Meza de Redacción

El estigma del “triángulo rosa”

Negar hechos históricos especialmente en relación con un tema tan importante como el holocausto es simplemente inaceptable. Igualmente inaceptable es que se pida eliminar cualquier Estado o pueblo. Me gustaría que todos los miembros de la comunidad internacional respetaran este principio fundamental, tanto en la teoría como en la práctica” Ban Ki-moon. Secretario General de la ONU.

El 27 de enero es el día Internacional en Memoria de las Víctimas del Holocausto Nazi. La ONU lo designó en 2005 para recordar la liberación del mayor campo de exterminio nazista, en la ciudad polaca de Auschwitz-Birkenau.

Por ello, en todo el planeta se efectúan actos de visibilidad contra la intolerancia y exterminio humanos, centrados principalmente en la masacre del pueblo judío, pero es poco frecuente que se recalque el avasallamiento de otras minorías de aquellos años, como la población gitana o de ideología comunista, ya que en el imperio germano conquistado por Adolfo Hitler se masacró a la población civil por motivos de raza, género, religión, opinión política, orientación sexual por parte del gobierno alemán.

En este 2015, las Naciones Unidas han puesto los reflectores sobre dos poblaciones particularmente vulneradas en los campos de concentración nazistas: Las mujeres y el pueblo gitano. Nada sobre personas con ideología comunista y personas no heterosexuales, estas últimas, las más violentadas por el Tercer Reich.

Una investigación realizada por el Colectivo Español “Arcópolis”, señala que en los años veinte del siglo pasado, en Alemania, los derechos de las personas de la población Lésbico Gay Bisexual Transgénero (LGBT) estaban empezando a consolidarse, y gracias a iniciativas como el Instituto por la Investigación Sexual, este sector poblacional se potenciaba en Europa.

Sin embargo, el Tercer Reich consideró a los homosexuales “gente de comportamiento degenerado”, que era una amenaza a la capacidad del Estado y el carácter masculino de la nación, lo que provocó que las personas no heterosexuales fuesen incluidas en el listado de exterminables.

La investigación realizada por “Arcópolis”, apunta que las asociaciones de homosexuales fueron prohibidas, las redadas para capturar a estas personas que se asociaban acababan con violaciones sistemáticas y todo tipo de torturas, los libros sobre libertad sexual ardieron en las calles y se crearon listas de gays que fueron obligados a seguir la norma sexual ortodoxa del “pueblo alemán”, o de lo contrario se les enviaba a los campos de concentración, en donde debían portar un triángulo rosa bordado como distintivo de su orientación sexual.

En entrevista previa antes de morir, Rudolf Brazda, el último sobreviviente preso por homosexualidad en los campos de concentración nazis, quien murió en 2011 a los 98 años de edad, dejó testimonio de su estadía en el campo de exterminio en el libro “Itinerario de un triángulo rosa”: “Quienes más nos atacaban eran los de la S.S., pero también los demás prisioneros nos agredían. Lo más pequeño que nos decían era: ‘Mira, ahí va ese maricón’. Yo siempre traté de ignorarlos, aunque algunas veces las ofensas de los compañeros eran más difíciles de aguantar”.

Las cifras de la masacre de la población homosexual indican que 15 mil gays murieron en los campos, pero se estima que fueron miles más. También resulta difícil precisar la cantidad de lesbianas que se vieron forzadas a llevar una doble vida de ocultación y de vivir en el terror de ser descubiertas, debido a que las mujeres eran consideradas peligrosas simplemente por el hecho de ser mujeres e independientes.

Los integrantes de la diversidad sexual fueron utilizados por supuestos médicos como Carl Vaernet para estudiar genéticamente lo que los dirigentes nazis consideraban una desviación e inmoralidad. Fueron torturados y masacrados con fines supuestamente médicos buscando un gen “homosexual” para poder corregir esta “desviación”.

En los campos de concentración, las personas homosexuales vivían en un profundo aislamiento y padecían condiciones de crueldad por parte de los oficiales nazis e incluso de los propios compañeros de prisión, que les golpeaban a menudo llegando a provocarles la muerte. Aún entre las personas humilladas hay minorías violentadas por los demás y en los campos de exterminio el último eslabón de marginalidad eran las y los homosexuales, a quienes se obligó a portar un triángulo rosa en sus uniformes. Este estigma les hacía fácilmente identificables para ser blanco de violencia de todo tipo.

Los prisioneros por orientación sexual fueron los últimos en ser reconocidos como víctimas del genocidio por las autoridades alemanas, quienes no les incluyeron en las leyes de reparación de la masacre nazi hasta 1994, cuando la Alemania ya unida, eliminó los últimos vestigios de homofobia directa en su código penal.

Años después, la población LGBTTTI reivindicó el significado del triángulo rosa, y ahora, además de un reconocimiento histórico, es un símbolo de visibilidad ante la violencia institucional por orientación sexual..

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