Meza de Redacción

Las nuevas paternidades

Cuando en 2013 se conmemoró por primera vez el día internacional para las madres y los padres, las redes sociales se volcaron en críticas y bromas hacia la Organización de las Naciones Unidas. Los argumentos iban desde la existencia en muchos países de un día para las mamás y otro para los papás, hasta el señalamiento de que la ONU se le había secado el cerebro con las fechas para conmemoración.

Pero no se trata de una fecha de celebración comercial. Un año antes, en 2012, se proclamó el 1 de junio como Día Mundial de las Madres y los Padres, para que en todo el mundo se apreciara a estas personas por su dedicación desinteresada a niñas y niños, así como su sacrificio de toda la vida hacia la consolidación de esta relación.

La Asamblea General también señaló que la familia tiene la responsabilidad primordial de la crianza y protección de niñas y niños, quienes para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, debe crecer en un entorno familiar y en un ambiente de felicidad, amor y comprensión.

Para quienes actualmente ejercen maternidad y paternidad con tales características, tal vez les resultará ocioso que se implemente la fecha, pero la determinación obedeció a que son más las mujeres y los hombres que en el mundo dejan de ejercer esta acción con responsabilidad.

La infancia está mencionada concretamente en muchos de los instrumentos de derechos humanos. Las normas se modifican o se adaptan específicamente cuando las necesidades y preocupaciones en torno a un derecho se aplican concretamente a la niñez. Todos los niños y niñas tienen los mismos derechos, así que la Convención hace hincapié en estos principios y se refiere la responsabilidad de las y los menores de respetar los derechos de los demás, especialmente los de sus progenitores.

Uno de los puntos medulares de esta declaración se enfoca a promover la participación masculina en la crianza, tradicionalmente delegada a las mujeres.

En muchas sociedades, en el mejor de los casos el padre ha sido quien imparte las enseñanzas morales, impone disciplina y provee en el hogar. En diversos países se da ahora una importancia mayor al papel del padre como coprogenitor, como alguien que participa plenamente en los aspectos emocionales y prácticos de la crianza de hijas e hijos.

Sin embargo, todavía se plantean desafíos para los padres y, por ende, para la sociedad y la política social. Son demasiados los hombres que tienen dificultades para asumir las responsabilidades de la paternidad, lo cual suele tener consecuencias perjudiciales para la familia e, inevitablemente, para la sociedad en general.

La declaratoria de la ONU sobre este Día Internacional señala que cuando algunos padres cometen actos de violencia doméstica o incluso de abuso sexual, los resultados son devastadores para las familias y deja en hijas e hijos hondas cicatrices físicas y emocionales. Otros sencillamente abandonan a sus familias y no les proporcionan sustento. Los investigadores siguen estudiando de qué forma la presencia o ausencia de los padres afecta a sus hijas e hijos en esferas tales como el rendimiento escolar y la delincuencia.

Todos estos desafíos ponen de relieve la necesidad profunda y universal de que haya figuras paternas positivas en las familias. A medida que aumenta nuestra comprensión del significado de la paternidad, se plantea la oportunidad de que los hombres vuelvan a visualizar imaginativamente lo que significa ser padre y busquen formas de hacer una aportación positiva en la comunidad.

En contraparte, las madres tienen un rol decisivo en las familias, y son una fuente potente de cohesión social e integración. La relación madre-hijas/os es fundamental para el desarrollo sano de las y los menores. Las madres, además, no son únicamente fuente de cuidados: también contribuyen al sustento de sus familias y frecuentemente son las únicas que aportan al gasto familiar. Sin embargo, la maternidad sigue causando para las mujeres problemas serios e incluso peligro para su vida.

El nacimiento de un bebé, que debiera ser causa de regocijo, es un riesgo grave para la salud de muchas mujeres en los países en desarrollo. Los actos de violencia contra las mujeres, la carencia del acceso de las mujeres a la educación, la salud y la justicia, las dobles o triples jornadas laborales, los trabajos de menor remuneración, la feminización de la pobreza y otros múltiples factores, se suman a la asignación patriarcal de que son únicamente las madres la responsables de la crianza.

Por ello, el establecimiento de un Día Internacional de las Madres y los Padres, no es menor, ni frívolo. Es un reconocimiento de una situación injusta, en donde la visibilización de este problema contribuirá a desnaturalizar la creencia tanto de que la maternidad conlleva exclusividad en la crianza, como de que la paternidad es una acción limitada, en el mejor de los casos, al sustento económico.

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