Trascendió Monterrey

:Que ayer por la tarde rindió protesta ante el Congreso del Estado como procurador general de Justicia de Nuevo León el abogado Roberto Flores Treviño.

Como se esperaba para el polémico litigante, la votación para ratificarlo en el cargo, previa a su toma de posesión, no fue por unanimidad: 35 votos a favor, dos en contra y tres abstenciones, lo que suman 40 diputados.

Debido a que la votación fue secreta, sería difícil saber quiénes no apoyaron su designación, pero sí quedó muy claro que dos priistas se ausentaron al momento de la decisión: Eugenio Montiel y Héctor García.


:Que el alcalde electo de Guadalupe, Francisco Cienfuegos, fue invitado por la Conferencia Nacional de Municipios de México (Conamm) para participar en un foro sobre sustentabilidad que se lleva a cabo en Málaga, España.

En ese espacio, Cienfuegos compartió uno de los proyectos urbanos que tiene planeado implementar en la ciudad que pronto gobernará: la construcción y rehabilitación de espacios para hacerla sustentable.

Vaya que el alcalde electo tiene frente a sí una tarea titánica, ya que Guadalupe es uno de los municipios metropolitanos con más pobreza y más problemas de infraestructura.


:Que manda decir Carlos Garza Ibarra, quien ayer rindió protesta como tesorero estatal, que el martes por la tarde llegó al Congreso en un automóvil Lincoln en color gris, el cual manejaba su chofer.

Sin embargo, el empleado se retiró en el vehículo luego de dejarlo en el Congreso y más tarde regresó por él, de manera que la camioneta Land Rover blanca estacionada en un espacio para discapacitados, no era suya.

No hay muchas Land Rover y menos en el Congreso. No tarda en aparecer el orgulloso dueño.


:Que Lucrecia Borgia, una de las mujeres más perversas y corruptas de la historia, tenía entre sus lemas personales la difamación de los enemigos para destruirlos.

La dama afirmaba que para practicar esta forma de ataque sólo se requiere la creatividad y si se dejaba callado al enemigo ante el primer golpe, el difamador lograba un triunfo inmediato y contundente porque el que calla, otorga.

Por el contrario, si el aludido contestaba el ataque, se abría la oportunidad de seguirlo golpeando repetidamente, hasta vencerlo de tanto exhibirlo. Difama, que algo queda.