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Los caminos que se bifurcan

Caminar es una acto que nos puede invitar a la reflexión e incluso llevar a un estado de meditación. Basta con tener un rumbo, ir callado y con ritmo, para que lleguemos despejados y con más claridad a nuestro destino.

El caminar con los Pueblos Originarios, tiene un significado más amplio: se vuelve un acto de acompañamiento donde una es tan sólo una observadora. Al principio todo parece sencillo, práctico y cotidiano. Sin embargo, si te dispones a aprender, y empiezas a seguir su paso y su ritmo, observando y asumiendo sus dinámicas tradicionales, de pronto y casi sin darte cuenta, todo cobra sentido. La espera. El silencio. La mirada. La palabra.

El momento preciso. Caminar a paso “Compa”, nos da otra perspectiva de los procesos de la vida, nos abre un panorama pocas veces explorado por la óptica citadina.  Si nos caminamos con los Pueblos Originarios, alcanzamos a ver aunque sea ápice de su cosmovisión ancestral: un caminar que lleva un ritmo pausado y contemplativo pero acertadamente estratégico y trascendente. Profundo. Una acción que nos reconecta con la Tierra. Algo que nuestra lógica occidental aún se resiste a reconocer.

Esta vez caminé nuevamente al lado de los Pueblos Originarios. La Mega Peregrinación del Movimiento en Defensa de la Vida y la Tierra, recorrió doce municipios desde la Selva Norte hasta los Altos de Chiapas, donde la diversidad de climas, flora, fauna, lengua, modos y vestidos, no sólo nos fue recibiendo y acogiendo; también nos fuimos reconociendo como hijos de la Madre Tierra, con necesidades y sueños en común, preocupados por los mega proyectos que buscan desplazarlos de sus tierras y territorio, que tienen como Misión ancestral defender y cuidar.

Este peregrinar me hizo recordar que el caminar en la ciudad es un acto puntual y táctico que pocas veces lo hacemos como un acto que nos lleve a algo incierto, a improvisar u organizarnos con la espontaneidad.

Las calles trazadas, el  conteo de los semáforos, estar alerta ante el vaivén de los carros, nos ha hecho perder la mística del encuentro con el otro y se ha desvanecido la posibilidad de dedicarle tiempo a explorar un lugar nuevo.

Pero también recordé que en Torreón con Moreleando, he podido CAMINAR LA CIUDAD al lado de personas que promueven esta acción para recuperar el sentido de pertenencia e identidad de nuestra propia ciudad. 



@moreleandotrc