El maíz como factor económico

El mundo actual atraviesa por una crisis económica generalizada que impulsa a los países, tanto a los países desarrollados como a los países emergentes, a hacer reformas económicas para contrarrestar dicha crisis, por lo que, los hacedores de políticas deben de actuar rápidamente para no caer en graves consecuencias económicas-sociales que afecten directamente a su país. El Fondo Monetario Internacional (FMI), en enero pasado, pronosticó un crecimiento de la economía mundial de 3.7 por ciento, proyectando un crecimiento en economías emergentes de 5.1 por ciento; por su papel protagónico, China sufre una desaceleración ligeramente de 7.7 por ciento del año 2013 a 7.5 por ciento para 2014, señala el organismo. Ante este panorama económico mundial, las consecuencias no se pueden hacer esperar; la crisis alimentaria se agudiza en algunas partes del mundo provocando graves consecuencias en la producción de granos que más se producen alrededor del mundo, maíz, trigo, arroz, cebada y avena que son  primordiales para la subsistencia de la humanidad.

Tal es el caso del grano de maíz (Zea mays) gramínea que por sus propiedades es consumida en gran parte del mundo. La producción del grano se caracteriza por sus dos variedades, la producción de maíz blanco y la producción de maíz amarillo. FAO estima que la producción mundial de maíz blanco es de unos 65-70 millones de toneladas, cantidad relativamente pequeña en comparación con la producción anual de cerca de 500 millones de toneladas de maíz amarillo. El maíz blanco, se cultiva para el consumo humano a diferencia del maíz amarillo que por sus propiedades es utilizado para el consumo humano, animal y de uso industrial, empleándose para la elaboración de féculas y almidones. Los principales cuatro países productores de este grano de acuerdo con FAO son Estados Unidos, China, Brasil y México, con una participación de 37%, 21%, 7% y 3% respectivamente, haciendo así una producción de más del 65% en el mundo entero. En lo que respecta al consumo, estos países son los principales consumidores pues sufren un déficit en sus mercados.

Con respecto a México, su producción de maíz es tanto blanco como amarillo. El uso de maíz blanco es destinando para el abastecimiento de la población a través de alimentos tradicionales, como: pan, elotes, atole, entre otras; y como tortilla procedente de la harina de maíz a base de nixtamalización y deshidratación; y masa de nixtamal a base de nixtamalización y molienda. Por otro lado el maíz amarillo tiene aplicaciones para consumo humano, animal y de uso industrial; elaboración de botanas, frituras y similares; cereales para el desayuno y producción de alimentos para animales.

Debido a los fenómenos naturales como sequias, huracanes, tormentas, heladas, granizadas, inundaciones, la producción de maíz se ha visto afectada en el territorio nacional. De la superficie sembrada de maíz se cosecharon 7 millones de hectáreas en 2010, aunado a ello hubo 712 mil hectáreas siniestradas, por fenómenos naturales y no naturales, lo que representa el 9% de las hectáreas sembradas. Zacatecas tuvo uno de los más altos porcentajes en hectáreas siniestrada con respecto a superficie sembrada y cosechada de 36.46% y 49.05% respectivamente.

Aunado a estos problemas, y para acentuar el campo mexicano, el precio del maíz no ha tenido repunte, pues según el Sistema Nacional de Información e Integración de Mercado, SNIIM, de la Secretaría de Economía se estima la tonelada de maíz blanco en las centrales de abasto del país en un promedio de 3,872 pesos. En comparación a los costos en que incurren los productores del grano, éste es relativamente bajo.

Los programas de apoyo al sector agrícola en México necesitan de una visión amplia para beneficiar a los productores del sector agrícola, evitar en gran medida el problema que aqueja el país, la corrupción, sería un gran paso para consolidar los apoyos y beneficios al sector redundando en beneficio de los productores y consumidores finales. Es por ello, que los dirigentes gubernamentales deben de  hacer urgentemente políticas enfocadas a superar las molestias que adolece el sector, y no quedarse únicamente en otro tipo de reformas, pues la alimentación de cada uno de los  mexicanos o de la población entera debe de estar dentro de la agenda presidencial.

Elaboró: Dr. Horacio González Pérez

Profesor-Investigador de Tiempo Completo

horacio.gonzalez@upt.edu.mx