Vesperal

Semana Mayor

Con todo el peso de su investidura, Enrique Alfaro Ramírez, Presidente Municipal de Guadalajara, dio a conocer, el lunes 14 de marzo próximo pasado, que convocará a una Mesa de Trabajo dedicada a estudiar los procesos sociales que generó durante los 20 años de su gestión episcopal en la diócesis de este nombre el obispo dominico fray Antonio Alcalde. El anuncio lo presentó en una sesión solemne del Cabildo tapatío dedicada a recordar el aniversario 315 del nacimiento del prócer. Antes que él hicieron uso de la palabratanto representantes de diversas fracciones políticas como los tres beneficiados con el Premio al Mérito Humanitario Fray Antonio Alcalde, a saber, las asociaciones Dignidad y Justicia en el Camino, Córdica 21 y Campeones de la Vida Nariz Roja.

Todos los que hicieron el uso de la palabra rindieron tributo a un varón que arribó a esta capital ya septuagenario pero con arrestos más que juveniles, toda vez que en los siguientes cuatro lustros pudo facilitar el desarrollo urbano armónico de la ciudad, creando al norte de la misma, en 16 manzanas, nada menos que 158 alcaicerías para unos dos mil habitantes; fundando el hospital más grande de América en ese momento, no menos que escuelas para niñas y niños, comedores públicos y como corona de todo, la Universidad de Guadalajara, así, a secas, no la "Real y Literaria", como se refieren a ella los ayunos en historia. Empero, y en eso coincidieron igualmente los oradores, el genio de Alcalde, que vivió y murió en un edificio que estaba donde hoy se alza la Presidencia Municipal, según lo recordó también Alfaro Ramírez, consistió en detonar procesos gracias a los cuáles supo concitar la voluntad todos los gestores sociales de una Guadalajara colapsada como hoy por el desempleo, la falta de vivienda digna, sistemas escolarizados de calidad y asistencia humanitaria.

Lo que admira de lo hecho por Alcalde fue que todo lo emprendido por él tuvo una base económica personal, pues el obispo destinó íntegro los copiosos recursos que entonces le correspondían por su oficio, a estos menesteres, pudiendo, con el ahorro de 125 mil pesos anuales, no sólo alentar un sinnúmero de obras sino también involucrara diversas instancias públicas y privadas, principalmente al Ayuntamiento de la ciudad de entonces, que no vaciló en facilitarle terrenos del municipio para dichas obras.

Una buena noticia es el anuncio de esta Mesa de Trabajo. Esperemos que en ella tomen parte un urbanista, un académico universitario, un historiador, un sociólogo y un experto en salud pública, aptos para ofrecernos un dictamen acerca de las posibilidades que hoy tenemos para resucitar el espíritu de Alcalde.

Tal anuncio, hecho casi al filo de la Semana Mayor, en una Guadalajara que en los últimos años ha ido perdiendo la fisonomía que le dio Alcalde: la de casa común, acogedora, con calidad de vida para sus ciudadanos, es alentador.