Hagamos Empresa

Sin consecuencias

Qué difícil es vivir en un país donde no se pagan consecuencias por ninguna falta.

Causa impotencia y frustración comportarse como un ciudadano correcto, deseando hacer las cosas bien.

No hay consecuencias a nada, por eso los mexicanos burlamos las leyes una y otra vez, día a día.

Al sur de la ciudad de Guadalajara estamos padeciendo un tráfico insoportable, un desorden vial que desespera a cualquiera. Es difícil desplazarnos a cualquier lugar, cualquier punto, nos llevamos por lo menos dos horas para llegar.

La nueva obra vial que se está llevando a cabo en el municipio de Tlajomulco vino a desquiciar aún más el caos vial que, de por sí, ya existe en este municipio.

Esperemos que realmente sea cinco meses lo que se lleve esta obra, ya que anunciaron que padeceremos esta locura vial hasta el mes de mayo, según cálculos hechos por especialistas en obras públicas.

Pero lo que más  frustra y desespera es la falta de educación vial que tenemos todos los mexicanos, generalizo porque así es. Cuando estamos detrás de un volante, nos convertimos en cavernícolas energúmenos.

Es frustrante, por ejemplo, estar haciendo fila correctamente, esperando el semáforo para dar vuelta en la avenida Antiguo Camino Real, hacia Nueva Galicia, cuando de pronto llegan los muy listos y se brincan toda la fila, de más de 25 automóviles y, ¡peor aún...!, se pasan el semáforo en rojo.

Pero ¿quién los amonesta?  ¡Nadie! ¿Quién les aplica una multa? ¡Nadie! ¿Quién les hace pagar consecuencias? ¡Nadie!

Sin tan sólo nos portáramos como ciudadanos educados y respetuosos, todo sería más fácil en nuestro país.

Así como nadie amonesta a quienes van hablando por celular mientras conducen, a quienes  llevan a sus hijos en el auto sin sillas especiales, a quienes se pasan los semáforos en rojo, a quienes se estacionan en sitios para minusválidos, a quien tira la basura en la calle, a quienes fuman en sitios cerrados, a quienes manejan ebrios, simplemente… ¡No hay consecuencias en nada!

Cumplir con las leyes en México es una verdadera ¡burla!, por eso es tan difícil gobernar a este país.

Somos como niños malcriados y caprichosos, que hacemos exactamente lo que nos da nuestra regalada gana, porque “papá gobierno” nunca nos amonesta, ni nos hace pagar consecuencias por nuestros actos y nos deja a nuestro libre albedrío a que hagamos de nuestro país, ¡¡un desastre!!

Necesitamos políticos de mano fuerte, de mano dura, que sepan imponer y cumplir las leyes. No políticos blandos, que buscan la aprobación del pueblo y que le tiene miedo al delincuente.

Si nosotros como mexicanos, todos y cada uno de nosotros, no cambiamos en nuestra actitud infantil, mal educada y prepotente, no vamos a progresar nunca.

Si colaboramos simplemente en hacer del tráfico algo menos desagradable, utilizando nuestra buena educación, dando oportunidad a que el otro pase, al uno y uno, y aplicando la cortesía y las buenas costumbres, habremos comenzado a civilizarnos y tener, ¡por fin!, el México que todos queremos.

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