El valor de la familia

Mucho se ha resaltado la importancia de la familia como núcleo social formador de las personas, como el seno donde desde los primeros años de vida se deben inculcar principios basados en valores que permitan a los individuos expandir sus posibilidades humanas en sus diferentes dimensiones (biológica, psicológica, social y espiritual).

La familia debe ser un espacio donde exista amor, confianza, respeto y apoyo pero desafortunadamente no siempre es así. Es triste pero no se puede ocultar el fenómeno de la violencia intrafamiliar en nuestro país y en el mundo, que daña la dignidad de millones de seres humanos siendo algunos de los más afectados los niños, quienes quedan a veces marcados para toda su vida. Lauro Estrada Inda afirma que “La familia puede ser en sí, un elemento de salud o de origen y causa del problema” (Estrada, 1997, P. 11).

De las cosas que uno no elige es en qué familia nacer, puede ser en una nutricia (funcional o sana) o en una conflictiva (disfuncional o enferma), pero también es cierto que podemos hacer muchas cosas para que una buena familia sea aún mejor o para que una conflictiva comience a cambiar para su bienestar.

Para poder llevar a cabo de manera eficaz y eficientemente sus funciones (cuidado de sus integrantes y formación de sus miembros para relacionarse exitosamente con el exterior), las familias necesitan estar bien cimentadas en valores. ¿Qué valores necesitan poner en práctica las familias?, la respuesta es: en cierta forma todos, pero por señalar algunos de los más importantes diremos amor, respeto, tolerancia, confianza, solidaridad, amabilidad, servicio, responsabilidad, honestidad, comunicación, justicia, prudencia, fortaleza y templanza.

Es necesario que los valores mencionados anteriormente, y otros, sean puestos en práctica por cada uno de los integrantes en las diferentes etapas del ciclo vital de la familia, que juntos vivan de la mejor manera posible, enfrenten las adversidades y sean personas virtuosas, que tanto hacen falta en nuestro mundo actual.

Los padres como pilares del núcleo familiar deben convertirse en guías habilitadores que a través del ejemplo inculquen en los hijos el amor a los demás y a sí mismos, mostrarles que el amor sí existe y que debe vivirse a diario como condición necesaria para alcanzar la felicidad. Erich Fromm en su libro “El Arte de Amar” nos explica los cuatro componentes del verdadero amor: conocimiento, cuidado, respeto y responsabilidad. Por lo tanto una familia donde hay amor es aquella donde se conocen verdaderamente, se respetan, se cuidan todos y responden adecuadamente ante las necesidades propias y de los demás.

Otro factor importantísimo en la familia es la autoestima, definida por Virginia Satir como “la capacidad de valorar el yo y tratarnos con amor, dignidad y realidad” (Satir, 1988, P. 35), cuyo principal centro de desarrollo o impedimento es la familia misma, de aquí la importancia de que en el seno familiar se reconozca plenamente la dignidad de las personas, que juntos aprendan que son muy valiosos por el simple hecho de ser seres humanos y que tienen posibilidades de desarrollo ilimitadas, que en sus manos está el bien y el mal, la búsqueda de la felicidad o la infelicidad.

El verdadero valor de la familia radica en que debe ser un tesoro para cada uno de los que la integran y para la sociedad, pero para ello es necesario devolverle su valor, buscar que al interior de ellas exista un ambiente de confianza, convivencia sana y comunicación. Más allá de la mera satisfacción de necesidades básicas de sus miembros, debe ser un lugar donde encontremos abrigo en los buenos y malos momentos, amor, comprensión y apoyo Debemos rescatar y cuidar este tesoro, pues en su seno se puede gestar la decadencia de la humanidad o su redención; por ello es necesario que demos inicio a un círculo virtuoso donde buenas personas formen buenas familias para que éstas a su vez formen otras buenas personas.

Es necesario que nuestros niños y jóvenes descubran ese valor de la familia, ese tesoro que a veces no brilla bajo capas de antivalores, preocupación, carencias, malos hábitos y sentimientos, pero que con voluntad, dedicación, compromiso y responsabilidad, podemos y debemos devolverle su brillo. Seguramente muchos pensarán que es muy difícil, bueno pues no he dicho que sea fácil, pero si pensamos que las cosas no pueden cambiar y nos quedamos de brazos cruzados sin hacer nada las cosas seguirán igual, o peor.

Si tu familia es sana que bueno, ¡Felicidades¡ pero ¿puede ser mejor aún?, ¿Se puede hacer algo para mejorar?, yo creo que sí, pero también hay que dejar en claro que vivir mejor no es necesariamente tener más dinero o bienes materiales. Si por otra parte tu familia es conflictiva ¿Podrá mejorar? ¿Puedes hacer algo por ella?, claro que también es posible, pero lo primero es reconocerlo.

Programa educativo de Administración y Evaluación de Proyectos

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