Meza de Redacción

Las mejores candidatas

La paridad en la designación de candidaturas a las que los partidos políticos están ya obligados, es una imposición y no una convicción partidista. Por ello, hoy que el 50% de las candidaturas deberán ser asignadas a mujeres, presenciamos cómo dichas instituciones ceden estos puestos tanto a las militantes que llevan años luchando por espacios para las mujeres en sus partidos, como a otras participantes, sacadas de la manga sin mayor mérito que su incondicionalidad a los hombres en el poder.

Hasta ahora, por desgracia no se mira que las candidaturas serán para las militantes luchadoras de muchos años por los derechos de todas.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI) posee tres liderazgos femeninos abiertamente comprometidos con los derechos de las mujeres: Geraldina García Gordillo, Érika Rodríguez Hernández y Carmen Dorantes Martínez. Además de ellas, existen decenas de mujeres priistas de base, con plena convicción de género y amplio liderazgo en sus regiones, disgregadas en los municipios y listas para integrar las planillas en la elección del 2016. Pero de las figuras que hoy suenan para las candidaturas, sólo ellas tres han demostrado congruencia con el hacer y el decir.

Hoy, contrario a lo que ocurría hace algunos años, las mujeres en el poder están obligadas a manejar el discurso de género (aun sin tener convicción al respecto), porque hablar de Derechos Humanos de las Mujeres es ahora lo políticamente correcto, aunque al final todo quede en un discurso de moda y en una manipulación electorera.

Si bien hay priistas con convicción de género en las bases y en algunos cargos de dirección del gobierno estatal, de los nombres de mujeres militantes del PRI que suenan desde hace un par de meses para ocupar las candidaturas a la próxima elección federal, Geraldina, Érika y Carmen son las únicas tres que tienen conocimiento, convicción y trabajo probado por las mujeres. Las demás pueden tener discurso, pero a la hora de trabajar por la igualdad de género, se repliegan y obedecen órdenes, aun cuando esas órdenes conlleven instrucciones misóginas.

De las cuatro precandidaturas seguras del PRI, la única sorpresa grata es Fernando Moctezuma, un hombre que fue de menos a más en el tema de la igualdad de género, y en quien hay grandes expectativas respecto del tema. Esperemos que su compromiso con las mujeres no haya sido flor de un día.

Junto con el PRI, el Partido Acción Nacional (PAN) es el instituto político en donde más se han desarrollado los liderazgos femeninos, a veces en contra de lo que desearían las propias dirigencias estatales de ambos partidos. De entre los nombres de mujeres panistas que suenan mediáticamente para ocupar los cargos ganados por la paridad, destacan tres que también tienen probado trabajo y compromiso con los derechos humanos de las mujeres: Xóchitl Gálvez Ruiz, Gloria Romero León y Roxana Montealegre Salvador, sería muy grato que al final una de ellas tres resulte electa como candidata blanquiazul a diputada federal, del mismo modo que sería una pena que debido a las recientes pugnas internas del PAN, quedaran fuera panistas de gran compromiso con la lucha de las hidalguenses por la igualdad, como Alejandra Villalpando Rentería e Irma Chávez Ríos.

Los conflictos al interior del Partido Nueva Alianza (PANAL) lamentablemente dejarán de lado en las candidaturas a militantes con férreo compromiso con el adelanto de las mujeres, tales como Vianey Lozano Rodríguez y Lizeth Pérez Badillo, quienes incluso llegaron confrontar a sus superiores partidistas cuando alguna indicación era contraria a los derechos de las mujeres.

Desafortunadamente, en el Partido de la Revolución Democrática (PRD) el escenario para las militantes feministas no se mira mejor que en el PANAL. Liderazgos de mujeres activistas como Otilia Sánchez Castillo y Sandra Mendoza han sido no sólo opacados, sino incluso atacados directamente, como ocurrió hace varios años con Tatiana Ángeles, férrea militante y activista que finalmente renunció a dicho partido.

En el resto de los partidos políticos ni siquiera se percibe que pueda haber espacio alguno para las militantes comprometidas con los derechos de las mujeres (aunque ojalá me equivoque) La buena noticia hasta el momento la dio el Partido del Trabajo (PT) postulando como única precandidata al Distrito VII de Tepeapulco a Marisol Villaurrutia Perales, una destacada activista por los derechos humanos en general, y por los derechos de las mujeres en particular.

Habría sido ingenuo por parte de las feministas pensar que la sola implementación de la paridad obligatoria nos daría un congreso lleno de mujeres que cuentan con real convicción de género. Es evidente que la misoginia de todos los partidos no les permite comprender el objetivo concreto de la paridad, que no es llenar el Congreso de mujeres nomás por llenarlo, sino postular a personas, mujeres y hombres, que entiendan que equilibrar la balanza en favor de quienes viven desigualdad, es la clave auténtica en la construcción democrática que México tanto necesita.

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