Vesperal

La ley Calles

Hace 90 año, el 21 de junio de 1926, se adicionó al Código Penal Federal un capítulo “en materia de culto público y disciplina externa”, la Ley Calles, aprobada sin más por un Congreso de la Unión a las órdenes del Presidente Plutarco Elías Calles, el cual más que su autor fue un eslabón más del dilema ingeniosamente sorteado por el fundador del Cristianismo: “¿Es lícito pagar el tributo al César?”. Decir no bastaba para acusarlo ante los romanos ocupantes de Palestina y afirmar lo contrario sería tomado como colaboracionismo con los usurpadores. El interpelado pidió que le mostraran una moneda y redarguyó a quienes le interpelaban: ¿Aquién representa la efigiede la moneda? Al César. Pues den al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.

En México la Ley Calles fuela última vuelta de tuerca de la lógica impuesta por una serie de decretos nunca discutidos ni aprobados por las Cámaras, las Leyes de Reforma, elevadas al rango constitucional en 1874 por decisión presidencial de Sebastián Lerdo de Tejada e incrustadas de nuevo en los artículos 3º, 5º, 24, 27 y 130 de la Constitución de 1917, sin ser otra vez discutidos ni aprobados por el el Congreso Constituyente. Lo que hizo Calles fue penalizarlas, convirtiendo su transgresión en delito federal castigado con multas que iban de 275 mil pesos de nuestro tiempo y cárcel de 15 días a seis años para los infractores. Esa legislación estuvo vigente hasta 1992.

En México, con las Leyes de Reforma se pasó del Estado confesional, herencia novohispana, al sometimiento de la Iglesia al Estado hasta el último de los años mencionados.

Ahora bien, Elías Calles con sus adiciones al Código Penal Federal y los obispos con la suspensión del culto en los templos indujeron a la mayor carnicería que jamás produjo en México, la Guerra Cristera, la cual enlodó el honor de muchos altos mandos del Ejército Nacional y de los cuerpos de seguridad pública, orillados a perseguir y matar a ciudadanos indefensos.En un país con 16 millones de habitantes el historiador Luis González y González calcula que murieron unas 250 mil personas directa o indirectamente a consecuencia de este conflicto.

Añadamos como de paso la pérdida irreparable del patrimonio histórico, artístico y culturalrelacionado con la Iglesia. En el Tabasco de Tomás Garrido Canabal, por ejemplo, fueron demolidos todos los templos en la entidad menos tres. La pérdida de su acervo y ajuar fue absoluta, incluyendo los objetos devocionales de los ciudadanos que fueron destruidos bajo la divisa “sin Dios, sin curas y sin alcohol”.

En Guadalajara las cosas no fueron mejor. La mitad de los templos fueron dedicados a otros fines. Y de eso queda un botón en el barrio de San Juan de Dios, la Capilla de la Medalla Milagrosa, usada como Casa del Obrero Mundial, cita en la calle de Obregón, entre las de Cabañas y José Antonio Torres, convertida en lo que cualquiera puede ver asomándose al sitio que tiene en Facebook el grupo “Salvemos lo que queda de Guadalajara”. Polvos de aquellos años… ¿Se podrá rescatar algún día?