Vida y Milagros

Carta abierta al "Piojo Herrera"

Querido “Piojo”: Nunca te he visto pero te pongo “querido” porque siempre lo será alguien que trae alegría y color a nuestras vidas. También es querido quien nos trae esperanza y tú lo has hecho así. Hace muy poco tiempo recibiste una tarea que parecía imposible: calificar a México para poder ir al Mundial.

Pusieron en tus manos una bomba de tiempo y una meta a lograr contra reloj. Era muy difícil, y no porque no hubiera material humano con quién lograr la calificación, sino porque como en muchos aspectos de la vida de México, la causa estaba desalmada, perdida antes de empezar, aparentemente irredenta, sin rumbo y sin fe.

Con una buena actitud empezaste a reconstruir el grupo desde abajo. Te fijaste un objetivo y te dirigiste a él sin escuchar a las aves de mal agüero que todo critican, que descalifican antes de ver, que cortan las alas cuando ni siquiera se ha intentado el primer vuelo. Lograste calificar a nuestra selección con un esfuerzo conjunto de tu equipo técnico y los jugadores que fuiste probando a lo largo de un trayecto muy corto. Todavía el último partido amistoso lo perdiste y todo el equipo y, en especial tú, fueron vapuleados por eso.

Pocos daban algo por nuestra selección pero tú tenías rumbo, sabías a dónde ibas. Por eso, aunque no llegamos al quinto partido, el desempeño de la selección en Brasil fue distinto a lo que habíamos visto antes quienes ya hemos vivido muchos mundiales. Vimos un equipo con alma, “animado” en el sentido más amplio de la palabra. Vimos una semilla y un ejemplo de lo que podemos hacer a futuro con la enorme materia prima que tenemos en México en todos sentidos. Vimos a un director técnico que creyó, como dice Joaquín Sabina, que ser valiente no debe ser tan caro y que ser cobardes no vale la pena.

En muchos aspectos de nuestra vida como país hemos perdido el valor, además de la fe. Nos cuesta trabajo creer que un mejor país es posible. Los agoreros de las malas noticias siempre pesan más que lo que sí se va haciendo bien. También nos hemos vuelto cobardes, es decir, poco comprometidos con entregarlo todo a cambio de sacar adelante nuestros sueños. Por eso me gustó tanto lo que hiciste y diste: un ejemplo de cómo vivir la vida más intensamente, expresando sin miedo lo que sentimos ya sea dicha, enojo, coraje, tristeza o absoluta exaltación, que también para eso se necesita valor.

Te debemos los mexicanos un reconocimiento que no debe verse opacado porque no pasamos a la siguiente ronda. 

Gracias por el ejemplo de una buena actitud ante los problemas que a diario tenemos que enfrentar, pero también por el ejemplo de disfrutar nuestras bendiciones a plenitud cuando éstas llegan. Las alegrías y las tristezas nos van tocando indistintamente, el cómo las vivimos y enfrentamos hace la diferencia. 

Los resultados de este mundial quedarán ahí, en las estadísticas frías, pero estoy segura de que hoy algo nuevo está en el aire de nuestro futbol y es el modo en el que te plantaste con tus chavos en la cancha.

Yo sé, y creo que muchos lo sintieron también, que además de lo ya dicho, hubo ilusión y magia, y la magia también es necesaria para cruzar por la vida de una manera más ligera y amable. Los que dicen que lo que importa son los resultados, se equivocan. Muchos han perdido batallas que a la larga se recuerdan más que las victorias. Los griegos perdieron la batalla de las Termópilas contra el ejército de Darío. No sobrevivió nadie. ¿Por qué esa batalla perdida es tan famosa? Porque marcó una forma de enfrentar la vida con valor.

¡Por si fuera poco, nos hiciste reír con tus expresiones a flor de piel! Oye, cómo no te vamos a querer dar las gracias y mandarte un abrazo y las gracias a ti, a tu cuerpo técnico, a los chavos y a la capacidad de todos para hacer equipo en poquísimo tiempo. Tu lección es algo que México necesita no sólo ver, sino practicar y asimilar hasta la médula.

Ojalá que te den la merecida oportunidad de estar al frente de la selección cuatro años completos. Nada que valga la pena se construye en un día. Ojalá que los directivos, siempre tan cortos de vista, aprendan a trabajar a largo plazo y no dejen perder este aliento nuevo que has traído no sólo a nuestra selección sino al país.

Gracias de nuevo, querido señor Herrera, que eso es lo que es usted, un señor.