Vesperal

Callar y Obedecer

Un día como hoy hace 250 años se consumó el mayor atentado a la cultura y a la fe de los novohispanos en los tres siglos de la dominación española: la ejecución del decreto del rey Carlos III de extrañar, es decir, desterrar en condiciones durísimas, a los casi seis mil religiosos de la Compañía de Jesús que laboraban en sus reinos atendiendo centros educativos y centros misionales desde dos siglos antes.

Fechada el 27 de febrero de 1767, la Real Pragmática que dispuso tal cosa se ejecutó el 25 de junio siguiente y en el Nuevo Mundo sólo el obispo de Guadalajara, don Diego Rodríguez de Rivas, cuestionó públicamente esa orden en una Carta Pastoral que se publicó en Madrid al año siguiente, en términos tales que si bien concluye elogiando al rey, en el cuerpo del texto no hace otra cosa que lamentar lo sucedido.

No era para menos. Los jesuitas en el inmenso obispado de Guadalajara, de un millón y medio de kilómetros cuadrados en ese tiempo (ahora tiene 23 mil), tenían a su cargo responsabilidades grandísimas: 12 atendían el Colegio de Santo Tomás, en la capital, donde atendían de forma gratuita la educación de 300 alumnos de nivel medio y superior; 15 hacían lo mismo en el recién fundado Colegio de San Luis Gonzaga de Zacatecas; siete tenían a su cargo las misiones del Nayar, sin contar un buen grupo más al servicio de las misiones de la Baja California.

La noche de ese 25 de junio, el Capitán General de la Nueva Galicia, Francisco Galindo y Quiñones, ordenó que los religiosos residentes en Guadalajara fueran concentrados en el aposento del rector, Juan Mota y allí los retuvo durante 19 horas, inmóviles y sin la posibilidad de comunicarse entre sí. Pernoctaron en otro aposento, siempre juntos y aislados, hasta la madrugada, hora en la que con lo puesto encima, dejaron para siempre el colegió que atendían desde 1586, saliendo por la puerta de la capilla de Loreto de lo que es hoy Biblioteca Iberoamericana Octavio Paz.

Uno de esos expulsos era el presbítero Francisco Javier Clavijero, de 36 años de edad, quien publicará en Cesena, en 1780, el primer estudio indigenista de todos los tiempos, la Storia antica del Messico, traducida al inglés en 1787 y al alemán en 1789, documento que abrió el interés de los estudiosos por las civilizaciones prehispánicas.

Al tiempo del extrañamiento, el virrey de la Nueva España, Carlos Francisco de Croix, divulgól la disposición real en un bando que termina con estas elocuentes palabras: “…de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran monarca que ocupa el trono de España, que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir, ni opinar en los altos asuntos del gobierno”.

De este modo, un acto brutal e injusto comenzó en Hispanoamérica la lenta e irreversible desvinculación de los españoles americanos de su madre patria, tal y como debió experimentarlo un chamaco de 14 años, testigo de este episodio en el Colegio de San Nicolás Obispo, en la Valladolid michoacana, del que era estudiante. Su nombre: Miguel Hidalgo y Costilla.