Meza de Redacción

El origen conservador del “día de las madres”

El 10 de mayo de 1922, el editorial del periódico “Excelsior” destacaba: “Hoy, que en el extremo meridional del sureste se ha venido emprendiendo una campaña suicida y criminal contra la maternidad, cuando en Yucatán elementos oficiales no han vacilado en lanzarse a una propaganda grotesca, denigrando la más alta función de la mujer, que no sólo consiste en dar a luz, sino en educar a los hijos que forma su carne, es preciso que la sociedad entera manifiesta, de una forma banal si se quiere, pero profundamente significativa que no hemos llegado a esa aberración que predican los racionalistas exaltados, sino que lejos de ello, sabemos honrar a la mujer que nos dio la vida. Por ello, este 10 de mayo, oponemos el Día de las Madres”.

La “campaña suicida y criminal contra la maternidad” era básicamente el derecho al sufragio femenino, que las mexicanas participantes en el histórico “Congreso de Yucatán” estaban exigiendo al gobierno mexicano desde 1916.

Toda fecha creada comercialmente posee un doble trasfondo, por un lado, la conservación del poder hegemónico, y por otro el interés comercial. Sobre éste último en los festejos del día de las madres, se ha reflexionado ampliamente. Los regalos, fiestas, comidas en restaurantes, cualquier cosa que se ajuste e incluso sobrepase el presupuesto, forman parte de la derrama económica esperada durante mayo. Sin contar que el 10 de mayo es desde hace varias décadas el día en que mayores remesas ingresan al país, provenientes de trabajadoras y trabajadores migrantes.

Pero en sus orígenes el día de la madre no respondía exactamente a un interés comercial, si bien éste ha sido un beneficio adicional para quienes lo publicitan.

El 13 de abril de 1922, por iniciativa del periodista Rafael Alducin, director del diario Excelsior, se inició la promoción para instituir en nuestro país el 10 de mayo como día de la madre, a partir de la propuesta estadounidense de Ana María Jarvis, quien desde 1908 impulsó la instauración de un día mundial para celebrar a las madres.

No obstante, la implantación de este festejo no se debió únicamente al respaldo de la propuesta de Jarvis. La principal causa fue contrarrestar el creciente movimiento feminista, que se gestaba en el sureste mexicano desde 1916. Estas acciones sociales contaban con el respaldo del gobernador de Yucatán, Felipe Carrillo Puerto, quien junto con cientos de mexicanas, pugnaba por legislar sobre la regulación de la natalidad, el divorcio y el voto femenino.

Desde el centro del país, el miedo ante las ideas progresistas en torno a la igualdad de género movilizó a las autoridades. Así pues, y con el aval del gobierno federal, el diario Excélsior contraataca al feminismo con su propuesta conservadora para celebrar la abnegación de las mujeres ante los otros, mediante el pretexto de la maternidad.

Actualmente, la antropóloga mexicana Marcela Lagarde considera que una de las principales cargas culturales designadas para las mujeres, es el cautiverio de la madresposa, en el cual nos vemos obligadas a ser cuerpo para otros en todos los aspectos. Esta reconocida teórica no descalifica a la maternidad, sino a los estereotipos que en torno a ésta nos han impuesto a las mujeres.

La idea no es cancelar la celebración del día de las madres, ya que el 10 de mayo dejó de ser producto de la cultura de masas para integrarse a la cultura popular, debido a que el culto a la madre-tierra ha sido fundamental en la cosmovisión mexicana desde hace cientos de años.

La intención es que no se celebre a las madres con toda la carga culpígena que nos lleva a darles nuestro amor y nuestra solidaridad, sólo un día al año. Se trata de que, aunado al festejo, el 10 de mayo pueda ser una fecha que nos haga reflexionar sobre aspectos como la problemática de las madres violentadas e incluso muertas, ya sea en la lucha política, por violencia familiar o por parir en malas condiciones.

En el afán de cumplir con el estereotipo de que una mujer no es plena si no es madre (“Para nacer, he parido”, señala Lagarde), aunado a la ausencia del conocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, cada minuto en el mundo muere una mujer durante su embarazo, parto o puerperio (40 días después del parto). A este fenómeno se le conoce como muerte materna y reflejan la injusticia en la que viven las mujeres al dar la vida.

La agencia Comunicación e Información de la Mujer AC, señala que mil muertes maternas suceden cada día en el mundo. Según datos de la Secretaría de Salud, en México mueren en promedio 1,258 mujeres por estas causas acentuándose en las regiones con más pobreza, desigualdad marginación e injusticia, muchas veces fundamentadas en el género. Además, en 17 estados de este país, las mujeres son obligadas a elegir entre la maternidad o la cárcel.

Pese a que el origen del 10 de mayo fue pensado para frenar el avance de las mujeres, resulta muy difícil pretender erradicar la celebración, pero sí puede incluírsele un sentido diferente, el cual nos lleve a pensar no sólo en todo lo que nuestras madres nos han dado, sino en lo que han sido obligadas a ser y que ellas no deseaban, como sacrificar su realización personal y profesional, en nombre de los valores familiares y de esa necesidad cultural (y no biológica) llamada “instinto materno”.

Como ha señalado Marcela Lagarde: “Este 10 de mayo exigimos que el regalo para las madres sea una maternidad colmada de derechos humanos, una maternidad radiante de ciudadanía”.

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