Vesperal

Las tanteadas del POTMet

Teniendo como marco el teatro Degollado, la mañana del 27 de junio del año en curso, ante una variopinta audiencia compuesta por la fauna más abigarradas del mosaico social, se presentó el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial Metropolitano, POTMet por sus siglas.

Ocupaban el presídium, encabezados por el Presidente Municipal de Guadalajara, Enrique Alfaro Ramírez, el Gobernador de Jalisco, Jorge Aristóteles Sandoval Díaz y los alcaldes de los municipios conurbanos de Zapopan, San Pedro Tlaquepaque,Zapotlanejo, Juanacatlán, Tonalá,Ixtlahuacán de los Membrillos y El Salto, así como por un representante del de Tlajomulco.

El proyecto, se anunció, será el eje regulador del caos urbano imperante para los próximos 25 años, de modo que cuando la ciudad cumpla 500 de haberse fundado, en el 2042, ya estarán sazones los frutos del mismo.

Durante su intervención, el Alcalde tapatío reconoció sin ambages cómo durante medio siglo de corruptelas, inoperancia legal y avaricia, la suciedad y la podredumbre hicieron de las suyas, haciendo que la mancha (nunca mejor usado el término) urbana de la zona metropolitana de Guadalajara se extendiera sin ton ni son en zonas ecológicas, cuencas y parajes, propiciando una estúpida expansión constructiva cuyos irreversibles daños superan con creces las ventajas que presuntamente ofrecerían, todo ello debido a una sola causa: la venalidad vergonzosa de los responsables de los municipios aledaños a Guadalajara, que con criterios del más puro estilo caciquil y sólo atentos su beneficio personal negociaron su honor con los empresarios que los compraron.

Como no le corresponde a Alfaro emprender sanciones contra los responsables de tales tropelías, vivos casi todos, limitándose a lo suyo, apelando al principio según el cual nunca es demasiado tarde para frenar la anarquía, presenta el POTMet en un contexto acogido esa mañana tanto con beneplácito y expectación como con escepticismo y desconfianza.

Y bien, estando por los suelos el crédito de la clase política; pasando por su peor momento la confianza ciudadana hacia sus líderes, rectores y gobernantes; arideciéndose cada día más la cohesión social, recibir una iniciativa a modo de luz en las tinieblases alentador, porque ve a futuro, descansa sobre el consenso, apela a una necesidad imperiosa yda pie a numerosas posibilidades e iniciativas.

Empero, para que no sea letra muerta, aceptó Alfaro, como lo fue el ordenamiento de 1982 impulsado por el gobierno del recién fallecido Flavio Romero de Velasco, que dicho sea de paso permutó la obra del tren ligero por la desgarbada y feucha Plaza Tapatía que no le inmortaliza, el empeño tendrá que llevarse a cabo más allá de las gestiones, tiempos y actores políticos trienales y sexenales, que las más de las veces inician su mandato destruyendo procesos sólo por el protagónico afán de comenzarlo todo desde sí mismos.

Aunque de momento el POTMet sea sólo una tanteada, no parece una más, sino la oportunidad que ahora o nunca podrá imponerle orden al caos en una ciudad a la que la corrupción más repelente, el comercio y los automotores, le ha causado esa metástasis urbana que hoy reclama una cirugía mayor y tajante.