Vesperal

El “derecho” a la comunicación ante el “derecho” a la lectura

A principios de julio del año en curso, en Puebla,tuvo lugar la primera de nueve audiencias públicas convocadas por la Comisión de Cultura y Cinematografía de la Cámara de Diputadoscon el deseo de recoger propuestas para elaborar la nueva Ley de Cultura en México, encaminada, dicen, a garantizar los “derechos culturales” de todos los mexicanos.

Como el de la lectura es uno de ellos, hablemos de sus aristas, no sin antes recordar que Jalisco ni siquiera cuenta con una Ley a favor de la cadena del libro, la lectura y las bibliotecas como sí la tienen Colima, Aguascalientes, Nayarit, Guanajuato y Zacatecas; que en la zona oriente de Guadalajara, la más populosa, no existe una sola librería en un territorio donde proliferan cantinas, antros y prostíbulos.

Agrava lo anterior un esquema educativo llevado al colapso por un magisterio incapaz de trasmitir a sus alumnos el gusto por la lectura, según se echa de ver en estos datos: casi la mitad de los mexicanos nunca ha puesto un pie en una librería o en una biblioteca; 25 millones de ellos o son analfabetos o viven muy lejos de tales instalaciones, o su pobreza es tal que no pueden comprar un libro; que en este país hay una biblioteca pública por cada 13 mil habitantes, y una tercera parte de ellas estánen la ciudad de México; que el promedio de lecturaentre nosotros es de dos a tres libros al año por personay casi la mitad de esos lectoresson circunstanciales pues no tienen el hábito y sí problemas para entender, retener y transmitir lo leído más allá de frases breves y directas.

Ante tal panorama debe uno preguntarse si la lectura es un fin o sólo un medio. Si es un fin, hay que centuplicar y abaratar las ediciones, pero sies sólo un medio, antes de imprimir máslibros que nadie leerá o entenderá debemosplantearnos el para qué de la lectura y dela orientación que una ley acerca del tema ha de contener.

Si bien es cierto que entre no leer nada y leer un poco no hay término medio,también lo es que las culturas que echaron las bases de nuestra civilización eran ágrafas y precisamente por eso poseían un conocimiento de la naturaleza y una sabiduría práctica que nosotros hemos perdido. Por otra parte, la palabra viva o en acto es la única que existe, y según se piensa se habla, y como se habla se actúa.

Parece, pues, que saber leer y escribir no produce lectores, ni la lectura por sí misma es otra cosa que una herramienta para la comunicación, la cual sí es un fin tanto engendre responsabilidad y coherencia en undiálogo tan elemental como el que se debe exigir el lector a tiempo de abrevar en el contenido de un texto.

Y bien, si la palabra y la lengua no nacen de la letra de molde sino de la memoria; si hablar antecede a leer y pensar con juicio es condición esencial del raciocinio,antes o a la par del “derecho” a la lectura, el libro y las bibliotecas, nuestros legisladores han garantizarel “derecho” a la comunicación, sin el cual no se puede pensar con propiedad, captar la esencia de las ideas, retenerlas y transmitirlas eficazmente. La tarea es titánica pero insoslayable.