Meza de Redacción

El nuevo Ombudsperson

Hace cuatro años, cuando Raúl Arroyo González fue designado por el gobernador para ocupar el cargo de presidente de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo (CDHEH), en este mismo espacio escribí sobre su falta de trayectoria en materia de Derechos Humanos.

Mal inicio tuvo el hoy presidente saliente con las organizaciones de la sociedad civil, cuando en uno de nuestros primeros encuentros señaló que defendería los DDHH hasta donde la ley lo permitiera. En ese entonces, le dijimos que en el estado existían muchas leyes que eran violatorias de los derechos fundamentales, y que por tal motivo él debía ser el principal activista, porque aunque la impositiva ley de ese entonces le había otorgado el puesto por dedazo, la Comisión es un Organismo Público Autónomo, que no debiera emitir recomendaciones a contentillo del gobernador en turno.

Sí, tuvimos mal inicio, pero buen final. No me adornaré diciendo que fue por influencia la sociedad civil, porque además ni siquiera sé cuál fue el motivo por el cual Raúl Arroyo cambió paulatinamente su actitud frente al cargo que ostentó hasta ayer. Lo que sí quedó claro es que se comprometió con los derechos humanos no sólo como un tema legal, sino como una cuestión humana. Sí le faltó por hacer, sí cometió errores y sí hay temas que pudo haber abordado con mayor profundidad, pero en mi opinión personal, luego de estos cuatro años, el saldo de Arroyo frente a la CDHEH es favorable.

Su posición frente a temas poco populares entre la clase política, como la interrupción legal del embarazo, la desaparición del arraigo y la denuncia del abuso policial, mostraron a un defensor del pueblo que logró priorizar el tema humano, antes del tema del derecho per se.

Otra de las aportaciones de la administración de Arroyo, fue precisamente la Ley de Derechos Humanos del Estado de Hidalgo, que luego de ser aprobada por el Congreso, otorgó a las organizaciones de la sociedad civil la facultad de participar en la elección del Ombudsperson, mediante sugerencias a las y los diputados, quienes tomarán la decisión final.

Así pues, el actual proceso era el primero en que legalmente el poder ejecutivo no tendría injerencia en la elección, y en que también por primera vez se escucharía la voz de la sociedad civil. Sin embargo, la cargada oficial se ha dejado sentir para enturbiar dicha elección, de la cual seguramente resultará electo José Alfredo Sepúlveda Fayad, un hombre que, a juzgar por su comparecencia del viernes pasado en el Congreso, posee una visión muy limitada de los Derechos Humanos, además de que tiene cero contacto con el activismo ciudadano.

Cuestionado por integrantes del congreso local durante su comparecencia, Sepúlveda indicó que él tenía muchos años dedicado a la defensa de los Derechos Humanos porque su padre fue rotario y él también, porque tiene una notaría y porque ha colaborado con el DIF (¡Que alguien le explique!)

Desde el punto de vista del activismo feminista, lo más grave vino cuando el diputado Luciano Cornejo del PRD le preguntó respecto del feminicidio, y el repentino aspirante se negó a pronunciar la palabra. En todo momento se refirió a “asesinatos de mujeres” y confundió la definición de feminicidio con la de misoginia, a pesar de que sacó una tarjetita para leer la respuesta. Es tal su improvisación en el tema, que ni siquiera alcanzó a enterarse que el gobernador Francisco Olvera Ruiz y la presidenta del patronato del DIF, Guadalupe Romero Delgado, fueron quienes principalmente impulsaron tanto la tipificación del feminicidio, como las reformas a los códigos penal y de procedimientos penales, para lograr la transversalidad de la perspectiva de género en tales códigos.

Otro momento sumamente preocupante fue cuando el diputado Guillermo Galland del PAN le cuestionó sobre el aborto. Luego de dar muchas vueltas retóricas, el notario que hace unos días descubrió su interés por los DDHH, dijo “yo tengo mi opinión, pero es algo que le corresponde al Congreso”. (O sea, ¿habrá alcanzado a diferenciar que no se lo preguntaban en una charla entre amigos, sino en una comparecencia a un cargo en el que debe sujetarse a los tratados internacionales en la materia?)

La diputada Mabel Gutiérrez del PRI, le hizo una pregunta con la que él pudo haberse lucido mucho, pero ni así le atinó: “¿Qué acciones propone en materia de discapacidad?”. –“Bueno, hay de discapacidades a discapacidades. Por ejemplo, está la discapacidad emocional”. (¿Qué habrán sentido las y los activistas que tienen décadas intentando que la discapacidad, tanto física como intelectual, no se atienda únicamente desde el enfoque asistencialista, cuando el que probablemente sea impuesto como nuevo Ombudsperson, centró su visión en la “discapacidad emocional”?)

A quienes nos dedicamos a la defensa ciudadana de los derechos Humanos, nos gustaría pensar que esta mala broma será detenida por el Congreso del Estado, pero no somos personas ingenuas. A pesar de que seguramente habrá algunos valientes votos en contra de Sepúlveda, la línea está tirada.

Este desconocedor de los Derechos Humanos será a partir de hoy el defensor del pueblo de Hidalgo, y poco podremos hacer para evitarlo. La única posibilidad de que este improvisado haga un trabajo decente, es que se apoye en el gran capital humano con que cuenta actualmente la CDHEH, porque las personas que ahí laboran sí poseen alto conocimiento en la materia.

Ojalá me equivoque. Ojalá las y los diputados locales comprendan la trascendencia histórica de este, que prometía ser el primer proceso ciudadano y transparente para elegir al Ombudsperson hidalguense. Ojalá…

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