicoso prócer, como si no sobraran plazas, calles, parques, escuelas, edificios y  hospitales con el nombre del señor. Méritos tuvo Juárez, pero más mérito es invocar y conservar la paz, que ni en el nombre de una avenida supimos respetar. Esa avenida fue diseñada con amplias banquetas y un ancho espacio junto de ellas, en donde se sembraron a partir de 1940, fresnos, jacarandas, chopos y palmeras de altura. La avenida era sombreada y majestuosa desde que yo la recuerdo. Los árboles pueden lograr que un lugar se nos vuelva entrañable. Así, entrañable, era la Avenida de La Paz que recuerdo. Coincidentemente, con el cambio de nombre  se le declaró la guerra a los árboles y a la armonía de la avenida.

Uno a uno han ido cayendo especies  de 60 o 70 años, invocando su peligro o la necesidad de usar las áreas verdes y públicas para estacionamiento, al fin que lo que es de todos en esta ciudad, acaba siendo de nadie pues no hay sentido de comunidad ni pertenencia colectiva de, por ejemplo, los árboles. Incluso se ha esgrimido como motivo de derribo el que luzcan las horribles fachadas de restaurantes o antros transitorios. Dueños o alquiladores de espacios para agencias de coches, restaurantes, tiendas, oficinas o lo que sea, aprovechan la  noche o  el fin de semana para hacer sus desmanes, justo  como lo hacen los ladrones que esperan  a que las autoridades se distraigan para dar sus golpes.

La semana pasada, en otro lado de la ciudad,  sobre la avenida 15 de mayo, el camellón lucía su nueva desnudez. La víspera, de viernes a sábado, una empresa derribó más de cuarenta árboles de los 78 que pensaban tirar,  argumentando la necesidad de quitarlos por renovación del pavimento. Una a una fueron llegando por las redes las fotos de árboles talados. Los que no valoran a los árboles, ven burro y se les ofrece el viaje, así que alguien, en la  calle de Fuente de Trevi esquina con 15 de mayo,  aprovechó  el desorden para de una vez  tirar un inmenso laurel de 50 años.

Vi las fotos de su enorme tronco  tirado  en el suelo o ya  en trozos  trepado en un camión .  Un caso típico de remodelación vial hecha por una empresa abusiva, irresponsable y sin mayor supervisión,  que tira para facilitarse a sí mismos su trabajo. Los argumentos del permiso que apareció el lunes, después de que se alborotaron los vecinos,  señalaban, entre otros,  que los árboles eran demasiado frondosos. Si les sueltan el ahuehuete de Oaxaca de dos mil años,  seguro lo tumban.  ¿Y las autoridades? Bien gracias. No encontramos a ninguna hasta el lunes por la mañana, cuando ya habían derribado 40.  No tengo duda de que a veces es necesario podar o derribar un árbol, existen riesgos reales que deben evaluarse, pero para eso hay procedimientos muy claros en el Coremun. Primero se hace un dictamen, y luego, nobleza obliga, se participa a la comunidad de las causas fundamentadas para la poda o derribo. En el caso de la 15 de mayo, no se tomó en cuenta a los vecinos, ni se les avisó, ni consultó.  Los de la empresa llegaron, vieron y talaron al más puro estilo de los bárbaros. Ni cortesía ni comunicación de parte de la empresa o la autoridad. Las empresas que trabajan para el gobierno suelen actuar así porque saben que las autoridades son las primeras que no solicitan permisos de nada para sus obras públicas. Palo dado ni Dios lo quita. Todo fue dejado en manos de la empresa y el resultado es que muchos árboles sanos y útiles fueron derribados durante un amargo fin de semana en que las autoridades brillaron por su ausencia. Ahora han aparecido para hacer muchas promesas: que reforestarán con mejores especies, que dejarán todo como estaba y hasta más bonito. Y yo me pregunto: ¿Cómo recuperar por decreto los cincuenta años de silencioso crecimiento de un laurel que daba algo de armonía y serenidad a la calle. Fui a darme una vuelta el martes;  me dolió el perturbador vacío dejado por los árboles y  el irresponsable actuar de empresas salidas de quien sabe donde, a las que la vida de árboles ya logrados les parece poco importante.

 El camino, creo yo, es otro: avisar a la comunidad, revisar con cuidado cada acción contra un árbol para que no se haga nada al capricho o el criterio de los mandos de hasta abajo, que al final son los que reciben las mentadas. Los de arriba no aparecerán jamás en el campo de batalla.

 Si los contratistas  actúan de noche, formemos una red que actúe de noche. Si tienen poder para hacer maldades, tengamos el poder de comunicarnos a la velocidad de la luz para poder pararlos a tiempo y acotarlos para que respeten  el marco jurídico que aplica a todo contratista, más aún si trabajan para el gobierno. Aprendamos al dedillo nuestro Coremun, para actuar responsablemente, para poder preguntar, exigir y pedir con conocimiento de causa, no solo con el hígado hecho paté porque nos arruinaron un espacio por un largo rato, por los siguientes cincuenta años, mientras otros árboles nuevos luchan por sobrevivir a las invasiones bárbaras de los colocadores del concreto hidráulico, o a los promotores privados y públicos de las ciudades de cemento decoradas con árboles metálicos . Ahora entiendo a fondo la palabra “descorazonador”. Corazones y árboles derribados y el espíritu de comunidad agredido. Lástima de árboles, lastima de vida, carajo.