Hagamos Empresa

Los paganos de un pato sumamente grande

Subir los impuestos nunca ha sido una buena solución para incrementar la productividad y la bonanza de ninguna economía; lo único que logra es desanimar más a la gente emprendedora, encarecer aún más la canasta básica y alejar más a la gente del progreso.

Desanima que el gobierno, en lugar de promover más a la empresa, que es el engranaje del desarrollo y de la economía de cualquier país, la golpee constantemente, desalentando a aquella clase emprendedora que se anima a arriesgar su trabajo y su capital, para fundar una empresa, una fuente de trabajo para la comunidad.

Claro que tenemos que pagar impuestos, eso es indudable. Pero ¿cómo hacerlo con gusto en un país en el que nunca vemos a dónde van a parar? Bueno, sí los vemos, en los automóviles de lujo de los senadores, diputados y toda la élite política que se sirven con el cucharón más grande.

Los vemos también en los viajes al extranjero para promocionarnos turísticamente y para promover nuestras empresas. Y a los empresarios, ni el taxi del aeropuerto nos pagan…

¿Cómo vamos a pagar con gusto nuestros impuestos, cuando leemos que los políticos pagan cirugías plásticas, viajes al extranjero, ropa y accesorios de marca y toda la tecnología de punta para “servir” a quienes los eligieron?

Con qué gusto los pagaríamos si al transitar en nuestros vehículos, encontráramos carreteras bien hechas, limpias, seguras, porque ni pagándolas son seguras. En otros países, dan envidia las carreteras y son gratis. Nos divertiría mucho cuando hacemos nuestros pagos de impuestos, si los viéramos reflejados en escuelas públicas, universidades, bibliotecas, parques públicos, hospitales, trenes, transporte decente, vialidad inteligente y tantas cosas de las que adolece nuestra sociedad.

Con qué gusto pagaríamos si viéramos que el pago es parejo, y no cuando vemos que sólo somos unos cuántos los que pagamos para que otros, pongan su negocio informal en cualquier calle o esquina de la ciudad e impasiblemente ponerse a ganar dinero, con cero impuestos, y que encima, la autoridad los consienta y los tolere.

Y peor aún, cuando nos enteramos de las fiestas formidables con las que se lucen nuestros políticos cuando se casan, o que festejan XV, aniversarios, etc.

¡Cuánto derroche! Qué manera de gastar el dinero ajeno, como no les cuesta…

Qué difícil es trabajar y pagar impuestos en un país, donde se perdona a los grandes monopolios, a las grandes empresas, a las aristocracias obreras, al comercio informal, a los políticos y es la clase media trabajadora y las pequeñas empresas las que terminan pagando todo por todos.

¿Si para estos monopolios es bueno no pagar impuestos, porqué no es bueno para las demás empresas? O todos coludos o todos rabones.

Somos muy pocos para pagar un pato sumamente grande...

www.latiatrini.com.mx Twitter @tiatrini