Hagamos Empresa

¡A ver cuándo!

La riqueza de un país se mide por la abundancia de sus recursos naturales y humanos.

Cada sexenio, la misma historia. Proyectos, programas, promesas… pasan seis años y todo sigue igual.

Si quieren progreso para México, tienen que comenzar por el sector primario, por el bien de nuestra Patria, la paz social y la dignidad del individuo, para que el campesino ocupe el lugar importante que le corresponde.

Esto ha traído como consecuencia que en el medio rural se concentre la pobreza, la desnutrición y la ignorancia y que este sector sea el más improductivo del país.

Estos son los principales obstáculos con los que se enfrentan los empresarios a la hora de decidir en invertir en una agroindustria:

1. Falta de seguridad en la tenencia de la tierra. Los derechos de propiedad sobre la tierra deben ser protegidos de manera adecuada por la ley y defendidos auténticamente por un sistema de tribunales que sea imparcial, eficiente y gratuito; de no ser así, la incertidumbre y la inseguridad jurídica permanecerán en el campo mexicano.

Actualmente, es un escándalo la corrupción que impera y lo fácil que es que le roben la tierra a su legítimo dueño, con la complicidad de las autoridades agrarias.

2. Créditos reales para el campo con tasas preferenciales como los que se aplican en el sector agrícola de los Estados Unidos y Canadá, teniendo en cuenta que estamos dentro del Tratado de Libre Comercio con estos dos países, nos dejan fuera de competencia las actuales tasas con las que se trabaja en el campo.

Créditos fluidos y sin tanta burocracia, dejarían trabajar mejor a las agroindustrias.

3. Subsidios iguales a los que se manejan en los dos países mencionados. Sólo de esta manera estaremos en condiciones para una competencia leal y equitativa.

Estos obstáculos son los que han hecho que por años, estemos rezagados en cuestiones agrarias y comerciales en este país.

4. Infraestructura. Es de vital importancia conectar el campo con las ciudades, con carreteras transitables, vías de comunicación modernas, como la luz, teléfono, Internet, etcétera. Tenemos aún poblados viviendo como en el siglo XVIII, sin servicios de ninguna especie.

Tenemos todo para ser competitivos en los mercados nacionales e internacionales, tenemos la tierra, el clima, las ideas, el ingenio, la mano de obra de todos esos campesinos que están esperando que nosotros, los empresarios, le apostemos al campo mexicano, que nos decidamos a ensuciarnos los zapatos en los surcos y volteemos hacia el progreso de México, hacia donde nace el alimento, de las entrañas de la tierra, de donde nace la autonomía y la dignidad de los países.

Ayudemos al campesino y a nuestro campo mexicano a recuperar su dignidad, cada uno en lo que nos corresponde; empresarios, legisladores, políticos, profesionistas.

Invertir en una agroindustria vale la pena, aparte de que son rentables, nos enseña a cambiar la visión de la vida, se recuperan valores olvidados, se trabaja en un ambiente natural y, sobre todo, nos coloca con los pies sobre la tierra.

A ver cuándo, a ver si en este sexenio…

tiatrini@milenio.com