Meza de Redacción

El fin de la mutilación genital femenina

Parece distante no sólo en el tiempo, sino en el espacio. Parece que hablamos de una tortura inquisitoria de las peores épocas del oscurantismo, pero no es así. La mutilación genital con trozos de madera, con metales viejos o con piedras es una aberrante realidad para miles de niñas en el mundo moderno.

Dice la ONU que la mutilación genital femenina (MGF) comprende todos los procedimientos para alterar o dañar los órganos genitales femeninos por razones que nada tienen que ver con decisiones médicas, y es reconocida internacionalmente como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Refleja una desigualdad entre los géneros muy arraigada, y es una forma extrema de discriminación contra mujeres y niñas. La práctica viola sus derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometidas a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba produciendo la muerte.

Cuando las niñas africanas son sometidas a esta práctica bestial, en su comunidad le llaman "el día del gudniin" y, según la tradición, prepara a las niñas para la adultez. Los datos de Unicef reflejan que 150 millones de mujeres han padecido su mismo sufrimiento, no obstante, de cada tres niñas mutiladas sólo dos sobreviven.

Debido a la evidente violación a la integridad de las mujeres y a la violación de los derechos humanos de quienes padecen esta mutilación genital, o ablación, el 6 de febrero se decretó como el Día Internacional contra la Mutilación Genital Femenina. Diversas organizaciones se esfuerzan por concienciar acerca de la necesidad de luchar contra esta terrible práctica, a la que han sido sometidas entre 120 y 140 millones de mujeres en al menos 28 países del mundo, según la Organización Mundial de la Salud. Además, 3 millones de niñas siguen estando en riesgo cada año.

Este 2016, el Día Internacional contra la MGF tiene como mensaje central "Realizando los nuevos objetivos mundiales a través de la eliminación de la mutilación genital femenina en 2030" y busca posicionar la idea en gobiernos y sociedad de que para erradicar la mutilación genital femenina se requieren esfuerzos sistemáticos y coordinados que involucren a las comunidades enteras, que se enfoquen en los derechos humanos y en la igualdad de género. Estos esfuerzos deben centrarse en el diálogo social y el empoderamiento de las comunidades para actuar colectivamente y poner fin a la práctica. También deben atenderse las necesidades de salud sexual y reproductiva de las mujeres y niñas que sufren sus consecuencias.

La mutilación genital femenina sigue siendo una costumbre arraigada en África, pero también en algunos países de Asia y Medio Oriente y en ciertas comunidades de inmigrantes de Estados Unidos, Canadá, Australia y en la población indígena Embera Chamí, de Colombia. Pero el riesgo no es sólo para niñas que viven en esas naciones, sino para aquellas que sin residir ahí, van de vacaciones a sus países de origen.

Esta mutilación abarca todos los procedimientos que entrañan la eliminación, total o parcial, de los genitales femeninos externos u otras lesiones de los órganos genitales femeninos por cuestiones culturales o religiosas, o por otros motivos no terapéuticos.

En un análisis realizado al respecto, la Agencia española AMENCO consideró que la práctica persiste por la percepción social, ya que todavía se piensa que si las niñas renuncian a la ablación, tanto ellas como sus familias se arriesgan a padecer vergüenza, exclusión social y que verán reducidas las perspectivas de matrimonio.

El dolor al practicar relaciones sexuales, los problemas en el parto (9 de cada 10 bebés que nacen muertos en Mali son de mujeres mutiladas genitalmente) que en ocasiones llevan a la muerte de la madre, las infecciones de orina y los traumas psicológicos, son algunas de las consecuencias de esta sanguinaria práctica.

Entre sus complicaciones inmediatas se encuentran el dolor intenso, choque, hemorragia, tétanos, sepsis, retención de orina, llagas abiertas en la región genital y lesiones de los tejidos genitales vecinos. Las consecuencias a largo plazo consisten en infecciones vesicales y urinarias recurrentes, quistes, esterilidad en ciertos casos, riesgo de complicaciones de parto y muerte del recién nacido.

Esta mutilación es practicada casi siempre en menores y constituye una violación de los derechos de las niñas, porque viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles o inhumanos. El "día del gudniin" es una aberrante práctica feminicida, ya que aun cuando no mata directamente a todas las mujeres obligadas a esta carnicería, sí les genera un entorno de vida que cancela sus derechos y, tarde o temprano, será el causante de su muerte.

Este 6 de febrero compartamos en las redes #EndFGM, no elimina el problema, pero ayuda a visibilizarlo.

@taniamezcor  
FB: Tania Mezcor